Cinque Terre

Luis de la Barreda Solórzano

Tabú

Ante la brutal agresión perpetrada por un grupo de pandilleros, varios de ellos alumnos de la UNAM —los llamados porros—, contra estudiantes que se manifestaban pacíficamente en la explanada de la Rectoría de Ciudad Universitaria, el rector reaccionó con energía y prontitud

El ataque produjo numerosos lesionados, entre ellos dos jóvenes cuya vida fue puesta en peligro. Uno de ellos estuvo a punto de perder un riñón. Cuando ya se encontraba tirado fue objeto de tres navajazos en la zona renal. Al otro se le encajó en un glúteo un objeto que, por la forma y profundidad de la herida, probablemente fue una varilla.

De inmediato, el doctor Enrique Graue presentó la denuncia correspondiente e inició el trámite de expulsión de los agresores inscritos en alguno de los planteles de la UNAM, los cuales han sido identificados por los videos de la arremetida. Además anunció medidas para mejorar la seguridad en todas las instalaciones de la Universidad y para erradicar de una vez por todas el porrismo de nuestra máxima casa de estudios.

Con base en las imágenes aportadas por la UNAM, un juez de control ha librado 15 órdenes de aprehensión. Ya hay un detenido, vinculado a proceso. Son buenas noticias porque lo que incentiva nuevos ataques es principalmente la impunidad, saber que se pueden cometer delitos sin sufrir consecuencia alguna.

Será el Tribunal Universitario el que decida sobre las expulsiones. Desde luego, los imputados tendrán todo el derecho a un debido juicio en el que contarán con todas las posibilidades de defenderse de la acusación.

Los porros han existido desde siempre en las escuelas y facultades de la Universidad Nacional. Nunca he tenido claro el por qué y el para qué de sus tropelías. Desde que era estudiante de prepa —en la Preparatoria Uno, cuya sede era entonces el Colegio de San Ildefonso— todos mis compañeros y yo sabíamos que esos delincuentes podían llegar en cualquier momento a robar, vejar y golpear, y que no se haría nada contra ellos.

No teníamos duda de que alguien los manejaba mercenariamente. ¿Pero con qué objetivo? Se perseguía con su instrumentación un propósito político, decíamos en las charlas sobre el tema, pero sin que a nadie le resultara evidente lo que se quería significar con eso. ¿A quién le convenía que se agrediera a estudiantes? ¿Con qué fin?

Los alumnos de la UNAM resultan vulnerables ante las eventuales agresiones por la evidente razón de que el personal de seguridad y vigilancia, desarmado como está, no es mucho lo que puede hacer ante una embestida criminal de jóvenes sin escrúpulos, entrenados para atacar y armados con piedras, palos, navajas, varillas y bombas molotov.

Una extraña paradoja: los universitarios exigimos seguridad en cada campus universitario, pero existe el tabú según el cual la policía no puede ingresar a ningún plantel de la Universidad porque si lo hiciera estaría violando la autonomía.

Imaginemos que una patrulla descubre que hombres armados llevan en un automóvil a un secuestrado. Los patrulleros, como es su deber, persiguen a los secuestradores, pero éstos logran entrar a Ciudad Universitaria. ¿La patrulla debería dejar de perseguirlos porque han entrado en zona vedada al ingreso de la policía, aunque peligre la vida del secuestrado y se trate de flagrante delito? ¿No es absurdo?

Autonomía universitaria significa la facultad de la Universidad de gobernarse a sí misma, darse su legislación, sus procedimientos, sus planes y programas de estudio, conducir su vida académica y administrativa sin interferencias; pero no es extraterritorialidad. En cualquier sitio donde se sepa que está por cometerse o se está cometiendo un delito, la policía debe intervenir para tratar de impedirlo y detener a los delincuentes.

Por supuesto, no ignoro que los tabúes son resistentes a las razones y los argumentos. Por eso son tabúes. Pero la comunidad universitaria debe discutir a través de sus representantes —los miembros del Consejo Universitario— si el tabú debe permanecer por siempre jamás… o es momento de derrumbarlo.

Por lo pronto, congratulémonos por la actitud del rector en defensa de la Universidad y los universitarios. Es hora de terminar con el porrismo.


Este artículo fue publicado en El Excélsior el 13 de septiembre de 2018, agradecemos a Luis de la Barreda Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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