Daniel Moreno

A dos meses de la firma del Acuerdo

Lo tengo claro: defender el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia, a sólo dos meses de su firma, no es cosa fácil. Portadas, notas informativas, comentarios editoriales de los medios firmantes parecen desmentir cada día su validez.

¿Quién no ha visto una portada con cadáveres mutilados?, ¿cuántos medios no parecen decididos en ser voceros “involuntarios” de la delincuencia?, ¿cuántas veces nos olvidamos de la presunción de inocencia?

Bueno, peor aún, el mismo día de la firma del Acuerdo pudimos ver, en televisión, el uso reiterado del lenguaje de la delincuencia o las entrevistas con presuntos sicarios, juzgados por conductores y tratados como “presuntos culpables”, aún cuando esas mismas televisoras se presentaron como decididas defensoras del documento, avalado por medios, organizaciones ciudadanas, universidades y demás.

Y más: a dos meses de la firma, el gobierno no ha movido un milímetro su política de comunicación social, que olvida principios tan básicos como la presunción de inocencia. Por eso no es fácil defender el Acuerdo. Más aún, cuál de los medios, Animal Político incluido, puede tirar la primera piedra y decirle al resto: estás en falta.

Y eso que no menciono todas las objeciones “colaterales” a la firma misma, es decir, la calidad, honestidad, profesionalismo de algunos de los medios o de los periodistas firmantes, la ausencia de medios con el peso de La Jornada y Reforma, la desafortunada coincidencia -por llamarle de alguna manera- del acto formal de la presentación del Acuerdo con el arranque de Iniciativa México, la ausencia de medios y conductores(as) abiertamente vinculados con el Grupo Carso, en plena disputa con las dos televisoras. No es fácil la defensa y, sin embargo, sigo creyendo que la apuesta vale la pena. Primero que nada por dos razones que van implícitas al Acuerdo mismo:

1) Al firmarlo, los medios dejamos de jugar ese cómodo y casi cómplice papel de “yo sólo observo y consigno”, en un momento en el que -cito el Acuerdo- “el poder intimidatorio y corruptor criminal se ha convertido en una amenaza a las instituciones y prácticas que sustentan nuestra vida democrática”.

Los medios no podemos dejar de militar, de nuevo con el argumento de la “imparcialidad”, a favor de la democracia y el respeto a la ley, aunque fuera sólo por convenencieros, es decir, por asumir que sólo en la democracia se puede hacer periodismo.
Los medios somos parte de un Estado que es retado todos los días por el poder del narcotráfico, que “amenaza ya en algunos lugares del país las libertades fundamentales de la sociedad”, incluida por supuesto la libertad de expresarse, para citar de nuevo al Acuerdo. Y como consecuencia, una obviedad: el narco amenaza al periodismo y a los periodistas.

“Según los organismos internacionales más importantes en la materia, México es uno de los países más riesgosos para ejercer el periodismo y la libertad de prensa por la presión de la delincuencia organizada. El reto que hoy enfrentamos desde los medios es seguir informando a la sociedad en un contexto de alto riesgo. Para lograrlo, necesitamos de una estrategia que permita a los informadores continuar con su trabajo y no dejar que el terror vaya cancelando plazas informativas. Hoy, la libertad de expresión está amenazada”, dice el Acuerdo en su introducción.

2) Y al firmar, los medios -no todos, pero sí un número significativo- también logramos dar un paso que no habíamos podido dar en años: ponernos de acuerdo en algo. Es decir, en más de 20 años, el periodo que profesionalmente me ha tocado vivir, todos los que nos dedicamos a este oficio hemos asistido a reuniones de periodistas, directivos o dueños, convocadas con el ánimo de presentar un frente unido sobre cualquier tema, pero que nunca había podido concretarse. Claro que esta unión ha tenido un costo: al Acuerdo quizá le faltan muchos puntos más, pero cada párrafo, cada precisión, cada crítica seguramente costaría la firma de alguno de quienes decidieron sumarse, incluso de aquellos que en su práctica periodística cotidiana han ejercido el oficio a contrapelo de lo que dice el Acuerdo mismo, pero en éste hay, por supuesto, varios puntos destacables, que -de nuevo- hacen válida la firma.

