Cinque Terre

Luis Castrillón-RST

Escritor

En 2018 van a comercializar tus miedos y tus anhelos

El escenario ya está puesto: las redes sociodigitales y las fobias y filias que todos los que ahí pululamos virtualmente compartimos sin mayor problema. Sabemos de qué pie cojea cada quien, por quién apuesta, a qué le apuesta. No es tan complicado percibirlo.

Y ahí es donde radica el éxito de los autores de sitios de noticias falsas, o de quienes abiertamente han recurrido a explotar el rechazo a las instituciones –más sistemáticamente que el mismo Andrés Manuel López Obrador– entre la población, editorializando los contenidos de medios informativos para generarse buenos ingresos.

Polemon, Guruchuirer, Argumento Politico, Periodismo, Aristegui, El Zócalo Virtual, denuncias.mx o el Blog del Pueblo, Anonymous.mx, El Quinto Poder, entre otros que van de las falacias, a la distorsión de los datos, violando abiertamente el Derecho a la Información establecido en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.

Las advertencias de 2012

En 2012, sin identificarse con certeza su origen, comenzó a circular la imagen de la actriz y esposa del actual presidente, Enrique Peña Nieto, Angélica Rivera, con lo que se suponía era un golpe tremendo en el rostro.

El moretón que cubría su pómulo y mejilla destacaba por encima de su gesto serio y unos lentes oscuros que, como cliché, definían la lógica de estar ante la imagen de una mujer maltratada… muy seguramente por su pareja: Enrique Peña Nieto.

La fotografía comenzó a circular unos días antes de la elección Presidencial en julio de ese año y representaba el remate de una serie de publicaciones que tenían el objetivo de dañar la imagen del entonces candidato priista, como también otras que iban directamente a golpear la imagen de quien fuera candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador.

Imágenes mítines sacados de contexto, supuestos colaboradores recolectando dinero, vándalos o supuestos porros en apoyo a este o aquel candidato, que no lo eran; fotografías de bolsas con despensas con logos de uno u otro partido insertados tanto con el más rústico programa Paint, hasta con un más sofisticado trabajo en Photoshop.

Se atribuía la confusión a la falta de verificación de algunos medios informativos que tomaban directamente lo compartido por lo que se imaginaba como ingenuos usuarios, o bromistas que trataban de llamar la atención y atraer visitas a sus cuentas de redes sociodigitales o sitios web, pero que no representaban daño alguno.

El problema no estaba ahí, sino en los bots; en los partidos políticos inundando cuentas de Facebook o Twitter con simpatizantes irreales, creados a partir de programas de cómputo con el fin de generar una percepción de mayor popularidad y aceptación del político en turno.

Lo que no advertimos es lo que venía.
El Brexit, el referendo en Colombia, las elecciones de EU y últimamente el intento separatista de Cataluña.

El horror o el susto mayor ha sido el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de Norteamérica con el triunfo de un impresentable como Donald Trump. El temor comenzó a surgir y el fenómeno a darse a conocer: fake news, pos-truth (posverdad). Con ello, una amplia discusión sobre la desinformación en la web.

Quienes rascaron un poco más encontraron evidencias de la distorsión que pudieron haber provocado las noticias falsas en el referéndum para definir si Reino Unido seguía siendo un país asociado a la Unión Europea; lo mismo ocurrió con el proceso similar para buscar los acuerdos de Paz entre guerrilla y sociedad en Colombia, y algo similar actualmente con los intentos de separación de Cataluña del resto del territorio español.

¿Y qué sucede mientras tanto en México?: sismos que se atribuyen “a la reforma energética de Peña”, venta de arroz “de plástico”, declaraciones alteradas o completamente falsas atribuidas a funcionarios federales o representantes de partidos políticos, “atentados” contra López Obrador, entre otras pseudonoticias que además se combinan con pésimas interpretaciones de documentos científicos y que contaminan el entorno infocomunicacional.

Los sitios antes mencionados han destacado y adquirido una enorme popularidad entre usuarios de medios sociodigitales, además de otros más consolidados como Sin- Embargo o SDPnoticias, así como el sensacionalismo del sistema de televisión de Rusia, RT; o el casi confesional órgano de difusión del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), llamado atinadamente Regeneración.

Su ingrediente específico: exaltar las pasiones, las filias y fobias de los usuarios de la red, que gustosos o con molestia comparten decenas de miles o incluso cientos de miles de veces las falacias, sesgos, distorsiones, exageraciones publicadas por medios como los señalados.

¿Cómo no llamará la atención entre millones de mexicanos hartos de los problemas del país, de la violencia y el estancamiento, a un par de semanas de un catastrófico sismo, afirmar que los siguientes terremotos pueden ser provocados por la reforma al sector energético propuesta por el presidente Enrique Peña Nieto.

¿De qué manera puede no sospecharse que un arzobispo mexicano diga que es pecado insultar a la Presidencia? ¿o qué tal que atentaron contra López Obrador? ¿o que Margarita Zavala es la “tapada” del Partido Revolucionario Institucional?

Con encabezados y contenidos de ese tipo, quienes dirigen estos sitios o producen sus contenidos, juegan todos los días con la mente y las emociones de los usuarios de las redes sociodigitales en el más burdo ejercicio de manipulación informativa, un esfuerzo de pseudoinformación y desinformación que haría palidecer a quienes afirmaban en la década de los ochenta del siglo pasado que Televisa nos lavaba el cerebro todos los días.

El escenario no es para nada halagüeño si pensamos en la susceptibilidad de una sociedad mediáticamente analfabeta. Sí, hemos aprendido en los últimos 20 años a usar Internet con fines diversos, pero carecemos de las herramientas suficientes, como población en general, para desarrollar un criterio y aprender a leer a los medios informativos.

No contamos, como sociedad, con herramientas suficientes de aprendizaje y educación que nos permitan discernir a veces ni siquiera un mínimo indicio de estar frente a, no se diga una falacia, simplemente una editorialización, o una leve distorsión de la realidad narrada sobre un hecho.

Con tal escenario vamos avanzando en un proceso electoral que ya dio inicio y que se asoma plagado de contenidos contaminantes en las redes que si bien no convencerán a todos, sí podrán ser grandes distractores o tal vez hasta generar alguna tendencia.

El 20 de septiembre pasado, cuando apenas habían pasado 24 horas del terremoto en Puebla, Morelos y la Ciudad de México, comenzó a circular por el país un texto en el que se aseguraba que un integrante del grupo de rescate “Topos” –no mencionaba nombre– advertía a la sociedad que ese mismo día a las 17:00 horas, el gobierno había dado la orden al Ejército Mexicano y a la Secretaría de Marina de detener las labores de búsqueda y rescate.

Lo asegurado en el texto fue completamente falso, e incluso adelantado al protocolo de 48 a 72 horas seguido en casos de desastre como el ocurrido apenas un día antes de ese “comunicado” ciudadano. Sin embargo, logró su objetivo: en los siguientes días el rumor de la “entrada de maquinaria pesada” a las zonas de desastre prevaleció e inquietó a familias y amigos de las personas atrapadas en escombros, de la misma forma que enardeció a miles de usuarios que aseguraban que incluso ya estaba ocurriendo.

Es un ejemplo único, considerado a partir de la relación del contenido del texto y su distribución en cuentas de distintos estados del país, no sólo en los afectados por el sismo del 19-S, con la tensión vivida en los días siguientes. Así es como se cultiva el miedo y el rechazo a través de estrategia de propaganda. Lo estamos viendo y veremos mucho más de aquí a julio de 2018.

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