Cinque Terre

Arouet

“Y la culpa no era mía…”

Primero coincidamos en tres cosas obvias:

1) Claro que si una mujer es maltratada o violada ella no tiene la culpa por cómo bailaba o cómo vestía. Ella es víctima y quien la agrede es el victimario.

2) La canción tiene frases excesivas pero eso pasa con todas las proclamas. Una de esas frases exageradas es acusar al Estado de violador debido a la impunidad con que las mujeres son agredidas.

3) La canción es pegajosa. Le pese a quien le pese.

Ahora digamos cuatro cosas que deberían completar lo obvio pero causan polémica y, a veces, el enojo de las mujeres que se identifican con la rola:

1) México es uno de los países más violentos y con el mayor número de feminicidios en el mundo. Sobre esa base, si una mujer sale a la calle en lo noche con shorts entallados, ella no es culpable de que le griten “piropos”, la manoseen y menos aún de la violencia. Pero salir a la calle así, en el mundo real, es una imprudencia.

2) Se entiende la desesperación de miles de mujeres que sufren diario la violencia y hay que tener empatía con ellas, el feminismo no debería ser un asunto exclusivo de género y los hombres debemos ser parte de la solución porque también somos parte del problema. Pero acusar al Estado y a todos de violadores es una exageración ética y moral pero no sólo, también refleja un vacío respecto a la ley y ello es clave porque sólo mediante la exigencia de que la ley se aplique podemos avanzar en la resolución de este flagelo.

3) Hay mujeres muy sensuales, vestidas con prendas excitantes, que bailan la canción. ¿Está bien o está mal? Yo no sé, lo único que sé es que tienen el derecho de hacerse notar aunque sea de esa forma y los demás tenemos derecho de verlas si queremos (a lo que no tenemos derecho es a tocarlas sin su consentimiento). ¿Yo la puedo bailar si quiero y ello no implica burlarme de sus demandas o, en todo caso, burlarme de que acusen a todos de violadores? Por supuesto que sí.

4) Este movimiento social es genuino y tiene alcances planetario; más aún, en varios sentidos es el sonido de un nueva época en la relación entre hombres y mujeres. Junto con ello, también hay excepciones y, a veces se multiplican, lo que lastima a ese movimiento. Me refiero a mujeres que usan estas expresiones para darse a notar, encarrilar por la vía ” feminista” sus frustraciones y no tener escrúpulos en acusar al otro de lo que sea, violencia o acoso; más allá de esas miserias humanas eso atenúa los alcances de este movimiento y vuelve a muchos hombres en víctimas también.

Yo he visto videos de mujeres hermosas y otras no tan guapas, bailando esa canción. Más allá del placer de la mirada que cuenta con el consentimiento de ellas, noto que esas jóvenes pueden fortalecer con su frescura el grito en favor de la equidad de género. Que la bailen hombres no me escandaliza si con ello no se pretenden burlar de su desesperación sino solidarizarse o en todo caso ríen también de los excesos que se gestan entre la desesperación, la pose y el uso de estos movimientos para desgraciarle la vida al otro. Yo me burlo de esa miseria humana.

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