Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

Un pejista me escribe…

No hay otra manera de evitar la adulación que hacer comprender

a los hombres que no ofenden al decir la verdad

Maquiavelo

Repitiendo el modito antiargumentativo, mentiroso y descalificador de su dios, un obseso obradorista se autocomplace desde hace varios meses enviándome correos llenos de insultos y creencias estúpidas. Los textos de Etcétera en que argumento que Andrés Manuel López Obrador conserva una fiscalidad neoliberal y que representa un priismo de derecha lo enfurecieron más que nunca y maltecleó más insultos que de costumbre. También intentó, una vez más, producir algo parecido a un argumento al recurrir a un tuit de Hernán Gómez Bruera y a unos dichos de Lorenzo Meyer. Después de carcajearme por sus insultos estériles y sus teclazos de ogro torpe con discapacidad cultural y supersticiones políticas obesas, tomo media hora para refutar su apología obradorista que repite a Gómez y Meyer.

El pejista, idéntico a otros miles fabricados por “el movimiento”, berrea que sí, que Andrés Manuel López Obrador es de izquierda, que ya no hay neoliberalismo gracias a él y que es un ejemplo de “más izquierda” (así dice) para el mundo. ¡Para el mundo! Pinche Escandinavia…

Ocurre que Gómez y Meyer le hicieron creer que eso se debe repetir porque 1) López Obrador subió el salario mínimo; 2) da pensión a los viejitos; 3) ha hecho mucho por la vivienda popular; 4) acabó con la “guerra contra el narco” y no hay militarización, y 5) hay que ver lo que dice cuando habla… Agradeciendo la oportunidad que uno de ellos crea para que yo insista en mis argumentos y él se ponga a rabiar, dedico estas líneas a los ogritos y aduladores:

1. Los aumentos al salario mínimo no están mal, no me opongo, no los critiqué. A diferencia de López Obrador y sus pajes, no soy mezquino y reconozco que un salario mínimo no tan mínimo es un acierto de este gobierno; también reconozco que se hicieron con la rápida aceptación del empresariado y que al final es un avance mínimo —y frágil— por sí mismo y por lo que no lo acompaña. Aumentar el salario mínimo es como la alfabetización: es más importante como propuesta cuando no existe, cuando ni siquiera eso existe, pero se vuelve menos importante en cuanto se da, no sólo por ya existir sino por todo lo que no es y falta. Además, es una medida que se puede tomar sin que sea de izquierda quien la toma. Muchos gobiernos del mundo que no son de izquierda han querido o tenido que hacer aumentos al salario mínimo. Si López Obrador es de izquierda, el PRI clásico lo sería doblemente; esto es: si insisten en que su ídolo es de izquierda por lo que dice y hace, por consecuencia tendrían que decir que todos los gobiernos de la hegemonía priista fueron de izquierda. Y luego les caería encima el problema de la demostración.

2. El programa federal de pensión para adultos mayores no nació con este gobierno. Ya estaba instituido. Ha existido (con variaciones) durante la mayor parte de este siglo, bajo gobiernos neoliberales. Lo que va en el sentido de las líneas 8 y 9 del punto anterior. Gobiernos neoliberales, no de izquierda, como los de Calderón y Peña, tuvieron y mantuvieron ese programa porque es relativamente fácil y bastante conveniente hacerlo. Incluso fue parte del “Pacto por México”. Lo que pasa es que los fanáticos pejistas son ignorantes, fantasiosos y por eso se impresionan “históricamente” con todo lo que hace (o repite) AMLO. Lo dejo para reflexión sobre los puntos 1 y 2: hay cosas que son intrínsecamente de izquierda, hay otras que no y pueden hacerlas políticos, partidos y gobiernos tanto de izquierda como de derecha –es el caso del clientelismo, que no es el comunismo-, y hay cosas que o son intrínsecas a la izquierda o han tendido a relacionarse con ella pero pueden ser realizadas fragmentariamente por cuerpos no izquierdistas.

Cuartoscuro

3. Deberían revisar los números de vivienda del gobierno de Carlos Salinas… ¿Y era de izquierda? Según el mismo Salinas, sí, lo mismo que dice López Obrador sobre sí mismo. No lo era en realidad, con todo y su programa nacional Solidaridad.

4. Quien afirma que López Obrador canceló la “guerra contra el narco” no sabe de lo que habla. Para saber qué es “la guerra” lea esto. El ogrito adulador, como no lee o no entiende, no se ha enterado de que no hay ninguna legalización de ninguna droga. ¿Qué hicieron los obradoristas con la regulación de la marihuana y qué dijo el presidente sobre el tema? Sobre que no hay militarización, Lorenzo Meyer está mintiendo —y no es su único error por obradorismo: lea esto también.

5. “Cómo habla” el máximo líder, el discurso: es retórica, nada más. Y ni siquiera toda su retórica es izquierdista. López Obrador es el presidente que dijo que la familia es la mejor seguridad social… Y, además, algunos entendemos qué tipo de familia tiene en mente: la misma que el intrépido “cazacomunistas” Julen Rementería.

Los pejefans no dicen la verdad, ni quieren ni pueden encontrarla; sólo adulan y ofenden, pero hasta en esto fracasan.

Extra: la escultura Tlalli, que quiere el gobierno de Claudia Sheinbaum, es un auténtico producto obradorista. Todo es una mezcla contradictoria con la que se intenta parecer “bueno”, pero sólo se es superficial: ¿qué significa que el escultor sea hombre blanco y Tlalli tenga tabique nasal de Nicole Kidman?

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