Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Zelenski

En 2006 el extrañado y llorado actor Robin Williams protagonizó la película Man of the Year (El hombre del año), dirigida por Barry Levinson. La película, muy vapuleada por la crítica, cuenta la historia de un comediante que tiene un exitoso programa de televisión, Tom Dobbs (Williams), que decide contender por la presidencia de Estados Unidos. Si bien Dobbs es muy popular entre los televidentes, las posibilidades que tiene de éxito como candidato independiente son limitadas. Con todo, debido a la introducción de un sistema de votación computarizado que tiene un algoritmo que procesa erróneamente los votos, Dobbs gana las elecciones, aunque al final se descubre que en realidad no fue así y él regresa a su programa de televisión, convencido de que, de todos modos, lo suyo no es la política.

Este recuento viene al caso a propósito de personajes que habiendo hecho una carrera inicialmente en la industria del entretenimiento o en el periodismo, posteriormente devinieron en gobernadores, presidentes o legisladores. La lista es larga: Ronald Reagan, quien fuera gobernador del estado de California en la Unión Americana (1967-1975) para luego alzarse como el 40 presidente de EEUU (1981-1989); Arnold Schwarzenegger, el famoso governator de California (2003-2011), y, ciertamente, Donald Trump, estrella de The Apprentice, programa que catapultó su fama e hizo posible que se convirtiera en inquilino de la Casa Blanca (2017-2020).

En otros países, el mundo del espectáculo también ha dado visibilidad a personajes que irrumpieron en la escena política con enorme éxito, como ocurrió con Eva Duarte de Perón, quien sería la primera dama de la Argentina (1946-1952) y que se transformaría en personaje de culto en su natal país y el mundo; Rubén Blades, cantante, actor y activista, fungió como ministro de Turismo de Panamá (2004-2009) en el gobierno de Martín Torrijos, habiendo buscado también la presidencia de su país sin éxito, y el comediante Jimmy Morales fue presidente de Guatemala (2016-2020). El músico Michel Martelly fue presidente de Haití (2011-2016); Michaelle Jëan, con una exitosa trayectoria como periodista, fue la gobernadora general de Canadá (2005-2010), mientras que los gemelos Lech y Jaroslaw Kaczinky, que en su niñez fueron actores de cine, devinieron en presidente (2005-2010) y primer ministro (2006-2007), respectivamente, de Polonia.

La lista continúa con la actriz porno Ilona Staller, mejor conocida como ”Cicciolina”, se convirtió en la primera estrella de películas para adultos en ser electa diputada por el Partido Radical en Italia. También hay otras famosas que han tenido un recorrido desde la industria del espectáculo a la alta política: la modelo, compositora y cantante Carla Bruni contrajo nupcias en 2008 con el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy; la soprano y cantante de música popular china Peng Liyuan, es la segunda esposa del presidente de la República Popular China, Xi Jinping, y en el caso de México se recuerda que la modelo y actriz de telenovelas Angélica Rivera fue la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, con quien contrajo nupcias en 2010 y de quien se divorció en 2019.

Como se ve, hay un vínculo entre la fama y el poder, puesto que el ser periodista, actor/actriz, modelo o cantante allana el camino de quienes aspiran a cargos políticos. La visibilidad ganada por las celebridades posibilita que las sociedades confíen en ellas. Ello es más visible en un mundo donde se acentúa la crisis de las instituciones y en el que además la credibilidad de las figuras políticas se ve fuertemente erosionada por corruptelas, lavado de activos, evasión fiscal, nepotismo, tráfico de influencia, abusos de poder y el business as usual. El atractivo de elegir como legisladores o gobernantes a personas que no son políticos reposa en que los que han ejercido ese oficio no han cumplido con las expectativas. Por lo tanto, se parte de la premisa de que los no políticos lo harán mejor. De ahí que se perciba que elegir a personajes distintos, con otras profesiones aun cuando carezcan o desconozcan el oficio político, sea preferible.

