Georgina Juárez Lledias

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Homofobia en México: miedo a todo lo diferente

“Sapphoand Erínna en un jardín en el Mytilene” Solomon Simeon ( 1864)

Vivimos en un sistema binario donde sólo se permiten dos identidades sexuales: hombre y mujer, nada intermedio, nada que pueda cuestionar o ser distinto. Todo lo demás debe ser rechazado, segregado y bajo este mandato social que es esa consigna que debemos cumplir a toda costa, nos dicen que aunque somos únicos e irrepetibles, y la verdad es que no nos quieren tan diferentes. Así es que nos dicen cómo debemos ser, cómo debemos vernos y que debemos sentir atracción por el sexo opuesto, sin variables posibles, de otra forma pagaríamos un alto precio.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos señala que México ocupa el segundo lugar en América Latina en crímenes de homofobia (de 1995 a 2006) con 420 asesinatos; además, en su “Informe Especial sobre Violaciones a los Derechos Humanos y delitos cometidos por homofobia”, que registra 696 expedientes y quejas durante el periodo del 1 de enero de 1998 al 31 de diciembre de 2008. En dicho reporte los principales hechos denunciados son: discriminación por orientación sexual o expresión de género, ejercicio indebido de la función pública, detención arbitraria, malos tratos, incitación a la violencia y ataques a la vida privada. Entre otros hechos violatorios y delitos por homofobia, la CNDH investigó 11 casos de discriminación, 3 negativas o atención inadecuada en educación para la comunidad lésbico-gay-bisexual-transexual-transgénero-travesti-intersexual (LGBTTTI), 2 ocasiones en que no se prestó servicio médico y 6 actos tipificados como “otros delitos”. Por su parte, organismos públicos de derechos humanos tienen 126 registros de discriminación, 24 hechos donde a una persona se le negó atención médica y 64 detenciones arbitrarias; en tanto que la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) señala 73 hechos discriminatorios, 16 actos de incitación a la violencia o provocación de crímenes de odio por homofobia, registros que en 12 ocasiones hubo negativas para dar educación, 6 negligencias al derecho al trabajo y 11 ataques a la vida privada. Asimismo, la PGJ señala 3 casos de discriminación, 162 homicidios, 30 lesiones, 3 agresiones sexuales y 11 incidencias de “otros delitos”.

Por su parte, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos indicó que durante un período de 15 meses (de enero de 2013 a marzo de 2014) hubo más de 594 asesinatos de personas LGBTTTI en hechos vinculados con su orientación sexual. De este número, 283 varones homosexuales fueron privados de la vida y se registraron 282 asesinatos de mujeres transgénero.

Las formas de quitar la vida también varían de un grupo a otro, la CIDH señala que los varones gay son privados de la vida con armas blancas, en espacios privados (como el hogar de la víctima), mientras que las mujeres trans son asesinadas con armas de fuego y sus cuerpos abandonados en espacios públicos (la CNDH refuerza estos datos), ambos patrones pese a ser distintos comparten el estigma, el rechazo hacia lo diferente y se convierten en una especie de castigo público.

Organizaciones sociales como Letra S Sida, Cultura y Vida Cotidiana A.C. Reportan mil 218 asesinatos por prejuicio, en el 80% de los casos las víctimas fueron atacadas previamente, además organismos como el Centro de Apoyo a las Identidades Trans (CAIT) registró más de 164 asesinatos de mujeres trans entre 2007 y 2012. Rocío Suárez, coordinadora de esta asociación, ha documentado los ataques a la población transgénero a lo largo de una década (2007-2017). Este informe señala que los estados con mayor incidencia delictiva son: Veracruz con 39 casos, Guerrero con 37, seguidos por el Estado de México y Chihuahua con 34 en cada entidad. En total, se han registrado 422 muertes de personas trans en el país, y aunque la información es escasa, el CAIT ha logrado ver un patrón, las mujeres con esta identidad de género que han sido víctimas fatales, son jóvenes y oscilan entre los 20 y 29 años, seguidas por las de 30 a 39 años.

El informe del CAIT resalta que la causa de muerte más común es por arma de fuego (tal y como lo establece la Comisión Interamericana de Derechos Humanos) con 108 casos, le siguen los ataques con armas blancas con 60 y las golpizas con 46 decesos, en 41 casos se documentó que existió tortura. Además hubo 118 asesinatos cuyas causas no pudieron ser especificadas y 30 casos tipificados como crímenes de odio.

“Aquiles descubierto por Ulises y Diómedes” Pedro Pablo Rubens,             (1617-1618)

En materia de violencia sexual, los hombres gay son continuamente atacados, el 84.3% de los varones con esta orientación ha sido víctimas de delitos sexuales, además existen 426 casos de violación registrados (las víctimas van de los 15 a los 34 años de edad). La capital del país encabeza esta lista con 317 violaciones, la CNDH reporta que el lugar donde más se registran estos hechos es en la vía pública. Las propias organizaciones de derechos humanos afirman que la cifra real es mucho más alta, pero los varones homosexuales son altamente señalados al presentar una denuncia por violación, ya que son revictimizados y estigmatizados, por lo que deciden no hacerlo.

