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Transición

Este lunes 9 de noviembre Joe Biden, presidente electo de Estados Unidos, y la vicepresidenta Kamala Harris anunciarán sus primeras decisiones del periodo de transición en el gobierno de nuestro país vecino. La situación con la que tendrán que lidiar es muy complicada. En primer lugar, hasta el día de hoy Donald Trump no acepta su derrota, lo cual no es un buen augurio.

Una población polarizada al máximo, donde alrededor de 70 millones de estadounidenses apoyan aún al presidente populista, no son buenas noticias para la administración entrante. Un hombre resentido, inmaduro e iracundo como lo es el excandidato republicano no hace suponer una transición pacífica ni correcta, ni mucho menos tersa, ya no digamos elegante.

Me parece que el mundo debe prepararse para que en estas pocas semanas que quedan de su mandato, veamos un desfile de locuras e intemperancias propias del despecho.

Conocemos bien a este tipo de personajes. Recordemos el complicado 2006 que tuvo que enfrentar Felipe Calderón (y todos los mexicanos) cuando Andrés Manuel López Obrador se autonombró presidente legítimo, mandó al diablo las instituciones y decidió bloquear Paseo de la Reforma, con todo lo que esto implicó, nada más porque los votos no lo favorecieron. Trump es un perdedor de la misma clase: tampoco es un demócrata.

La pandemia de la Covid-19 en Estados Unidos tampoco es un problema fácil de encarar. Recordemos que Estados Unidos es el país que encabeza la lista de los 10 países con más casos confirmados por el brote del virus, con más de 10 millones de contagios y más de 237 mil fallecimientos. La buena noticia es que a partir de esta misma semana Biden nombrará a un grupo de científicos y expertos para controlar la pandemia en su país. Se dice que planea designar a los doctores Vivec Murphy, exdirector de Salud Pública, y David Kessler, exdirector de la FDA, para encabezar este importante equipo de trabajo.

Credit: Andrew Harnik / AJC

Es bien conocida la posición del presidente Trump en cuanto a la ciencia, pero ahí les va: entre otras barbaridades ha dicho que las vacunas infantiles causan autismo, que el cambio climático es una mentira, ha minimizado la pandemia, se ha rehusado a usar cubrebocas, ha apoyado medicamentos que no están probados para combatir al virus (como la hidroxicloroquina) y ha promovido el uso de desinfectantes “intravenosos” o lámparas de luz ultravioleta como medidas para curar enfermos con esta pandemia. Más aún, ha llamado públicamente “idiotas” a los médicos más destacados de su país y decidió retirarse, sólo por sus pistolas, de la Organización Mundial de la Salud. Ya para qué les recuerdo las ofensas personales y descalificaciones al doctor Anthony Fauci, un especialista en enfermedades infecciosas que es un referente mundial.

Por su parte, el presidente electo ha respetado puntualmente todas las recomendaciones que han hecho los institutos médicos, como la sana distancia, el uso de cubrebocas, evitar la realización de mítines multitudinarios y se ha posicionado siempre como respetuoso y promotor del pensamiento científico.

Me atrevería a decir que Trump ha sido el presidente de Estados Unidos más ignorante y militantemente anticientífico de su historia. Y su gestión de la pandemia es un ejemplo de todo lo que no debe hacerse. ¡Casi como aquí!

Desde mi punto de vista estos dos retos, la polarización del pueblo norteamericano y el desastroso manejo de la crisis por Covid-19 son dos problemas centrales que seguramente serán prioritariamente atendidos por el presidente electo.

Que México y Brasil sean los dos únicos países de América Latina que no hayan expresado su felicitación y reconocimiento a la dupla Biden-Harris (hasta Cuba y Venezuela lo han hecho) es una muestra más de cómo los populistas de un extremo u otro, son todos perturbadoramente iguales. Cuando en algunos años haya pasado esta crisis de demagogos, se recordarán estos tiempos, especialmente en los países que hemos sufrido sus efectos, como años de superchería, ignorancia suprema, oscurantismo y autoritarismo que ya han costado muchas vidas.

Cualquier cosa que haga o diga Biden en los próximos cuatro años será sin duda mucho mejor que la pesadilla que el mundo ha vivido desde que ganó el esposo de Melania. Muchos nos conformamos ahora, aquí y allá. con gobernantes, si no deslumbrantes, si con empatía, demócratas, honestos y sensatos. Ya no pido más.

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