Cinque Terre

Ricardo Becerra Laguna

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Economista. Fue subsecretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México. Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad luego de los sismos de 2017. Presidente del Instituto para la Transición Democrática.

Volver a lo (más) básico. Tocar madera no es suficiente

FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

Nuestro presidente tocó madera. Y sin embargo, no fue suficiente. La trayectoria de la economía es algo muy vasto, un proceso enorme que depende de millones de decisiones y de factores que se orientan o se alinean de diferente modo: hacia la expansión o hacia la contracción. Los economistas han bautizado a esa fluctuación como “ciclo económico”.

Las etapas típicas del ciclo son: expansión, recesión y recuperación, y ellas marcan el rumbo de los negocios, la actividad económica y el mercado laboral. Cualquier empresario, el gobierno, los banqueros, todos los actores de la economía deben estar atentos al ciclo pues sus decisiones tienen sentido porque ocurren en él. Por ejemplo, una empresa automotriz no producirá más carros si vislumbra que el mercado potencial está entrando a una recesión. No habrá quien los compre ¿para qué producirlos? Y por el contrario: si ya se vislumbra una expansión, conviene deshacerse de inventarios para iniciar una fase de producción nueva.

La recesión es el momento de contracción. Para simplificar: si en un periodo (trimestre) se producía 100 y en el siguiente 98, entonces la economía se está achicando. Si la cosa se repite en un segundo trimestre, has entrado a una recesión.

Es cierto que hasta junio aún crecíamos un poquito más que el trimestre anterior, pero lo importante es la tendencia: el conjunto de las decisiones vienen hacia abajo. Por eso, el INEGI ofrece un montón de indicadores que ayudan a determinar la posición actual del ciclo económico, de modo sobresaliente el índice compuesto de indicadores coincidentes. https://www.inegi.org.mx/app/tablero/

Se trata de seis indicadores que incluyen la actividad económica, la producción industrial, ventas al menudeo, la actividad económica global, el empleo, los salarios reales, la confianza empresarial y la confianza de los consumidores. Hasta mayo, todos iban hacia abajo, pero la cosa empeoró porque Inglaterra, Alemania, China han anunciado contracciones en su economía. Y E.U. acusa síntomas de frenar sus propias inversiones. De modo que a la debilidad interna se suma el contexto externo adverso.

Por eso no tiene sentido exorcizar una situación potencialmente grave “tocando madera”. Hay que hacernos cargo de los hechos que tienen el tamaño de un estadio de futbol: va a ser muy difícil esquivar la trayectoria de contracción de nuestra economía, va a ser muy difícil evadir la recesión. Necesitamos mucha política económica y buena suerte.

Nuestro PIB creció un 0.1 por ciento en el segundo trimestre de 2019, luego de registrar una caída del 0.2 por ciento en el primer trimestre del mismo, presente año. Los indicadores adelantados se ven mal y la economía global se deteriora.

Todo lo cual exhibe una realidad de fondo mucho más preocupante para todos nosotros, partidarios o no del gobierno de López Obrador: un severo  estancamiento y por primera vez en una década, una expansión económica inferior al crecimiento de la población.

Un país que en el primer año de una esperanzada “cuarta transformación”, se hizo más pobre. Hay que comprender la situación, escuchar a los que saben (sí, los economistas, entre otros), diseñar un plan contracíclico, actuar rápido y en grande.

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