Es en este contexto que se debe mirar la figura de Volodymyr Zelenski, quien tiene 44 años y es presidente de Ucrania desde el 20 de mayo de 2019. Actor y cómico de profesión, Zelenski participaba en una compañía de teatro en que a través de la sátira criticaba a los supermillonarios del país eslavo. Su popularidad creció aun más cuando protagonizó un programa de televisión denominado Siervo del pueblo, en el que encarnaba a un profesor a quien un alumno graba cuando lo sorprende despotricando contra la corrupta clase política de Ucrania. El video es reproducido en todas partes y el profesor gana las elecciones. Y, de la ficción, Zelenski pasó a la realidad. Aprovechó la popularidad de que gozaba para contender por la presidencia de su país de la mano del partido al que denominó “siervo del pueblo.” Su campaña presidencial enfatizó su no pertenencia a los grupos políticos dominantes y su deseo de terminar con las oligarquías y la corrupción. Los ucranianos han tenido seis presidentes desde la disolución de la Unión Soviética, y todos ellos han estado vinculados en diversos escándalos, incluyendo la posesión de activos en el extranjero, el tráfico de influencias, la recepción de sobornos, etcétera. Tanto los Panama Papers como los Pandora Papers han documentado el involucramiento de los mandatarios que antecedieron a Zelenski en lavado de activos y evasión fiscal. También el propio Zelenski ha sido mencionado por diversos intereses económicos que tiene en el extranjero.

Entonces Zelenski contendió por la presidencia. En Ucrania la ley establece que si ningún candidato obtiene la victoria por más del 50 por ciento de los votos, es necesario hacer una segunda vuelta. Como en las elecciones del 31 de marzo de 2019 ninguno de los candidatos obtuvo mayoría —Zelenski recibió el 30. 24 por ciento de los sufragios—, fue necesaria la segunda ronda en la que aplastó a su principal rival, el presidente Petró Poroshenko, embolsándose el 74. 23 por ciento de los votos.

Ucrania bajo el gobierno de Zelenski

Ucrania es un país ubicado en Europa Oriental con una población de 41 millones 167 mil 336 habitantes (estos datos excluyen a Crimea y Sebastopol). Con un producto interno bruto (PIB) de 622 mil millones de dólares, es la 48 economía a nivel mundial y posee un ingreso per cápita de 15 mil 124 dólares —medido en términos del poder adquisitivo. Ucrania ocupa la 74 posición en los índices de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con un desarrollo alto. Figura en el 85 lugar —en un listado de 141 países— en el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial correspondiente a 2019.[1] En el índice de libertad económica de la Fundación Heritage, Ucrania se encuentra en la 130 posición.[2] En el índice de percepción de la corrupción de Transparency International, el país europeo se ubicó en el 122 lugar, empatado con Esuatini entre 180 naciones en 2021.[3] En el índice de paz global de 2021, Ucrania está en el escaño 143 en un listado de 163 países.[4] En el índice de seguridad en salud global está en el 94 lugar entre 195 países.[5] En el índice de felicidad ocupa la 67 posición mundial entre 95 países evaluados.[6]

Es el segundo país más extenso de Europa, detrás de Rusia. Su extensión territorial es de 603 mil 628 kilómetros cuadrados. Considerado como uno de los graneros del mundo, cuenta con tierras fértiles que le permiten exportar grandes cantidades de alimentos. La agricultura representa el 12.2 por ciento del PIB y emplea al 5.8 por ciento de la población económicamente activa. La industria contribuye con el 26.5 por ciento del PIB, en tanto los servicios representan el 60 por ciento del mismo. Su deuda pública equivale al 60.78 por ciento del PIB y el país es considerado como de bajos ingresos, teniendo a un tercio de la población viviendo en situación de pobreza por lo que es, de facto, el más pobre de Europa junto con Moldavia. El PIB per cápita es el menor en Europa. La corrupción es citada como una de las causas de esta situación. La producción industrial ha declinado con el colapso soviético, sobre todo por el peso del sector militar en la economía, lo que a su vez impactó en el desarrollo científico y tecnológico y, pese a que Ucrania es de las pocas naciones del mundo capaz de producir aviones y misiles, las autoridades, carentes de visión estratégica, no estimulan al sector.[7]

Para muchos, Zelenski ha estado muy lejos de concretar sus promesas de campaña: Ucrania sigue siendo uno de los tres países más corruptos de Europa al lado de Rusia y Azerbaiyán, según Transparency International.[8] En enero pasado una encuesta entre los ucranianos reveló que sólo el 23 por ciento votaría por él para un segundo mandato.[9] Contrástese esto con la enorme popularidad de Vladímir Putin, que en el presente mes es del 69 por ciento (ver gráfico). Lo que es más: la mayor parte de los ucranianos piensan que su presidente no será capaz de salir airoso de la guerra con Rusia, en tanto diversos medios occidentales lo consideran un personaje mediocre.[10]

Popularidad de presidentes en el mundo

Mandatario País Aprobación (%)
Instituto de investigación
Narendra Modi India 71 Morning Consult Political Intelligence

