Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

“Yesterday”, una película tan fresca como la Coca-Cola

Andas en bicicleta a cuarenta minutos de tu destino que está en las faldas del Ajusco; el calor no apacigua y tienes sed. Una maldita sed que aumenta conforme pedaleas cuesta arriba en tanto tu lengua de piedra busca humedad entre los labios. Sólo hay arbustos y árboles chaparros en los bordes de la carretera. El sol quema tu frente; sientes que su intensidad evapora el sudor y ya no bastan las proclamas de autoayuda que parecen más un reclamo lastimero al destino que un público imaginario animándote a la proeza. De pronto alcanzas a ver un estanquillo más o menos a unos cien metros de ti, parece como derruido, hecho de maderos encimados pero al llegar tiene tanta vida como la chispa de tus ojos revoloteando entre los hielos y botellas de refrescos. Apenas saludas al tendero y destapas la Coca Cola helada, la abrazas y la besas, como haces con tu amante furtiva hasta que de un sólo trago bebes toda la botella…

Ya estás en el Ajusco. Solo en una pequeña casa de madera donde estarás el fin de semana para escribir. Es casi la media noche, hace frío y el crepitar de la chimenea prevalece sobre el canto de los grillos. Vas a leer un poco, tienes frente a la mesa el libro de cuentos rusos y a un lado la chamarra de borrega donde hurgas entre sus bolsas por cigarros pero de pronto te detienes al recordar que olvidaste la cajetilla de Camel encima del hentai que te regaló tu hijo Dante, al regresar de su viaje de Japón. Desconsolado, sabes que la noche será terrible, el estanquillo está a una hora en bicicleta y aunque fueras seguro estará cerrado. Buscas en todos lados algún rastro de tabaco, una colilla siquiera, algún filtro extraviado en el piso pero no, hasta que fuerzas el cajón de la pequeña habitación de Lupita que hizo el aseo para que tu estuvieras cómodo (y que aprovechó esos días para visitar a su familia). Abres el cajón y estrujas la cajetilla de Marlboro como harías con las cartas de la amada. Casi corres a la sala y pones “Yesterday” mientras enciendes el cigarro y te detienes en “Las tres preguntas” Tolstoi.

¿Ustedes imaginan un mundo donde no existieran Los Beatles, vamos, donde por extrañas razones todos olvidarámos a John, Paul, George y Ringo? Estoy seguro de que podrían vivir muchos sin la banda, ya sea porque sus tesoros musicales se encuentren entre el reguetton y la cumbia o porque su cultura rebasa al pop para situarse entre Crimson y Jethro, incluso los más sofisticados podrían requerir las sales de doña Eduviges si de pronto desapareciera la música clásica. Pero también creo que existimos muchos que el soundtrack de nuestras vidas se asocia con “Help!” y “Let It be”, entre decenas de canciones más, no exagero.

Apuesto también que muchos de ustedes podrían vivir sin Coca-Cola –sola o para hacer una cubita– por todas las motivaciones del mundo, desde el simple y sobrio “No me gusta”, hasta la condena al brebaje negro de las aguas del capitalismo pasando por la preferencia por la horchata, la jamaica o el limón con chía; como sea. Junto con ello existimos millones que en lata o en botella, con ron o nada más con hielos la bebemos como si fuera agua bendita o el elixir de la vida para emborracharse, disfrutar no más el sabor o remojar la garganta que está como de piedra.

Qué decir del tabaco. Las personas saludables o con problemas pulmonares lo detestan o en su defecto, si de fumar se trata, optan por la mariguana. Por mi parte, y sin desestimar para nada la yerba aquella, fumé todo lo que pude hasta que ya no pude más. Cada quien hace con su cuerpo lo que quiere y el mío no se explica sin los “Carmencitas” o los “Tigres” de muy viejo cuño y hasta “Del Prado”, ya sea después del buen taco, el aquelarre de amor o en las parrandas en el Gran León o cualquier otra reunión festiva; imprescindible mucho tiempo al leer y escribir.

En estos días se exhibe “Yesterday” en las salas de cine. Tiene la frescura de una Coca-Cola, el reposo de un tabaco frente al mar y el sonido almibarado de “She Loves You”; también tiene consuelo para las almas rotas por la falta de Coca-Cola porque existe Pepsi y en la esfera de las partituras si no escuchamos “Hey jude” ahí está Coldplay con varias canciones que motivan a creer que oímos música. El otro consuelo podría estar en la órbita que pudiera llevarte a dialogar con Lennon.

Les recomiendo verla. Sobre la base de que mi vida no habría sido la misma sin los Beatles, la Coca-Cola y el tabaco. Y también sobre la base de que si no hubiera existido la saga de Harry Potter para mí eso habría tenido la misma trascendencia de una maldita frase motivacional dicha para alegrar mi día de mierda.

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