Cinque Terre

Rubén Cortés

Periodista y narrador. Director General de La Razón

Vargas Llosa: de héroe a villano

En 1990, a AMLO se le pusieron coloradas las manos aplaudiendo a Vargas Llosa, porque dijo que México era una dictadura perfecta. Fue dos años después de que Manuel Bartlett (aseguraba) le había robado la elección a Cuauhtémoc Cárdenas.

Pero ayer AMLO se molestó porque Vargas Llosa dijo que un triunfo suyo en las próximas elecciones haría a México “retroceder a una democracia populista y demagógica” y a “las recetas fracasadas, como en el caso de Venezuela”.

En lugar de aprovechar la oportunidad para ponerse en órbita mundial debatiendo con uno de los principales ideólogos liberales del planeta (“no me voy a enganchar”), AMLO recurrió a su especialidad: la frase fofa. “Vargas Llosa es buen escritor, pero mal político”.

Lo dijo porque el Nobel de Literatura perdió unas elecciones presidenciales en Perú: en 1995 contra Alberto Fujimori. Una respuesta desatinada, porque entonces AMLO es peor político que Vargas Llosa, pues él ha perdido dos elecciones presidenciales: 2006 y 2012.

Pero es más relevante la declaración de Vargas Llosa ayer en Madrid, porque demuestra su congruencia como observador de la realidad política mexicana: el viejo PRI al que criticó en 1990 es el PRI que está hoy con AMLO.

Nada más veamos el caso del propio Bartlett: hoy es el prohombre de AMLO en el Senado de la República, pero durante la “dictadura perfecta” era el secretario de Gobernación del PRI a quien la izquierda cardenista (AMLO dentro de ella) acusó de robarle las elecciones de 1988.

Pero qué fue lo que dijo Vargas Llosa aquel 1 de septiembre de 1990:
“La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México. Es la dictadura camuflada. Tiene las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Y de un partido que es inamovible”.

Una década después, el PAN llegó al poder con Vicente Fox, en lo que se consideró la muerte del ancien régime y el inicio de una democracia que no hace más que fortalecerse cada día, con elecciones libres e instituciones fuertes.

En cambio, el ancien régime permanece con AMLO, como con su actual “coordinador de gabinete”, Alfonso Romo, de quien el mismo AMLO dijo antes que se benefició del Fobaproa de Zedillo, considerado por AMLO “el fraude más grande de la historia después de la Conquista”.

Y es su cercano Porfirio Muñoz Ledo, dirigente del PRI en 1968, cuando aprobó el informe del presidente Díaz Ordaz sobre la matanza de Tlatelolco, y presidente del partido en el gobierno de Luis Echeverría, de quien el propio AMLO fue funcionario.

Por eso AMLO representa el regreso a viejas recetas.

Como advierte Vargas Llosa.


Este artículo fue publicado en La Razón el 1 de marzo de 2018, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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