Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

Zarco contra AMLO (I)

El pobre AMLO parece que no aprendió más historia que la historia patria que los maestros le enseñaban en la primaria.
John Womack

El presidente López Obrador dice admirar a Francisco Zarco (1829-1869), aunque le ha atribuido palabras que no pudo producir porque estaba muerto… Es la supuesta sabiduría histórica del político que quiere creer que la presidencia de Madero fue destruida por la sola mano de la prensa e ignora los factores antimaderistas apellidados Huerta y Zapata. Como dijo alguien que sí sabe sobre Zapata, el historiador John Womack, AMLO no sabe sobre historia mexicana –sabe sobre historia oficial (priista) y cómo manipular esa manipulación.

Zarco fue un periodista y político liberal, López Obrador no es liberal ni periodista, sólo un político, un grillo enamorado de sí mismo. Zarco fue un Defensor de la libertad de prensa, López Obrador no. Zarco no sólo fue encarcelado tras el autogolpe de Estado de Ignacio Comonfort (el golpe es en 1858, Zarco huye, se oculta y, descubierto, va a la cárcel en 1860), antes había sido puesto en prisión por criticar satíricamente al presidente Mariano Arista en el periódico Las Cosquillas (1852). Aunque Vicente Fox cometió el error del episodio “el desafuero”, los casos de Zarco y AMLO no son equiparables. Son muy distintos. Y donde hay más diferencias entre los dos es en el terreno de la libertad de prensa. El diputado-reportero la defendió muchas veces, con argumentos y pasión liberales; a López Obrador le gustaba cuando era opositor, porque le convenía, y como presidente le molesta en exceso, ya que no le conviene. Esa molestia es la molestia del autoritario, del falso liberal, del falso demócrata.

Para demostrar que AMLO no sigue a Zarco, y que sobre libertad de prensa el liberal de siempre está contra el hoy presidente, fui a las 150 intervenciones “zarcas” en el Congreso Constituyente de 1856-1857. Ahí –donde fue simultáneamente diputado y reportero, doblete del que surgiría su Historia del Congreso Constituyente-, Zarco lució su liberalismo. En su intervención parlamentaria del 25 de julio de 1856 dijo:

-“He creído de mi deber tomar parte en este debate porque soy uno de los pocos periodistas que el pueblo ha enviado a esta asamblea, porque tengo en las cuestiones de imprenta la experiencia de muchos años, y la experiencia de víctima”.

-“Deseo defender la libertad de prensa como la más preciosa de las garantías del ciudadano y sin la que son mentira cualesquiera otras libertades y derechos”.

Francisco Zarco, Salvador Pruneda, tinta sobre papel. Archivo Gráfico de El Nacional, Fondo: Gráficos, ca. 1950.

-La prensa libre “no sólo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y la civilización”.

-“La enunciación de este principio no es una concesión, es un homenaje del legislador a la dignidad humana, es un tributo de respeto a la independencia del pensamiento y de la palabra”.

-“Yo creo que la opinión, si puede ser error, jamás puede ser un delito; pero de este principio absoluto no llego al extremo que sostiene el ilustrado señor Ramírez (Ignacio Ramírez), pues convengo en que el bien de la sociedad exige ciertas restricciones para la libertad de prensa”.

-¿Pero cuáles?: “Vemos cuáles son las restricciones que impone el artículo” (el 13 que debatían en la sesión del día), “el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública. A primera vista esto parece justo y racional; pero artículos semejantes hemos tenido en casi todas nuestras constituciones, de ellos se ha abusado escandalosamente, no ha habido libertad y los jueces y los funcionarios se han convertido en perseguidores”.

-“¡La vida privada! Todos deben respetar ese santuario; pero, cuando el escritor acusa a un ministro de haberse robado un millón de pesos al celebrar un contrato, cuando denuncia a un presidente de derrochar los fondos públicos, los fiscales y los jueces sostienen que cuando se trata (de hecho) de robo se ataca la vida privada y el escritor sucumbe a la arbitrariedad”.

-“¡La moral! (…) Cuando hay un gobierno perseguidor, cuando hay jueces corrompidos y cuando el odio de partido quiere no sólo callar sino ultrajar a un escritor independiente, una máxima política, una alusión festiva, un pasaje jocoso de los que se llaman colorados, una burla inocente, una chanza sin consecuencia, se califican de escritos inmorales”.

-“¡La paz pública! Esto es lo mismo que el orden público. El orden público, señores, es una frase que inspira el horror; el orden público, señores, reinaba en este país cuando lo oprimían Santa Anna y los conservadores, cuando el orden consistía en destierros y proscripciones”.

-“¿Y cómo se ataca el orden público por medio de la imprenta? Un gobierno que teme la discusión ve comprometida la paz y atacado el orden si se censuran (cuestionan) los actos de los funcionarios; (para ellos) el examen de una ley compromete el orden público; el reclamo de reformas sociales amenaza el orden público; la petición de reformas a una Constitución pone en peligro el orden público. Este orden público es deleznable y quebradizo y llega a destruir la libertad de la prensa, y con ella todas las libertades”.

-“Yo no quiero estas restricciones, no las quiere el partido liberal, no las quiere el pueblo, porque todos (nosotros) queremos que las leyes y las autoridades, y esta misma Constitución que estamos discutiendo, queden sujetas al libre examen y puedan ser censuradas para que se demuestren sus inconvenientes, pues ni los congresos, ni la misma Constitución, están (en el liberalismo) fuera de la jurisdicción de la imprenta”.

-“Si admitimos estas vagas restricciones, dejamos sin ninguna garantía la libertad de pensamiento”.

-“Para hablar así me fundo en la experiencia. En tiempos constitucionales, fiscales y jueces me han perseguido como difamador porque atacaba una candidatura presidencial, y cuantas razones políticas daba la prensa para oponerse a la elevación del general Arista eran calificadas de ataques a la vida privada”.

-“¿Queréis restricciones? Las quiero yo también; pero prudentes, justas y razonables”.

-Que “haya tanta libertad para nosotros como para nuestros adversarios. Nada de represalias, nosotros no huimos de la discusión, no la tememos. Respetamos las opiniones de buena fe; de ellas nace la luz”.

-“La oposición conservadora (…) nos llamará locos y bandidos, insensatos y socialistas; se burlará de los congresillos, se mofará de la soberanía del pueblo (hay muchas maneras de mofarse, aun cuando no parece), atacará la libertad religiosa y nos hablará de los felices tiempos de la inquisición, disparará diatribas contra la libertad y nos hablará de orden público y de autoridad ilimitada”.

¿La presidencia obradorista va de acuerdo con el pensamiento zarquiano? Evidentemente no. No en los hechos. Loret, Reforma, Krauze, Aguilar Camín, etcétera, etcétera, pueden ser examinados sin mala intención y criticados racionalmente, se puede tanto coincidir con ellos como disentir sin drama, pero no son lo que dice el presidente. AMLO exagera, miente y se aprovecha –hasta donde hoy puede- de la asimetría de poder entre la presidencia de la república y sus críticos republicanos o no. Los dichos obradoristas, con los hechos obradoristas que representan, son la reacción de un falso demócrata, de un falso liberal, de un autoritario, un autoritario priistamente conservador. Por eso lo he argumentado antes: aunque parte de su retórica lo oculta a ojos de algunos, AMLO tiene varios parecidos con sus críticos conservadores y con los conservadores mexicanos del siglo XIX: 
https://revistareplicante.com/liberales-contra-conservadores/ 

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