Cinque Terre

Ricardo Becerra Laguna

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Economista. Fue subsecretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México. Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad luego de los sismos de 2017. Presidente del Instituto para la Transición Democrática.

La tristeza de Cleo: Decisiones sin evidencia. Política sin ciencia

Foto: El Universal

Acababa de leer un Informe publicado apenas en enero de este año, auspiciado por la OCDE y dedicado enteramente al estancamiento social y la pobreza “¿Un ascensor social roto? Cómo promover la movilidad social” (puede verse aquí: https://tinyurl.com/y5ptando) cuando me enteré de la decisión: el Gobierno de la República disminuye a la mitad el presupuesto para estancias infantiles: de 4 mil 70 a 2 mil 41 millones de pesos anuales, reduciendo además el universo de la niñez beneficiaria: ya no los que cumplen 4 años, sino los que alcancen apenas 3.

          El Presidente defendió el mazazo en una de esas mañanas: la Secretaría de Bienestar halló varios casos de corrupción con los apoyos gubernamentales a las estancias, luego entonces, se cancelará el conjunto del programa.

     No es una vez, ni dos, sino un estilo sistemático, una manera de ser y hacer de la Cuarta Transformación.

        Como con el Seguro Popular. Como con el Aeropuerto. Como con el Tren Maya y muchas otras grandes y graves decisiones, no han tenido la paciencia de presentar cifras, datos, estudios objetivos y profesionales que respalden la determinación, que intenten convencer o mejor, demostrar.

       ¿Porqué? ¿Y los expertos en cada tema? ¿Y las instituciones encargadas de evaluar políticas, instrumentos y resultados de gobierno? ¿Por qué han sido olímpicamente ignoradas? Para mí, este es uno de los más grandes misterios del gobierno que apenas comienza.

I.- LA ADULTEZ DEPENDE DEL TIPO DE NIÑEZ.

Aún retumba en mi cabeza una de las conclusiones del Informe de la OCDE que reseñaba más arriba: “La posibilidad de un crecimiento con salud y del ascenso social se juega en el mercado de trabajo, en la educación recibida pero muy especialmente, en la etapa previa, en esos mil 825 días que transcurren desde el parto hasta el año quinto”, etapa en la cual se constituye lo fundamental de las conexiones cerebrales y de la fortaleza emocional.

            Y como siempre: los que son menos cuidados y peor atendidos por sus propias familias durante ese periodo son precisamente, los niños… pobres.

         En uno de los libros más notables que conozco sobre estos asuntos en el que se afirma sin rodeos: es en la niñez temprana “cuando la desigualdad se mete bajo la piel… cuando la ansiedad y la precariedad de los padres se transmite de una generación a otra, donde empiezan a surtir efecto fisiológico y psicológico las desventajas sociales” (Wilkinson, R. y Kate Pickett. Desigualdad: un análisis de la (in) felicidad colectiva. Turner, Madrid, 2009).

            Por eso no se puede tomar a la ligera lo decidido la semana pasada: porque toca lo más sensible, lo que “está bajo la piel” en la estructura nacional, tremendamente pobre y desigual. Sin paliativos, la decisión gubernamental acaba afectando a los más débiles: los niños, los más pequeños además.

II.- ¿QUÉ DICE LA EVIDENCIA?

Por fortuna existe el Consejo Nacional para la Evaluación de las Políticas Sociales (CONEVAL). El cual, hace menos de un año, en una ficha técnica perfectamente pública describe:

“El Programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras (PEI)[1] contribuye a mejorar las condiciones de acceso y permanencia en el mercado laboral de las madres, padres solos y tutores que trabajan, buscan empleo o estudian, mediante el acceso a los servicios de cuidado y atención infantil, como un esquema de seguridad social…

“Los beneficiarios son el grupo de madres de 15 años y más, con hijas e hijos de entre 1 y 4 años, sin acceso a seguridad social de forma directa o por parentesco con el jefe del hogar, en hogares con ingreso per cápita inferior a la línea de bienestar”.

