Manuel Cifuentes Vargas

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Doctorante en Derecho por la UNAM.

Votantes vs abstencionistas

El partido de la final electoral jugado entre la votación contra la abstención (se dice que estuvo muy lucido) que decidiría el rumbo y destino del país, estimo que para mal de la democracia electoral,  terminó prácticamente en un empate técnico. Partido en el que, de acuerdo a su función jurídica, el INE fue el árbitro y cumplió muy bien con su papel. Sobre todo si partimos de que el clima que prevaleció desde los prolegómenos del partido, fue de ánimos calientes y de mucha tensión, así como durante el desarrollo del mismo, pues las apuestas generadas por los partidarios y las porras de ambos equipos, estaban divididas por mitad y mitad en un ambiente político fragmentado por matices, dureza, tirantez y, por lo mismo, de incertidumbre y pronósticos reservados sobre el resultado de la jornada electoral.

La numeralia electoral preliminar, no definitiva en algunos rubros, que presentó el INE a través del presidente del Consejo General, señala que la lista nominal se compone de 93´328,771 millones  de ciudadanos con registro en el INE y con credencial de elector; es decir, de personas en condiciones de votar. El total de votos emitidos en su momento era de 47, 227,271. En números redondos votó cerca del 53%; esto es, apenas un poquito más de la mitad.

Pero así es nuestro diseño político-jurídico electivo y nuestra democracia electoral, que hasta con un voto de diferencia se gana una elección. Para decirlo con otras palabras, con esas cifras, no se tendrá la legitimidad global deseada, pero sí contará con la legalidad necesaria. Luego entonces, con esto queremos decir, que los futuros gobernantes electos, en una visión macro, no en lo individual tropicalizado a su propio terreno electivo donde habrá quien ganó con más o menos de este porcentaje de votos, carecerán de plena legitimidad y representatividad auténtica, pues representarán a la mitad de México. Esta es la nueva demografía político-electoral de México.

En cuanto a la organización y estructura con la que  acertadamente contó y desplegó el INE en todo el territorio nacional para esta elección intermedia, apuntó que 162, 129 casillas fueron instaladas, lo cual representa el 99.73% de las casillas programadas, y que 30 casillas no pudieron instalarse. Se contó con más de 1, 464,000 funcionarios de casillas; 19,410 observadores electorales; 559 visitantes extranjeros y más de 1.1 millones de representantes de partidos políticos y de candidatos independientes con presencia real en las casillas electorales.

Asimismo precisó y destacó que el INE se encarga solo de la elección federal y de sus resultados; esto es, de diputados federales, mientras que los organismos electorales estatales asumen la misma responsabilidad por lo que hace a las elecciones locales; es decir, de las 15 gubernaturas; de los 30 congresos locales y de 1,925 ayuntamientos y alcaldías. Asimismo, el INE instrumentó 15 conteos rápidos (no está por demás advertir, que los datos de estos conteos son preliminares, no definitivos). De igual manera expresó que en el transcurso de la jornada electoral, se presentaron algunos incidentes en unas zonas focalizadas del país, mismos que fueron atendidos conforme a las leyes. Por todo lo anterior, anotó que la jornada electoral fue exitosa.

Lo anterior es loable y aplaudible por lo que hace al INE, y una vez más, a pesar de, como dice la expresión popular, toda la caballería que le echaron encima algunos actores políticos, mostró su entereza, verticalidad y aplomo, y demostró que es el mejor arbitro con el que puede contar la democracia electoral por su organización, imparcialidad, honradez, transparencia, legitimidad, legalidad, eficiencia, eficacia, preparación y capacidad con la que cuenta, como órgano autónomo constitucional de la ciudadanía mexicana y de la democracia. Mientras siga conservando su integridad, valor y genuina autonomía, estamos en buenas y en las inmejorables manos, y no en otras, de legalidad, organización, imparcialidad y transparencia de la democracia electoral.

Con los casi 48 millones de ciudadanos que salieron a votar, se considera que es la mayor votación de la historia en elecciones intermedias. Y hay razones para que así lo sea y lo pudiera ser progresivamente en las siguientes, pues a más población mayor número de votantes y, por otra parte, en un país de jóvenes, en la medida que van adquiriendo la mayoría de edad, se tendrá también un numero ascendente de votantes; además de que al ir adquiriendo una mejor calidad de vida la población, las expectativas de vida de la gente es superior, por lo que también se suman más personas para votar.

