Cinque Terre

Germán Martínez Martínez

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Escritor. Fue director artístico del DLA Film Festival de Londres y editor de Foreign Policy Edición Mexicana. Doctor en teoría política.

Tres colores: Azul. Kieslowski y Europa

En bodas, al menos las mexicanas, es lugar común leer el capítulo 13, sobre el amor, de la epístola de Pablo de Tarso a los corintios. Fragmentos como “el amor no es jactancioso, no se envanece…”, que suenan bien para esas ocasiones —más conducidas por el sentimentalismo y la convencionalidad que por la radicalidad del amor. El director polaco Krzysztof Kieslowski también recurrió a esa parte de la Biblia en su película Tres colores: Azul (1993). Los primeros versículos —más enigmáticos que la descripción del amor—, le sirvieron a Kieslowski para el ficticio Concierto a la Unificación de Europa que resuena en la mente de la protagonista Julie (Juliette Binoche) y que, en la historia de Azul, acompañaría un momento de la evolución de lo que hoy conocemos como la Unión Europea (UE).

THREE COLOURS BLUE FR1993 JULIETTE BINOCHE Date 1993, Photo by: Mary Evans/Ronald Grant/Everett Collection(10344311)

El cine de Kieslowski tiene una compostura artística inevitable —muchos la buscan durante toda su carrera sin jamás alcanzarla, mientras a los creadores excepcionales les resulta ineludible. Kieslowski gozó de esa compostura incluso cuando fue tremendista y por ello pudo lidiar con aparentes adopciones esquemáticas de temas, fueran mandamientos religiosos o cuestiones sociales. La cinta es parte de una trilogía que se corresponde con los colores de la bandera francesa y que se suponía dedicada a los valores del lema de la República francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Azul sería la película de la libertad. Quiero, pues, hacer una de las múltiples interpretaciones factibles de Azul.

Cualquier lectura está influenciada por quien la hace. En mi caso, mi interpretación está relacionada tanto con hechos políticos recientes —la amenaza del nativismo populista—, como con reflexiones para un libro en que estoy trabajando —una crítica del nacionalismo cultural. Como he escrito previamente en esta columna , las lecturas ideologizadas de las películas, y de la cultura en general, pueden ser disparatadas. Éstas atribuyen, por ejemplo, subversión de supuestos paradigmas neoliberales a una obra artística simplemente por las simpatías anticapitalistas del crítico —o porque el creador lo haya afirmado—, aun si en las obras no hay elementos que sustenten esas interpretaciones. Lo razonable, considero, es ofrecer lecturas coherentes de las creaciones artísticas, que siempre pueden ser múltiples, pero no arbitrarias.

La trilogía compuesta por Azul, Blanco y Rojo fue una coproducción francesa —nación que era parte central de la UE—, polaca —país que se integraría a la UE 10 años después— y suiza —que no era ni es parte de la UE. La cuestión nacional es significativa en este filme de Kieslowski porque su argumento se desarrolla tanto en la tensión entre la individualidad de Julie y la pequeña comunidad que su familia había sido, como en el contexto de países que estaban a punto de dar pasos de unificación a pesar de haberse hecho guerras, con costo de millones de vidas, pocas décadas antes.

El estilo cinematográfico de Kieslowski tenía entre sus características el efectismo. El constante uso de acercamientos, incluso extremos, fueron parte de él. Con el paso del tiempo y a fuerza de ser imitados, algunos de los recursos de Kieslowski quizá ahora pasan desapercibidos. Otros se han vuelto imperceptibles por las condiciones de exhibición. Lo que ha pasado con uno de los trucos de Azul puede vincularse con la temática de Europa. La película tiene momentos impactantes que se han perdido incluso en salas de cine. En sus proyecciones originales se experimentaban súbitos segundos de absoluta oscuridad en la sala para volver después al color. Así se vio en el ahora inexistente Cine Latino de la Ciudad de México. Hace poco quise creer que podría tener de nuevo esa experiencia en un lugar de proyecciones cuidadas: el Institute of Contemporary Arts de Londres. No fue así. Cuando indagué al respecto me contaron que, en efecto, se habían planteado reproducir la intención original de Kieslowski. Sin embargo, las reglas de higiene y seguridad compartidas por Gran Bretaña y la UE han llenado los cines de señales luminosas que apuntan hacia salidas de emergencia y los suelos se han cubierto con indicadores, también luminosos, que está prohibido apagar. Alrededor del mundo hay reglamentos semejantes. Los cines ya nunca están realmente a oscuras.

La relación con el proyecto europeo —que es muchas cosas—, está en la radicalidad de una de sus propuestas: culturalmente la Unión Europea significa la audacia de suponer que los individuos son capaces de superar la llamada de la tribu. El proyecto civilizatorio de la Unión Europea plantea la posibilidad de ir más allá del atavismo de que uno debe sentir a su nación como consustancial a uno mismo y tener tal apego a las convenciones de la comunidad que hasta la propia personalidad debe amoldarse a esa cultura. Esto suele ir acompañado de una tara aceptada y hasta celebrada: la de envanecerse por lo que se supone propio, el orgullo nacional.

A través de los años, desde aquel paso de unificación, la UE se haría de regulaciones que parecerían limitar algunas libertades. En la trilogía de Kieslowski desconocemos la forma en que Julie seguiría ejerciendo su libertad, aunque en Rojo la atisbamos viajando. Como expondré en mi libro Tolerancia y libertad, el no, especialmente el no a las culturas nacionales es una de las caras deseables de la libertad. En Azul, Julie toma decisiones, incluso ante el descubrimiento de la traición de su esposo, que frecuentemente contradicen lo que su colectividad espera de ella. Pudiendo lograr reconocimiento musical universal por componer el Concierto a la Unificación de Europa, Julie prefiere el anonimato. La unificación de Europa que Kieslowski quería cantar es una superación de la cárcel nacional, así como los rechazos de Julie son encarnación de la libertad: decisiones contra lo opresivo de la comunidad a la que uno inevitablemente pertenece.

Tres colores: Azul está disponible en MUBI.

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