Cinque Terre

Fernando Dworak

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La unidad hueca

El problema de cuando la cursilería impera en el debate público es que la ciudadanía confunde la bravuconería con valor cívico, la renuncia de un funcionario con el surgimiento de un nuevo líder opositor, la monografía con historia, la retórica vacía con visión de Estado, el patrioterismo con defensa de los intereses del país y la fe a un líder con unidad nacional.

La carta del ejecutivo a Donald Trump no es más que una colección de frases que aspiran a convertirse en placas conmemorativas y poco más que eso. Con mucha razón el ex canciller Jorge Castañeda relacionó esta carta con un discurso de Miss Universo. Tan es así que bastó otro tuit del presidente estadounidense para seguir con las tensiones.

Lamentablemente seguiremos dando palos de ciego si no reparamos en dónde estamos parados, lo en lo que es en realidad la defensa de los intereses nacionales y la verdadera unidad nacional.

Primer tema: los ataques de Trump son parte de su estrategia para ganar la elección de 2020, pues no le importa México sino sus bases. Jugar a Benito Juárez no sirve ante un bravucón que no se contendrá ni conmoverá con retórica. La defensa de los intereses nacionales consiste en realidad de cosas que no hemos hecho al estar distraídos con la cursilería.

Un elemento central de una nueva estrategia bilateral es darnos cuenta que el modelo de relaciones con Estados Unidos está agotado: confiamos tanto que el TLCAN duraría para siempre que dejamos de preocuparnos por el cabildeo al Congreso estadounidense, por ejemplo. ¿Qué hacer? Explorar otras formas de organización, como redes de empresarios en ambos lados de la frontera y un lobby mexicano en Washington. Por desgracia nuestro grupo gobernante está atrapado en otro paradigma rebasado: la Doctrina Estrada.

También es necesario cambiar la retórica: la política es ruda. ¿Dónde está el candidato que decía que hablaría al tú por tú con Trump? Eso es algo que, de verdad, no se veía venir.

Segundo: la unidad nacional nunca es en torno a un líder si nos queremos asumir como democracia. Incluso es imposible construirla cuando ese gobernante ha florecido con la división, el encono y la polarización.

¿Qué implica en realidad un discurso de unidad nacional? Para empezar, acuerdos en temas centrales como la educación, el crecimiento, el desarrollo, la defensa de los intereses nacionales. Tan nunca lo hemos tenido que cada sexenio se tiende a reinventar todo. Aunque los últimos treinta años marcaron un rumbo, hay otro grupo que pretende imponer sus visiones. Se trata aquí de tener acuerdos básicos entre las fuerzas política sobre lo que no podrá tocarse y una conciencia clara de los costos y sacrificios.

Esto no tiene que ver solamente con las políticas internas, sino en lo que representaremos ante el mundo. ¿Es responsable dar pasos atrás en la política educativa cuando el mundo es cada vez más integrado y se debe competir cada vez más? ¿Qué señal enviamos si desmontamos nuestra estructura de promoción de México y nos ponemos a contemplarnos el ombligo como en los años 70? Da tristeza ver cómo el gobierno quiere hacer creer que es indispensable la fe ciega en una persona que no ha dado elementos para entender cómo funciona el mundo más allá de lugares comunes.

¿Qué hacer? Si no se hace ahora una defensa clara de alternativas frente a lo que se está haciendo, vamos a la debacle. No hay márgenes de maniobra con el deterioro que ha experimentado la economía en los últimos meses. A lo largo de este año Trump va a endurecer sus posturas y cada tema que se le concede no lo apaciguará, sino todo lo contrario.

Si los partidos no hablan claro sobre sus posturas y aprovechan la crisis que marca esta coyuntura, quizás será demasiado tarde. Y sobre todo, si seguimos en el discurso de encono en lugar de hablar sobre los intereses de todos, no nos sorprendamos que perdamos la democracia. Todos somos responsables.

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