Habría que mencionar que para esta elección en lo particular, con motivo de la pandemia de salud por la que atravesamos, entre el número de indispuestos para votar por razones de salud y el lamentable número de personas fallecidas, fue una resta de votos para la estadística electoral en sus diversas aristas, según la dirección que hubiera tenido este malogrado voto.

Ahora bien, es entendible que por causas de fuerza mayor o impedimentos físicos graves, como lo pueden ser lo de salud, algunos no hayan estado en condiciones de ir a votar. ¿Pero casi el 47%? Es un número muy elevado y una prueba palpable que aún en los momentos más  discutibles o complicados por los que puede estar pasando el país, está claro que hay muchos apáticos que no quieren a México  ni les importa, y que “les vale gorro”, para no decirlo con palabras fuertes. Imaginemos que si todas estas personas del bloque abstencionista formaran un partido político y que tuviera validez legal, lo poderoso e invencible que sería, aun en el supuesto que todos los partidos políticos formales saltaran en coalición a la cancha de la competencia electoral.  Lo cual es muy triste para un país que tantas penurias, sufrimiento, dolor y sangre le han costado para edificarse. ¿Qué podrían pensar de nuestras actuales generaciones nuestros antepasados?

En el mismo cajón podríamos meter a los que nulificaron el voto. Es un número importante de votos nulos que no sirvieron como apoyo directo o de acompañamiento, ni de aguadores o masajistas, para uno ni para el otro, aunque finalmente, como “jugador número 13” como se dice en el argot futbolístico, si  animan y favorecen a manera de porra al partido y partidos asociados en el poder. Se comportaron sin compromiso alguno y simuladamente con ninguno de los dos. Sencillamente, al nulificar su voto, se manifestaron como una simple comisión de aplauso en el graderío en la final del juego electoral.

Vale igualmente mencionar, que circula en las redes sociales privadas, videos de reclamos de personas  exigiendo el pago del partido en el poder, por el voto emitido. Conductas de este tipo son reprobables en todos sentidos de quienes venga, al margen de emblemas y colores político ideológicos partidistas, porque lastiman a la democracia en un sistema de partidos políticos plurales. Reprobable de quienes lo hicieron, de quienes lo lideraron y de quienes los indujeron. Quienes vendieron su voto y además abiertamente lo aceptan sin ningún sonrojo, lamentablemente da muestras indiscutibles de la existencia de personas sin valores: sin ética, sin dignidad, sin responsabilidad, sin formación política ciudadana, sin espíritu democrático y sin sentimientos verdaderamente patrios.

No fue la bocanada de oxígeno puro que en esta elección se esperaba se le inyectara a la democracia electoral, porque no fue a votar casi la mitad de los electores como se tenía la esperanza que sucediera; pero sí fue un buen soplo de aire fresco para reanimar al sistema político y a la democracia que andaban de capa caída. Se dice, para mal de México,  que tristemente hay mucha ignorancia y necesidad en sectores de la población, y que por eso hacen de nosotros lo que les viene en gana, y no pasa nada, lo cual también se refleja en los procesos electorales.

Como se podrá ver, falta mucho por hacer en cuanto a la formación de verdaderos ciudadanos responsables, para atender debidamente sus deberes y obligaciones constitucionales, legales y cívicas. De no hacerlo ya, el país seguirá caminando por el sendero de la indiferencia, del clientelismo y de la irresponsabilidad. Y esto beneficia a unos pero no a otros, por lo que todos debemos echarnos a cuestas en el campo en que nos encontremos y con los instrumentos y medios con que contemos, la enorme tarea de educar política y cívicamente a la gente, para sacarla de su letargo y desidia.

En el juego de la competencia de las vencidas, como lo hacíamos de niños, en el de este proceso electoral el jaloneo entre el partido de los indiferentes e insensibles abstencionistas contra el partido de los votantes responsables, estuvo muy parejo en esta competencia de fuerzas y vencidas. La pesadilla de la abstención nos sigue rondando, se hizo presente y se dejó sentir nuevamente en nuestra democracia electoral doméstica. Un aplauso a los ciudadanos responsablemente votantes y una reprobación a los ciudadanos irresponsablemente abstencionistas.

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