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Ricardo Becerra Laguna

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Economista. Fue subsecretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México. Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad luego de los sismos de 2017. Presidente del Instituto para la Transición Democrática.

Volver a lo (más) básico: todo sería constitucional

No hemos tenido una discusión más importante y que acapare mayor atención de los mexicanos que la renuncia del Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Eduardo Medina Mora.

Seguimos sin conocer cual es la “causa grave” que lo orilló a tal decisión. Pero lo que si hemos conocido son un montón de filtraciones y especulaciones que nos llevan a inferir un caso de corrupción con proporciones inauditas.

Independientemente de la vida, milagros y desdoros del señor Ministro, la discusión inmediata ha sido la de una eventual pérdida de autonomía de parte de ese poder constitucional, pues de repente, el presidente López Obrador, tendría en sus manos la posibilidad de armar una mayoría a su favor en la SCJN ante el súbito regalo que le da la dimisión ocurrida el lunes. Pero, exactamente ¿cuál es el riesgo?

Consecuencias institucionales. La Suprema Corte de Justicia de la Nación está conformada por 11 ministros, uno de ellos su Presidente. De las cosas más importantes que decide ese órgano es aceptar o no, validar o no, la constitucionalidad de las acciones de los gobiernos. Es una responsabilidad de la mayor importancia pues con ello se controla las posibles arbitrariedades de nuestros más altos funcionarios. Como se trata de decisiones muy graves y delicadas esas declaratorias de “constitucionalidad” no se activan por mayoría simple sino que requieren ocho votos. ¿Lo ven? Ocho de once.

Dada la renovación cíclica de la Corte, al presidente López Obrador ya le ha correspondido promover a dos Ministros. La renuncia de Medina Mora le regala un tercero, de modo que queda a sólo uno de tener el cuarto. Un solo voto para que ese órgano no falle de manera adversa ante alguna acción de su gobierno.

¿Qué cosas están en juego? Pues por ejemplo, las leyes que regularán a la Guardia Nacional; también las leyes que dan vida a la reforma educativa; la viabilidad y legalidad de los llamados súper-delegados o diversas controversias que se desprenden de la cancelación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (son solo unos botones de muestra).

Esta aritmética no es una fatalidad pero la ambición transformadora (no siempre para bien) del presente Gobierno, con esta composición, puede ya no tener ningún obstáculo jurídico, ningún contrapeso en la SCJN con cuatro votos afines. En otras palabras: si López Obrador conquista cuatro, todo lo que haga su gobierno será constitucional.

Insisto: no es automático, pero es díficil no pensar así después de los hechos precedentes (por ejemplo, el presidente ha enviado a las mismas personas en ternas recompuestas cuando las mismas personas han sido ya rechazadas por el Senado).

Hasta ahora dos votos, de magistrados propuestos por él, han votado en línea. Viene un tercero y las matemáticas le exigirían uno más, para completar ese bloque necesario que permitiría dejar pasar toda decisión, por extrema o abusiva que fuera. Como decimos: a partir de entonces, todo sería constitucional.

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