Si, en México no está de más subrayar, como dice el punto 1, que los medios debemos rechazar la violencia motivada por el crimen organizado, algo en lo que no hemos sido lo suficientemente enfáticos, quizá porque todavía enfrentamos una confusión: condenar esta violencia no es, nunca, sinónimo de “respaldar” al gobierno y su estrategia de combate a esta delincuencia.

Los medios, creo, seguimos empantanados en una dinámica propia de los años 90, según la cual “aliarse” con el gobierno en algo, así sea la mera definición de que el narcotráfico debe enfrentarse, significa arriar las banderas de la crítica y perder la independencia, lo que por supuesto no es cierto.
Sí, tampoco está de más subrayar que los medios debemos tener códigos de ética y de práctica profesional, que incluyan -por ejemplo- definiciones claras sobre el uso del lenguaje y la distancia que debe marcarse con el lenguaje empleado por la delincuencia. Y enfatizo que éste no es un debate semántico sobre neologismos. Importa decir “secuestrado”, no “levantado”, para citar el caso más simple, porque el lenguaje importa, porque no es neutral, porque el uso de estas palabras pone en duda la defensa de la víctima, la iguala con el delincuente, la hace parte del crimen organizado. Sí, porque en México los medios violamos recurrentemente la presunción de inocencia o publicamos el contenido de las llamadas “narcomantas” como si fueran comunicados oficiales, a los que debemos darles crédito. Por eso, y más, no sobra poner por escrito estos principios mínimos.

Que faltan muchas cosas, no hay duda. Falta que la firma de un dueño “baje” a las redacciones, lo que no ha ocurrido. Falta que lleve a los medios a trabajar sus propias definiciones sobre temas como el lenguaje o el uso de imágenes de su trabajo diario. Falta, pues, que se aplique para decirlo de la manera más simple. Pero al menos abre la puerta para que los medios firmantes sean leídos o vistos desde otra perspectiva, para que las redacciones diseñen sus propios códigos, y para que se eche a andar un Consejo Ciudadano dispuesto a emitir recomendaciones, cuyo único peso será moral. Y sí creo que todo esto no es poca cosa, en un momento de verdadera emergencia nacional.

Dejo intencionalmente de lado las críticas sobre la supuesta autocensura que se deriva del Acuerdo, porque estoy convencido que a este señalamiento sólo se le puede enfrentar con la cobertura cotidiana de la información, es decir, con las pruebas diarias de que no existe tal.
Lo mismo ocurre con la presunción de que firmar el Acuerdo te hace un simpatizante acrítico de la estrategia gubernamental. No he visto, ni en Animal Político ni en el resto de los medios, que la crítica amaine.

Y dejo fuera, porque creo que requiere de mucho más caracteres, la crítica al lector, al radioescucha, al televidente. Porque no podemos negar que no existe sanción social para el medio o el periodista dispuesto a explotar las imágenes de violencia por un simple afán de lucro. Por el contrario, hay medios que ven crecer sus audiencias en la medida que usan más estas imágenes.

No existe tal sanción social, para extender el planteamiento, a medios y periodistas que han hecho de la venta de contenidos y de la corrupción, su ejercicio cotidiano del periodismo.
Pero eso sí, no cierro sin mencionar lo que, quizá, me parece más lamentable de todo este proceso. Si los medios han (hemos) sido lentos para reaccionar a su propio Acuerdo, quizá lo más lamentable es que quien debería ser un abierto cómplice, el gobierno, se ha quedado más atrás que ninguno.

Ha sido el gobierno el que insiste en usar el lenguaje de la delincuencia, el que ha hecho a los narcotraficantes una especie de modelo a seguir, el que viola la presunción de inocencia, el que ha sido omiso en la protección de periodistas, el que no dimensiona adecuadamente la información y vuelve a un narcomenudista la captura más importante del año, el que usa la información vinculada con el narcotrçafico y su combate para ganar puntos en las encuestas.

Quizá debamos exigir ahora que el gobierno mismo firme el Acuerdo.

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