Enero 2022

Vladímir Putin Rusia 69 Levada

Febrero 2022

Luis Abenader República Dominicana 68 Gallup

Enero 2022

Andrés Manuel López Obrador México 64 Mitofsky

Enero 2022

Guillermo Lasso Ecuador 64 Levada

Octubre 2021

Mario Draghi Italia 63 Instituto IXE

Enero 2022

Olaf Scholz Alemania 60 Infratest Dimap

Enero 2022

Luis Arce Bolivia 55 Q Social Now/ATB

Febrero 2022

Luis Alberto Lacalle Uruguay 50 Equipos

Diciembre 2021

Pedro Sánchez España 48 CIS

Enero 2022

Scott Morrison Australia

46

 

Essential Report

Enero 2022

Micheál Martin Irlanda 43 Sunday Times

Diciembre 2021

Justin Trudeau Canadá 42 Angus Reid

Enero 2022

Joseph Biden Estados Unidos 40 Gallup

Enero 2022

Emmanuel Macron Francia 40 Ifop-Fiducial

Enero 2022

Alberto Fernández Argentina 37 Zuban Cordoba

Diciembre 2021

António Costa Portugal 37 Aximage

Noviembre 2021

Pedro Castillo Perú 37 Ipsos

Enero 2022

Carrie Lam Hong Kong 34 Hong Kong Opinion Research Institute

Enero 2022

Volodymyr Zelenski Ucrania 28 Instituto Nacional de Sociología de Kiev

Noviembre 2021

Sebastián Piñera Chile 25 Cadem

Enero 2022

Iván Duque Colombia 22 Invamer

Enero 2022

Boris Johnson Reino Unido 22 YouGov

Enero 2022

Jair Bolsonaro Brasil 22 Datafolha

Diciembre 2021

Fuente: elaborado por la autora con información de la Association for Communication in Politics.

Por si fuera poco, el SARS-CoV-2, agente causal del Covid-19, ha infectado a 5 millones 40 mil 518 y provocado la muerte de 112 mil 459 personas. La tasa de vacunación es dispar en el territorio, y apenas el 34 por ciento de la población ha recibido el esquema completo de los biológicos, lo que coloca a Ucrania con la tasa de inmunización más baja en el viejo continente.[11]

Las relaciones entre Ucrania y Rusia durante el gobierno de Zelenski han tenido altibajos. Tras su arribo a la presidencia, el mandatario ucraniano tuvo acercamientos con Moscú para mitigar las tensiones en Donestk y Luhansk regiones que cayeron a manos de separatistas prorrusos en 2014. Como se recordará, en septiembre de ese mismo año, Rusia y Ucrania suscribieron los Protocolos de Minsk, los cuales creaban una hoja de ruta que incluían 12 puntos, entre ellos el cese al fuego inmediato, el cual se produjo solamente hasta febrero de 2015. El acuerdo también contemplaba la retirada de armamento convencional pesado por ambas partes, la amnistía para los líderes involucrados en la contienda y la reforma constitucional en Ucrania a efecto de dotar de autonomía a las dos regiones. Desafortunadamente las partes no cumplieron con lo dispuesto y los combates en la zona se mantuvieron, generando, a la fecha, 14 mil muertos y numerosos desplazados y refugiados.

Zelenski, tras su llegada al gobierno, colaboró con Rusia en el intercambio de prisioneros, pero la última vez que se produjeron conversaciones en torno a los acuerdos de Minsk fue en 2019, los que para Ucrania son un instrumento que reconoce su soberanía sobre todo el territorio, en tanto para Rusia constituyen el reconocimiento a una soberanía ucraniana limitada, una suerte de finlandización. Este empantanamiento llevó a que Zelenski buscara acercamientos con Occidente y con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Ello, naturalmente, irritó a Rusia, que comenzó a desplazar tropas en la frontera de más de mil 500 kilómetros que comparte con Ucrania. En diciembre de 2021, el Parlamento ucraniano aprobó una resolución en la que se establecía la decisión de buscar la integración de Ucrania a la OTAN. Ello explica las diversas advertencias de Rusia desoídas por Zelenski. El 21 de febrero, Rusia reconoció la independencia de Donetsk y Luhansk dando pie a la invasión de Ucrania.

