Cinque Terre

Rubén Cortés

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Periodista y escritor.

Una ligereza de Claudia Sheinbaum

La Jefa de Gobierno pierde a menudo la oportunidad de quedarse callada. Como al afirmar que sufrió una paliza electoral, porque la gente estaba en sus casas por la pandemia “viendo televisión y sus celulares”.

Claudia Sheinbaum se equivoca, pues si la gente hubiese estado en la calle, entonces habría tenido cercanía física con el entorno dolorosísimo de ver, abrazar, condoler a los deudos de medio millón de muertos en una pandemia mal manejada por su jefe.

Además, hace pensar que considera unos cretinos a la mayoría de sus gobernados. Debería saber que el silencio es un arma de la comunicación, porque fue gracias al encierro que la gente no vio en vivo el dantesco espectáculo de la pandemia, que aun no acaba.

El de decenas de miles de familias llorando muertos y de decenas de miles de amigos asistiendo a ritos fúnebres. Y saber que el 94 por ciento de los muertos han sido obreros, amas de casa, jubilados y pensionados, según estudios de la UNAM.

Y estar encerrados evitó comprobar que quienes ponen el muerto son los más pobres, justamente quienes su gobierno asegura proteger.

El confinamiento también atenuó el malestar por estar pagando los precios más altos desde 1999.

Con la economía derrumbada desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco (cero crecimiento en 2019 y menos 13 por ciento en 2020), el Índice Nacional de Precios al Consumidor en México es el más alto en casi un cuarto de siglo.

La Jefa de Gobierno vive alejada del mundo si cree que es transferible la suerte que tiene su jefe de que millones le acepten sus explicaciones, frases y conceptos infantiles, intrascendentes, vacuos y baladíes.

El poder si puede ser heredado. La propia Claudia Sheinbaum es ejemplo fehaciente, como el 99 por ciento de quienes gozan hoy de puestos gracias al irrefrenable arrastre popular del de las explicaciones, frases y conceptos infantiles, intrascendentes.

Lo que no puede ser heredado es el talento para lograr que la gente se trague un cuento como el que hizo el fin de semana la Jefa de Gobierno, de que le dieron una paliza electoral porque la gente estuvo estupidizada delante de la tele y de los teléfonos.

Porque entonces se infartarán cuando salgan y vean que hay 10 millones más de pobres que cuando ella empezó a gobernar, hace dos años y medio; y que 12 millones ganan menos de la mitad de lo que ganaban entonces.

Que las seis ciudades más violentas del mundo (más homicidios por cada 100 mil habitantes) están en México, que somos el país líder mundial absoluto en violencia homicida, con 100 mil asesinados en dos años y medio.

Sí. Parece perdida en un campo de lechugas.

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