Joyeria de plata mexicana para cautivar
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Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

Tanhuato, dudas razonables

En un enfrentamiento de carácter militar como el ocurrido en el Rancho el Sol, municipio de Tanhuato, Michoacán, en cualquier parte del mundo suele haber no sólo muertos sino también heridos y gente que ante la superioridad del adversario se rinde y entrega. No es el caso donde 42 presuntos delincuentes fueron abatidos y sólo un integrante de la Policía Federal (PF) perdió la vida.

En los años de la guerra civil en Nicaragua, Guatemala y El Salvador, había heridos de ambas partes y también guerrilleros o soldados que se entregaban. No es el caso de la guerra sucia desatada por los regímenes militares en Argentina, Uruguay y Chile, donde la orden era aniquilar al “enemigo”. Algo parecido, guardando las proporciones, sucedió en México, en la lucha contra la guerrilla, de manera particular en el estado de Guerrero.

Ante los hechos de Tanhuato, sólo tengo preguntas. ¿Frente a la superioridad numérica de los integrantes de la PF, nadie de los presuntos delincuentes se rindió? ¿Los disparos de los integrantes de la PF fueron tan certeros que no provocaron ningún herido? ¿La moral de combate de los supuestos delincuentes es tan alta que prefieren morir peleando que entregarse? ¿El caso del Rancho el Sol es excepcional y no sigue la dinámica de lo que ocurre en casos semejantes?

Las explicaciones que escucho y leo de los funcionarios, en particular del comisionado nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido García, y el comisionado general de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos, no responden a las preguntas que planteo. Es posible que estemos realmente ante un hecho único donde unos delincuentes con una altísima moral de combate en defensa de su “causa” deciden luchar hasta el final antes de entregarse.

De acuerdo con declaraciones de Rubido García, “siguiendo los protocolos” se invitó por megáfono a los presuntos delincuentes a entregarse, pero sólo tres de éstos respondieron al llamado. Galindo Ceballos afirma de manera categórica que “no hay una sola ejecución”. Los datos y argumentos de los funcionarios públicos deberían probar, para el bien de todos, el carácter único de lo que pasó. Hasta ahora ofrecen afirmaciones, pero no evidencias de lo que ocurrió. La falta de explicaciones contundentes plantea dudas razonables sobre los hechos.

De acuerdo con la versión oficial, participaron 100 policías federales que se enfrentaron a 45 presuntos delincuentes, en proporción de dos a uno, durante tres horas, en una extensión de 112 hectáreas. Los enfrentamientos ocurrieron en diversos sitios de la propiedad. ¿En todos esos espacios se aplicaron los protocolos y se pidió a los presuntos delincuentes que se rindieran? ¿Ante la muy evidente superioridad numérica, nadie se rindió? Toca a las instituciones del Estado garantizar la seguridad y la paz social en el marco de la ley. ¿Así ocurrió en Tanhuato? Espero que sí.


Este artículo fue publicado en El Economista el 16 de Febrero de 2015, agradecemos a Rubén Aguilar Valenzuela su autorización para publicarlo en nuestra página

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