La ingenuidad de Zelenski

Las relaciones entre Ucrania y Estados Unidos tampoco son las mejores. Zelenski protagonizó un episodio muy controvertido cuando, buscando que Estados Unidos en los tiempos de la presidencia de Trump, desatorara la cooperación militar con el país eslavo, en una llamada telefónica entre ambos se topó con la petición trumpeana de que abriera una investigación contra Hunter Biden, hijo de Joe Biden, en el contexto de los comicios presidenciales de 2020. Cierto, en septiembre de 2021 Zelenski se reunió con Biden en Washington. Agobiado por el retiro de sus tropas de Afganistán, Estados Unidos atendió de manera esquiva las solicitudes del presidente ucraniano: apoyar su ingreso a la OTAN, cancelar el gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Europa, y recibir tecnología militar sofisticada de parte de Washington.[12] Putin tomó nota de esta reunión en que se evidenció que Biden tenía demasiadas preocupaciones en otros temas como para atender las peticiones de Zelenski. Pero al menos este encuentro permitió al presidente ucraniano romper el hielo tras aquella bochornosa llamada que le hizo Trump.

La escasa pericia política de Zelenski en asuntos internacionales parece ser su mayor defecto. No sólo subestimó a Rusia, sino que sobre dimensionó el apoyo que Occidente le brindaría en el caso de un conflicto armado. Más grave es saber que Estados Unidos y otros países occidentales advirtieron, días antes del estallido de las hostilidades que era inminente una invasión rusa. La respuesta de Zelenski semeja más la de un cómico de televisión que la de un político: “Entendemos todos los riesgos —afirmó el mandatario—, pero si alguien tiene información 100 por ciento segura sobre una invasión, que lo demuestre”, y reviró que su gobierno no tenía evidencia de ningún peligro inminente para el país. Esas fueron sus palabras el 16 de febrero.[13] No se sabe si Zelenski afirmó esto para tranquilizar a la población o porque verdaderamente juzgó que Putin no se atrevería a invadir Ucrania. Ahora Ucrania y el mundo pagan las consecuencias de una crisis de la que tanto Putin como Zelenski son los máximos responsables.

Cuando, en el inicio de la invasión Zelenski reprochaba a Occidente el “haber dejado sola a Ucrania”, mostró nuevamente su ingenuidad. Pretender que la OTAN invocara, por ejemplo, el artículo 5 para proteger a Ucrania es risible considerando que ese país no es miembro de la alianza noratlántica pero, sobre todo, porque los occidentales no están dispuestos a involucrarse en una contienda armada a gran escala contra Rusia, cuyas consecuencias serían catastróficas para el mundo. Vaya: hace dos días Putin mencionó la posibilidad de emplear armas nucleares contra Occidente[14] y hace unas cuantas horas colocó a sus fuerzas estratégicas en alerta máxima, esto como respuesta a las sanciones decretadas en contra de Rusia por parte de los occidentales.[15]

Esto no quiere decir que Occidente se haya quedado de brazos cruzados ante la aplastante maquinaria bélica que actualmente ocupa buena parte del territorio ucraniano. El anuncio de múltiples sanciones contra Rusia ha buscado mostrar que Occidente está haciendo algo para disuadir al gigante eslavo de seguir adelante con esta aventura bélica. El problema es que las sanciones no son infalibles. Se encuentran en medio del espectro entre no hacer nada y usar la fuerza. Como Occidente tiene que hacer algo, sin llegar a una confrontación militar con Rusia, lo único que le queda es aplicar sanciones. Estas medidas castigan a Rusia en muchos terrenos: el económico, el energético, el deportivo, el tecnológico, etcétera. Con todo, no hay que olvidar que, desde los tiempos de la Guerra Fría, la entonces Unión Soviética siempre ha sido sancionada, por diversas razones, por Occidente. Ello ha llevado a que la URSS y ahora Rusia, hayan aprendido a sobrevivir y adaptarse a dichas sanciones. Asimismo, la Rusia de hoy no es la URSS aislada del mundo, la que tenía una limitada interdependencia con las naciones. Rusia se ha globalizado y la interdependencia imperante, en particular en temas como el energético y el de diversos minerales estratégicos plantea la posibilidad de un efecto disruptivo que podría revertirse contra los sancionadores.