           Ese es el programa de repente reducido a la mitad. ¿Y cuales son sus resultados medidos, rigurosamente, por el CONEVAL después de diez años de echado a andar ese programa? Aquí un resumen (ver https://tinyurl.com/yysymcp8):

  1. El PEI aumenta en 18 por ciento la probabilidad de que las madres encuentren y permanezcan en sus empleos.
  2. Antes de la existencia del PEI solo el 0.05 por ciento de sus beneficiarios tuvieron acceso a los servicios de guardería con anterioridad. O sea: el 99 por ciento de esos niños estaban condenados a no tener otra posibilidad mas que la de estar metidos en sus casas (con sus abuelos o no) durante el momento más formativo de sus vidas.
  3. El 93.9 por ciento de las personas beneficiarias consideran que el Programa contribuyó a mejorar su calidad de vida y la de sus hijos, posibilitó permanecer en el empleo, mejoró la salud mental y física al entrar en contacto con otros niños diferentes, y permitió el incremento de los ingresos monetarios
  4. El 96.5 por ciento cree que la atención y el cuidado de sus hijos en la Estancia ha tenido un impacto positivo en el desarrollo del lenguaje, en sus habilidades sociales y un 97.5 por ciento han observado una mejora en el desarrollo motriz de sus hijos.
  5. Hasta el sexenio de López Obrador, el Programa de Estancias Infantiles había alcanzado cobertura nacional. Para 2017 tuvo presencia en más del 50 por ciento de los municipios de México. 9 mil 399 Estancias Infantiles ofrecieron el servicio de cuidado y atención infantil a 310 mil 968 madres y padres solos, y se atendió a un total de 327 mil 854 infantes. Las Entidades Federativas con el mayor número de beneficiarios son: Estado de México (12.2 por ciento), Veracruz (7.2 por ciento), Puebla (5.6 por ciento), la Ciudad de México (5.5 por ciento) y Jalisco (5.32 por ciento). Desde 2007, el Programa benefició a 1 millón 825 mil 394 madres y padres solos y ha atendido a 2 millones 174 mil 415 niños mexicanos.

           ¿En conclusión? El PEI representa (¿representaba?) una de las grandes oportunidades de afirmación personal y social, protección y crecimiento de los niños y los padres más pobres en México. Su cancelación puede representar uno de los errores más graves en la política social de México y varios pasos atrás en el objetivo de casi toda izquierda por construir un mínimo, decente, Estado de Bienestar.

III.- CODA.

Vuelvo al estudio de la OCDE: en este mundo volátil, el origen familiar ya no es la explicación central para entender el hundimiento, los bajos niveles de bienestar social, ya no es la variable fundamental. El estancamiento parece estar ligado a la contención o a la interrupción de la inversión en algunas de las políticas más importantes para la igualdad de condiciones. No se trata de poner a competir por un puesto en la preparatoria a un indígena mal alimentado y cuidado por sus abuelos, que a un joven de apellido larguísimo criado desde niño en una guardería en donde le enseñaron inglés desde los 3 años. Más que oportunidades, son las condiciones, no en todo (imposible) pero si en lo más esencial. Socializar con otros niños, salir del embrutecimiento de la vida enclaustrada, ser atendido por educadoras con experiencia y recibir un buen almuerzo desde los dos años.

            La ecuación no se presta a malabares: los países que en décadas anteriores gastaron en redes fuertes de protección social para las familias y, además, promovieron la inclusión frente a la segregación educativa en los primeros años de existencia, son los que mejor nivelaron la desigualdad y la ventaja de cuna, dura y preexistente por el origen social.

            No sólo el Secretario Urzúa, no sólo el Presidente, sino la modesta Cleo estaría de acuerdo: con temas tan esenciales no se juega. Ningún gobierno debería tomar decisiones tan serias (y al cabo tan injustas) sin haber echado un vistazo a la evidencia y a la ciencia.

[1] Dice el CONEVAL: El Programa erige dos modalidades de apoyo: 1) a las madres y padres solos para el pago de los servicios de las Estancias Infantiles (EI) por $900 mensuales por niña o niño de entre 1 a 3 años 11 meses de edad, o $1,800 si presenta alguna discapacidad, en este caso se consideran a niñas y niños de entre 1 a 5 años 11 meses de edad; y 2) apoyos para el impulso a los servicios de cuidado y atención infantil, dirigido a personas físicas o morales que deseen establecer y operar una EI, el monto inicial de apoyo es de hasta $70,000 para la adecuación del espacio, la compra de mobiliario, el pago de la Póliza de Seguro de Responsabilidad Civil y Daños a Terceros, y para gastos relacionados con la elaboración de un Programa Interno de Protección Civil.

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