Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

Zarco contra AMLO (II)

Por la libertad de expresión, en solidaridad con Krauze y Aguilar Camín

Tres días después de publicada la primera parte de esta crítica libre, regreso para citar las palabras que Francisco Zarco disparó al Congreso Constituyente el 28 de julio de 1856, tres días después de la intervención que ya citamos.

El punto de partida es el mismo: en el Congreso, Zarco defendió incansablemente la libertad de prensa y su regulación adecuada, lo que era decir la más liberal, más realista y más precisa que pudieran los legisladores; en la presidencia, López Obrador es un enemigo de la libertad de prensa y amigo sólo de sí mismo y su poder. No lo creen sus fanáticos pero lo sabemos los demás y se sabe internacionalmente: el presidente quiere una prensa a modo, acrítica, obsequiosa, elogiosa, para la épica grilla. Una prensa en modo obradorista. Y por eso AMLO no puede ser ni liberal –el deseo de ese tipo de periodismo es el rechazo a la libertad editorial- ni estar en sintonía con Zarco. Contrasten más argumentos zarquianos y los hechos pejistas:

-“Mientras la imprenta se considere sólo bajo el aspecto del espíritu de partido, mientras el partido triunfante no vea en ella más que un elemento de oposición, mientras el legislador no contemple a la prensa sino como un ariete contra los gobiernos, no saldremos de nuestra antigua rutina, no afianzaremos la libertad del pensamiento”.

-“Las trabas mal definidas, como la de la moral, que consulta la comisión, han sido el origen de todas sus persecuciones (contra la prensa) y las que han hecho ilusoria su libertad”.

-“Nunca veré más que un atentado en las sentencias del pueblo de Atenas imponiendo el ostracismo a Arístides el Justo y la muerte a Sócrates el Filósofo”.

-Hay que “establecer sólidas garantías para los derechos que proclamamos”.

-“Insisto en que las infracciones deben ser mejor definidas. (…) De lo contrario, señores, llegará a ser delito publicar que un ministro recibió la visita de un agiotista o que un diputado ha recibido dinero de la tesorería, cuando acaso sin que quien tales hechos anuncie sepa que el ministro y el agiotista  hicieron un contrato ruinoso o que el diputado fue a vender su voto”.

-“No se haga caso del (real o supuesto) poco mérito de los escritores, no se admita aquí la vulgaridad de que los periodistas están (necesariamente) bajo el yugo de los impresores. A mí se me ha hecho este ataque, y debo decir que nunca he prescindido de mi independencia, y que soy tan independiente aquí como en el periódico en que soy redactor en jefe”.

-“Se atribuyen también las opiniones de un escritor a la miserable cuestión de las impresiones del gobierno. Yo he hecho la oposición a gobiernos que han dado que imprimir al señor Cumplido (Ignacio Cumplido, dueño de una de las imprentas más importantes de la época) y he defendido a otros que no le han dado que hacer”.

-“Apartándonos de estas miserias, consideremos la imprenta bajo su verdadero punto de vista, como elemento de civilización y de progreso, y el derecho de escribir (públicamente) como la primera de las libertades, sin la que son mentira la libertad política y civil”.

Es clara la diferencia: Zarco no cae en el populismo y aboga por la libertad, lucha por una buena legislación, esto es, no exige el vacío normativo ni el apartidismo en la opinión de todos los ciudadanos sino que la legislación que afecta a la opinión pública no sea partidista ni contextualmente imprecisa; López Obrador sueña que es un héroe patrio, actúa –de actor, de teatro- como si lo fuera y busca aumentar su libertad político-presidencial y exacerbar el partidismo-obradorismo en la opinión pública. Zarco criticaría a López Obrador. Porque López Obrador no es Juárez en la Guerra de Reforma ni en la Intervención Francesa, es el presidente que se siente liberal pero es conservador autoritario y priista y que por eso mismo significa el riesgo de restauración del presidencialismo metaconstitucional al estilo PRI, ese sistema sin división de poderes y con libertades muy disminuidas –y, por tanto, realmente antiliberal.

Zarco se opuso, en los discursos parlamentarios que hemos visto, a las generalizaciones totales que se hacían sobre y contra los periodistas. Me opongo a ellas. Y también me opongo al extremo contrario: me opongo a idealizar a todos los periodistas y a que no se critique nunca a ninguno. Jamás he dicho que ningún crítico de López Obrador sea conservador, neoliberal, corrupto o “chayotero”, y no lo diré, porque no es cierto. Algunos lo son. Algunos son conservadores y neoliberales –critican, a veces un tanto ridículamente, a un presidente que socialmente es conservador como cualquier panista, que es personalmente religioso y públicamente no laicista y que ha tomado decisiones clientelares pero también neoliberales, aunque Jorge Zepeda no pueda verlas-, y algunos fueron receptores de “chayote” y defensores de corruptos. ¿Cómo negarlo, para qué? Pero son algunos, no todos. Muchos otros críticos de López Obrador son liberales, o de otra izquierda, y sinceros y honestos. Y algunos neoliberales y conservadores también respetan la democracia. Negar todo ese cuadro plural, decir que toda esa diversidad crítica –incongruencias y paradojas incluidas- no es parte de la realidad es una necedad. Es la necedad de López Obrador, con todas sus falsas totalizaciones contra la crítica. Necedad que se está endureciendo como autoritarismo gubernamental. La solución al problema de tipos negativos de periodismo del pasado no es menos libertad de expresión crítica, tampoco más periodismo militante obradorista, que es otro tipo periodístico negativo del presente.

No tiene que salir en Reforma para que sea cierto ni que lo diga Loret para que sea falso: a López Obrador no le gusta la prensa libre y se ha convertido en otra amenaza a la libertad de expresión. Desea verse libre de la prensa libre porque ésta implica necesariamente crítica al poder, y AMLO es hoy uno de los pilares de “el poder”. Es el poder político oficial –con cargo al Estado- más grande de la actualidad nacional; y, aunque no lo vean sus “barras bravas” y los “intelectuales” dizque equilibrados, no es un poder político en lucha contra los mayores poderes económicos y sí en bastante buenas relaciones con las más grandes televisoras. Es por todo eso que sus descalificaciones (las que hace el presidente) no sólo no son rendición de cuentas sino que no pueden ser derecho de réplica bien entendido ni una simple parte más en el intercambio público. La libertad de expresión de AMLO no corre ningún riesgo. Ninguno de sus críticos podemos impedir que hable. Defender “la libertad de expresión del poder”, en vez de defender la libertad de expresión de la ciudadanía/los gobernados, es una de las peores bajezas y traiciones de ciertos ex intelectuales como Gibrán Ramírez.

Un autoritario ensoberbecido y confundido, con amigos o aliados entre los aún más privilegiados, es siempre un enemigo de nuestra libertad para criticarlo. Y eso puede empeorar… Necesitamos más Zarcos, como periodistas y como diputados.

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