Rusia, por cierto, contrario a lo que se podría suponer, no está del todo aislada: tiene el apoyo de la República Popular China —molesta por los acercamientos que en semanas recientes han tenido algunos los miembros de la Unión Europea, como Lituania, con Taiwán—, al igual que el de algunos países “parias” —Cuba, Venezuela, Siria, Corea del Norte, Nicaragua—, pero no sólo de ellos, sino también de dos de las tres economías más importantes de América Latina: Brasil y Argentina, quienes en la reciente sesión de la Organización de los Estados Americanos (OEA) se negaron a condenar los ataques rusos. Rusia tiene además el apoyo de los países de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), integrada por Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán.[16]

De la comedia a la tragedia

Pero no parece que Zelenski haya tomado nada de esto en cuenta. El momento elegido por Rusia para llevar a cabo esta invasión muestra la capacidad de discernimiento de Putin para tomar ventaja de la gran debilidad del presidente Biden —cuya popularidad va en descenso en medio de la ira de los estadunidenses, agobiados por la inflación y el aumento en los precios de los combustibles—, incluso al no contar con el apoyo de su propio partido; la debilidad de una Europa comunitaria atada de manos por la vecindad geográfica con Ucrania —y que ahora tiene que cargar con los miles de refugiados y desplazados ucranianos que genera el conflicto, el cierre de los espacios aéreos decretado por Putin como represalia por sanciones similares que le aplican los europeos, eso sin dejar de lado el incremento en los precios de los hidrocarburos como consecuencia directa del conflicto—, el retiro de Angela Merkel y hasta el proceso electoral presidencial en Francia, con un Emmanuel Macron que ha buscado ser interlocutor con Putin —sin éxito—, pero que además enfrenta una baja popularidad en estos momentos; una China en ascenso que se acomoda en posiciones de liderazgo en las relaciones internacionales, acotando y acentuando el declive de Estados Unidos, y un escenario pandémico que se puede agravar por estas olas de refugiados —la mayoría sin vacunar— que salen de Ucrania rumbo a diversos países europeos en plena ola de SARS-CoV-2 —Alemania, por ejemplo, en los pasados 28 días ha tenido 4 millones 957 mil 875 de contagios y 4 mil 962 defunciones, a pesar de que sus tasas de vacunación son del 75 por ciento con esquema completo y del 57 por ciento de su población con dosis de refuerzo en esa poderosa nación. La situación epidemiológica de Europa puede descomponerse aun más ante esta crisis.

Zelenski se ha dirigido a sus compatriotas y al mundo varias ocasiones durante esta crisis. Ha invitado a los ucranianos a cerrar filas, a defender la independencia del país con lo que tengan a la mano. Ha defenestrado la figura de Putin, a quien compara con Hitler en la Segunda Guerra Mundial —respondiendo así a los dichos del presidente ruso, quien en el inicio de la guerra señaló que su objetivo es defender a las personas que durante ocho años han sufrido persecuciones y genocidio por parte del régimen de Kiev, añadiendo que con la incursión bélica buscaría la desmilitarización y desnazificación de Ucrania, así como llevar ante los tribunales a quienes cometieron diversos crímenes sangrientos contra civiles, incluidos algunos ciudadanos rusos. Como un personaje acostumbrado a los reflectores, se desenvuelve bien ante los medios y ha cultivado en el mundo entero la imagen de un luchador, que declinó la posibilidad de salir del país y ser protegido por EEUU, para, en lugar de ello, luchar por la defensa de Ucrania. Ello le ha complicado las cosas a Putin, quien, debido al aprovisionamiento de banda ancha e incluso ayuda de las empresas tecnológicas de Elon Musk al gobierno ucraniano, no ha podido silenciar ni contrarrestar la narrativa de Zelenski —a la inversa de lo sucedido en 2008 durante la guerra de Osetia del Sur, cuando los ciberataques de Putin aislaron al presidente Mijeíl Saakashvili— quien, de esta manera, intenta resarcir el enorme daño que su ingenuidad ha provocado a su país y el mundo. Hoy, representantes rusos y ucranianos han aceptado emprender negociaciones. Esa es una buena noticia. Putin sabe que llevar esta guerra hasta sus últimas consecuencias no es viable, y Zelenski sabe que no puede obtener la victoria.