Por su parte, las mujeres bisexuales también sufren un alto grado de violencia sexual, la CIDH indica que el 61.1%de las mujeres con esta orientación ha sido víctima por lo menos una vez en su vida de una violación sexual, acoso o violencia física por parte de supareja. Las mujeres lesbianas igualmente son fuertemente violentadas, pero la violencia viene de casa, es desde la familia de origen, de acuerdo con el Comunicado de Prensa No. 153A/14, “Una mirada a la violencia contra personas LGBTI: Un registro que documenta actos de violencia entre el 1 de enero de 2013 y el 31 de marzo de 2014”, realizado por la CIDH. Del registro llevado por la CIDH, se desprenden 55 actos de violencia letal y no letal en contra de mujeres lesbianas. Este mismo documento puntualiza que los ataques físicos a mujeres lesbianas como golpizas, son después de que estas hayan hecho demostraciones públicas de afecto. Tanto las mujeres lesbianas como las bisexuales, casi no denuncian los ataques de los que son víctimas, sobre todo los referentes a delitos sexuales, esto por la gran carga social que adquieren, ya que no sólo son revictimizadas por las autoridades al momento de presentar la denuncia, sino que se ha revelado que muchos de estos delitos tienen un fin “correctivo”, son un castigo por su orientación sexual, así pues, estas violaciones son vistas como una “reorientación” para que las víctimas dejen de tener relaciones sexuales con otras mujeres. Al respecto, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha señalado que la violencia contra las personas LGBTTTI constituye una “forma de violencia de género, impulsada por el deseo de castigar a quienes se considera que desafían las normas de género”. En este sentido el Relator especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes apoya estas cifras y sostiene que una gran parte de los casos de tortura a personas de esta comunidad, existe evidencia de que son “actos de violencia de índole sexual, como violaciones o agresiones sexuales, tienen como fin castigarlos por traspasar las barreras del género o por cuestionar ideas predominantes con respecto al papel de cada sexo”. En nuestro país, la organización Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana A.C. En su “Informe de crímenes de odio por homofobia en México 1995-2008” reporta que los índices disponibles, son sólo la tercera parte de los delitos que realmente se cometen en contra de esta población.

Países miembros de la OEA, la CIDH, CNDH y numerosas organizaciones civiles coinciden en el alto grado de crueldad y tortura que se presentan en los ataques contra la población LGBTTTI, la Relatora Especial de la ONU sobre la Violencia contra la Mujer ha señalado que “los asesinatos por razones de género imputables a la orientación sexual y la identidad de género se caracterizan por un grado de violencia física grave, que en algunos casos supera incluso al que se encuentra en otros crímenes de odio” (“Informe de la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y sus consecuencias”, 23 de mayo de 2012).

Las tres Gracias, Antonio Canova (1813-1816)

Este sector poblacional también ve su derecho a la salud fuertemente vulnerado, pues en muchos casos el servicio de salud les es negado lo que ha derivado incluso en la muerte. Así pues, sobre todo en el caso de las mujeres trans el servicio de salud que obtienen es el que pueden pagar. En nuestro país el subgrupo más violentado en este sentido es el de las personas intersexuales, pues si bien, para los hombres y las mujeres homosexuales y transgénero el común denominador en los crímenes de los que son objeto es la impunidad, para la población intersexual es el silencio. Este grupo ni siquiera figura en las estadísticas, la CIDH ha documentado que la mayor violencia que sufren es la médica, pues son los propios “especialistas” quienes operan e intentan “modificar” la identidad de género de estas personas, en nuestro país son los médicos quienes determinan si informan a los padres o no de la condición de su hijo o hija, esto va fuertemente ligado con la pobreza y la falta de educación de los padres, entre mayor pobreza, menos se les informa de la condición de intersexualidad de sus hijos, esto se incrementa en los hospitales públicos (“Pobreza y Condición Intersexual en México: Reflexiones y Preguntas en Torno al Dispositivo Médico”, 2009).

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos establece el término de “intersección” cuando se unen varias condiciones de vulnerabilidad en una persona, pero realmente es una discriminación múltiple, al hablar de una persona de la comunidad LGBTTTI migrante, afrodescendiente y que además ha sido encarcelada por hacer trabajo sexual, estamos frente a alguien que en la realidad se ve imposibilitada para ejercer sus derechos.

Así pues esta población es estigmatizada por su orientación sexual e identidad de género, muchas veces es criminalizada, les es negado el trabajo, el derecho a la salud, a la educación y en muchos casos viven en condiciones de pobreza y sólo el trabajo sexual es su forma de subsistencia. Además, son blanco de abusos sexuales tanto por parte de sus clientes, como de grupos criminales y de las propias autoridades.

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