Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

El violento regreso de Caro Quintero

Rafael Caro Quintero tiene 68 años de edad, pero está lejos del retiro, es más, desde que abandonó prisión en 2013, ha trabajado para recobrar el poder que alguna vez tuvo. “El Narco de narcos”, le dicen y lo fortalece su propia leyenda: El rancho el Búfalo en Chihuahua, que en su tiempo fue de alta producción de mariguana, el asesinato del agente de la DEA, Enrique “Kike” Camarena en 1985, e inclusive sus escándalos amorosos.

Ahora su territorio es Sonora. En junio de este año, sicarios de su grupo dejaron un reguero de muertos en Caborca, 12 para ser precisos.

La disputa es directa con los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, quienes batallan para mantener unido y poderoso al cártel del Pacífico, con la ayuda de Ismael “El Mayo” Zambada.

Imagen: Proceso

Por eso Sonora es uno de los estados más violentos: Un ejemplo: la medición de homicidios en Caborca y en Guaymas es de 140 y 93 por cada 100 mil habitantes, una cifra de guerra. Para ponderar, a nivel nacional se cometen 27 asesinatos por cada 100 mil habitantes, lo que ya es un un problema grave. Vale la pena consultar el “Reporte de Seguridad: México, 3er trimestre”, que elaboró la consultoría DataInt, para tener un esbozo del panorama completo.

Caro Quintero salió de prisión en agosto de 2013, luego de 28 años de reclusión, con sigilo pero a la luz del día. En los estrados de los juzgados se había presentado el aviso de liberación y ninguna autoridad judicial informó a la entonces PGR y mucho menos a la Comisión Nacional de Seguridad.

Los motivos para liberarlo eran de igual forma agraviantes: lo habían juzgado en el ámbito federal por el asesinato del agente de la DEA, pero un juez decidió que ello era incorrecto, porque Camarena no estaba acreditado como funcionario consular y el proceso se debió seguir en el fuero común. Un tecnicismo que tendría, como ya vemos, consecuencias funestas.

El Ministerio Público no hizo bien su trabajo, al no estar pendiente de las resoluciones y el capo se esfumó. Vino el escándalo, las presiones de los Estados Unidos y en particular de la DEA, las nuevas órdenes de captura, pero ya era tarde.

Es inquietante como aquella vieja historia, la que viene de los años ochenta, no acaba de terminar y cómo los personajes que construyeron grandes imperios criminales siguen dando de qué hablar.

Por lo pronto y por desgracia, la violencia criminal continuará, porque los mercados ilegales se expanden y porque no hay autoridad dispuesta a pagar el costo de hacer su trabajo y enfrentarlos.

Caro Quintero es el mejor ejemplo de por qué resulta indispensable detener a los cabecillas de las bandas, ya que ellos hacen la diferencia y en muchas ocasiones esta significa un verdadero baño de sangre.

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