Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

Los zopilotes de la irrealidad y el coronavirus

El presidente Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores creen que todo gira en torno a él. Por supuesto que no es así y menos ante una crisis de carácter mundial.

Nadie se va a regodear en los muertos, porque el daño y el riesgo es para todos. Los zopilotes que vuelan, en todo caso, son los de la irracionalidad que no permite que se tomen decisiones a la velocidad adecuada y que menosprecian los análisis y las prospectivas que realizan los que sí saben.

El coronavirus tiene una fuerza destructiva, por todo lo que implica a nivel social, que hacen absurdos los pleitos y las grillas, aunque grupos desde el poder se empeñen en promoverlas.

Las disputas en este momento no son por el poder político, radican sobre la construcción de políticas públicas que ayuden a transitar las aguas broncas, el peregrinar en el desierto.

Cuando la tormenta pase, muchas de las certezas de hace semanas habrán desaparecido y se tendrán que asumir posiciones ante la reconstrucción del propio país.

La agenda cambiará, porque las prioridades serán otras y es ahí donde se van a delinear los proyectos de país que deberán contender el 2021.

Pero ahora es otra cosa, es la lucha de la ciencia contra la superstición, del profesionalismo frente a la improvisación y de las políticas públicas que salvan vidas o las destruyen.

Es ahí donde afloran las exigencias y los reclamos, porque gobernar es asumir responsabilidades. Se apela a los que tienen la primera responsabilidad de Estado y no para importunarlos o acorralarlos, sino para que hagan lo que la ley les mandata.

Gobernar, en primera instancia, significa pagar el costo, el peaje por ejercer el poder.

En efecto, no debe haber filias o fobias, banderas o colores, ante los apremios de la pandemia, pero lo que tiene que imperar es una labor de gobierno adecuada para que pueda ser respaldada por la sociedad.

La Secretaría de Hacienda acaba de hacer proyecciones que indican que no sólo no vamos a crecer, sino que la caída será de alrededor del 4%. Para algunos analistas los números pecan de optimistas y la realidad será todavía más oscura.

Los precios del petróleo no se van a recuperar pronto y las remesas, que es una de las principales fuentes de ingreso para millones de familias van a bajar, porque nuestros paisanos van a tener que sortear su propia crisis en Estados Unidos.

El presidente López Obrador dice que no coincide con Hacienda y esto muestra una de las debilidades más grandes de la actual administración: su negación de la realidad.

El daño no será pasajero y más bien tendrá un carácter estructural, porque se van a perder millones de empleos y las familias van a sufrir en su patrimonio.

Aunado a ello, apenas inicia la fase alta de contagios por el coronavirus y las expectativas son bastante tristes e inquietantes. Los médicos y las enfermeras trabajan en condiciones precarias y ya se padece el daño que se le hizo a todo el sistema público de salud por los despidos, al bajar becas de los estudiantes que atienden clínicas, por no comprar medicinas y destruir al Seguro Popular. Vamos, el INSABI hoy es solo un fantasma y sus responsabilidades de operación fueron trasladadas a la Secretaria de la Defensa, para que esta se encargue de los hospitales.

Malos tiempos, pero serán aún peores si no se actúa con inteligencia y oportunidad.

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