En 1848, tras la guerra con Estados Unidos, los negociadores mexicanos se enfrentaron a la imperiosa necesidad de preservar una parte del inmenso territorio que a todas luces perdería. México tuvo que aceptar que más de la mitad de su espacio territorial quedara bajo el dominio estadunidense. Fue doloroso pero necesario porque es mejor una mala paz que una buena guerra. México retuvo casi dos millones de kilómetros cuadrados y, a pesar de todo, siguió adelante y un par de décadas después desarrolló el sentimiento de nación y repelió la intentona francesa de establecer una colonia en el país. La historia es una herramienta formidable porque permite recordar escenarios análogos a los que trágicamente se enfrentan los países de manera recurrente, como queda de manifiesto en el mundo de hoy. Parece muy difícil para Zelenski salir avante, a quien sus dotes histriónicas podrían no resultarle suficientes para negociar con un poderoso Putin. Pero, ante la perspectiva de una hecatombe mundial, más vale que Zelenski eche mano de algo más que su histrionismo para coadyuvar a la paz. No se puede permitir un fracaso ni emular a Tom Dobbs, porque si bien la política no parece ser lo que mejor hace Zelenski, tampoco puede tirar la toalla y regresar a su carrera de comediante como si nada hubiese ocurrido. Zelenski está obligado a olvidar la comedia y evitar una tragedia.

Referencias

[1] Klaus Schwab (2019), World Competitiveness Report 2019, Geneva, World Economic Forum, p. xiii, disponible en http://www3.weforum.org/docs/WEF_TheGlobalCompetitivenessReport2019.pdf
[2] The Heritage Foundation (2022), 2020 Index of Economic Freedom, Washington D. C. The Heritage Foundation, disponible en https://www.heritage.org/index/country/Ukraine
[3] Transparency International (2021), Corruption perception Index 2021, Berlin, Transparency International, disponible en https://www.transparency.org/en/cpi/2020/index/ukr
[4] Institute for Economics and Peace (2021), Global Peace Index 2021. Measuring Peace in a Complex World, Sydney, Institute for Economics and Peace, disponible en http://visionofhumanity.org/indexes/global-peace-index/
[5] John Hopkins (October 2019), Global Health Security Index. Building Collective Action and Accountability, disponible en https://www.ghsindex.org/wp-content/uploads/2020/04/2019-Global-Health-Security-Index.pdf
[6] Helliwell, John F., Richard Layard, Jeffrey Sachs and Jan-Emmanuel De Neve (editors) (2021), World Happiness Report 2021, New York, Sustainable Development Solutions Network, disponible en https://happiness-report.s3.amazonaws.com/2021/WHR+21.pdf
[7] Pilar Bonet (6 de junio 2020), “Ucrania: el precio de la libertad”, en El País, disponible en https://elpais.com/elpais/2020/06/03/eps/1591173790_172028.html
[8] Guillermo Osorno (26 de febrero de 2022), “El showman al frente de Ucrania”, en Milenio.
[9] La Vanguardia (14/02/2022), “La popularidad de Zelenski se tambalea ante la crisis con Rusia”, disponible en https://www.lavanguardia.com/internacional/20220214/8055461/popularidad-zelenski-tambalea-crisis-rusia-ucrania.html
[10] Olga Rudenko (22 de febrero de 2022), “El presidente de Ucrania es un comediante convertido en político. Y ahora estamos al borde de una invasión”, en The New York Times, disponible en https://www.nytimes.com/es/2022/02/22/espanol/opinion/ucrania-rusia-presidente-zelenski.html
[11] France 24 (24/01/2021), “Entre geopolítica y pobreza, Ucrania privada de vacunas contra el Covid-19”, disponible en https://www.france24.com/es/minuto-a-minuto/20210124-entre-geopol%C3%ADtica-y-pobreza-ucrania-privada-de-vacunas-contra-el-covid-19
[12] Xavier Colás (1 de septiembre 2021), “Zelensky en Washington: cómo no caerse de la lista de prioridades de un país en retirada”, en El Mundo, disponible en https://www.elmundo.es/internacional/2021/09/01/612fba53e4d4d8a15b8b45cf.html
[13] La Vanguardia, Ibíd.
[14] El Financiero (25 de febrero de 2022), “Putin revive una ‘vieja amenaza’ tras invasión a Ucrania: el uso de armas nucleares”, disponible en https://www.elfinanciero.com.mx/mundo/2022/02/25/putin-revive-una-vieja-amenaza-tras-invasion-a-ucrania-el-uso-de-armas-nucleares/
[15] Gonzalo Aragonés (27 de febrero de 2022), “Putin pone en alerta a las fuerzas nucleares rusas ante la actitud de la OTAN “, disponible en https://www.lavanguardia.com/internacional/20220227/8087489/putin-fuerzas-nuclear-otan-invasion-ucrania.html
[16] ABC Internacional (25.02.2022), “Qué países apoyan a cada bando en la guerra entre Ucrania y Rusia”, disponible en https://www.abc.es/internacional/abci-que-paises-apoyan-cada-bando-guerra-ucrania-rusia-nsv-202202241119_noticia.html

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