Cinque Terre

Esther López-Portillo

[email protected]

El sinsentido de la nueva generación de libros de texto gratuitos

Antecedentes

Desde su surgimiento (hace seis décadas), los libros de texto gratuitos, como material didáctico, han desempeñado un papel fundamental en el proceso educativo de México, tal ha sido el éxito de esta política pública que ha trascendido sexenios y partidos en el poder, incluso, ha sido replicada por otros países, por ejemplo Honduras que en 2004 solicitó a México poder utilizar como libros de texto gratuitos para Español, los libros de primaria de la generación 1993, mismos que fueron tropicalizados y se comenzaron a utilizar en aquel país en 2005. Lo que evidencia la calidad y neutralidad de dichos materiales.

Desde que se implementó esta política, se pueden contar doce generaciones de libros de texto gratuitos, incluidos los que se publicaron en 2020: 1960, 1962, 1972, 1982, 1988, 1983, 1993, 2008, 2011, 2014, 2017. Estas generaciones han tenido diversas modalidades de elaboración, algunas veces contratando grupos de especialistas, y otras haciendo concursos donde se eligió la mejor propuesta, por ejemplo.

Las generaciones de libros de texto gratuitos, la mirada de 2021 y el sesgo ideológico

Estas generaciones, como es lógico, han respondido al momento histórico en que fueron propuestas y, por tanto, es imposible analizarlas a partir de la mirada del 2021 como si fueran vigentes; es decir, son materiales que han tenido una evolución (como la sociedad misma), y no han estado exentos de problemas que han sido de dominio público (como el error de la generación 2011 que no se apegaba a los planes de estudio y que fue sometida a correcciones entre 2013 y 2014).

En cuanto a la propuesta en curso, hasta hoy se han impartido capacitaciones para autores de contenidos y evaluadores, sobre los ilustradores que se pronunciaron abiertamente en contra de esta convocatoria no hay nada en la página de YouTube donde la Dirección General de Materiales Educativos está montando algunos videos.

En el caso de los autores de contenidos, la comunicación inició con un chat de WhatsApp donde Marx Arriaga escribió algunos mensajes, pero el que en realidad encendió las alarmas fue el compartido el 19 de marzo de 2021, a continuación un fragmento:

“[…] En líneas generales, los libros de texto son una herramienta pedagógica que facilita el aprendizaje; un soporte de la verdad que la sociedad cree necesario transmitir a las jóvenes generaciones, por lo que cambia según lugar, época y régimen político. Así, el libro de texto participa en el proceso de socialización, de aculturación y de adoctrinamiento de las jóvenes generaciones. De ahí que por mucho tiempo, en México, el diseño de estos materiales era asumido por una élite académica, cultural y política que planteaba los lineamientos de dicho adoctrinamiento. Hoy el panorama cambió. Aquellas élites fueron desplazadas y se busca que los sectores marginados ocupen aquellos espacios. […] he señalado que esta Convocatoria es histórica porque le permite a todos los docentes, académicos, cronistas, bibliotecarios y población en general, participar sin ser excluido por su condición social, racial, de género, etc. […]. Lo que buscamos es que en lugar de posicionar una voz oficial para el adoctrinamiento de nuestra juventud, cada uno de ustedes se convierta en vocero de las crisis sociales de sus entornos inmediatos […].”.

En su discurso hay varios elementos que preocupan:

1. El rechazo a la profesionalización y su denostación al calificar a los autores, diseñadores, ilustradores y editores de los libros de texto gratuitos como “élite cultural, académica y política”. Dicha descalificación desconoce que hacer un libro de texto –en cualquier parte del proceso– es una tarea compleja, que debe ser cuidada, discutida, pensada y analizada porque, finalmente, los destinatarios: niños y profesores, merecen tener materiales de calidad.

2. Generar la falsa creencia de que toda persona, más si tiene o cree tener la condición de “marginada”, con solo laborar en el ámbito educativo (en el mejor de los casos), puede hacer un libro de texto. Es irónico que alguien que dice su nombre y saca a relucir sus grados y posgrados al presentarse, reproduzca el desprecio por los saberes de los expertos que ha sido una constante en la actual administración, en todos los ámbitos.

3. Construir un material de este tipo no es una cuestión de marginados vs dominantes, sino de personas con los conocimientos y habilidades para llevar a cabo esta tarea frente a personas que desconocen cómo hacerlo.

4. La aceptación explícita de utilizar al libro de texto como medio de adoctrinamiento para los niños y jóvenes mexicanos que considero lo más preocupante. Seguramente Marx Arriaga no ignora las dos acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española da a este término: 1. Enseñar los principios de una determinada creencia o doctrina, especialmente con la intención de ganar partidarios. 2. Dar instrucciones a alguien sobre cómo tiene que comportarse u obrar. Si se revisan a conciencia los libros de texto gratuitos, especialmente a partir de la generación de 1993, no existen muestras de adoctrinamiento (y si existieran, las habría presentado como ejemplos en sus participaciones, cosa que no sucedió).

Quienes han participado en el proceso de elaboración de textos didácticos, tanto en el sector público como en el privado, saben que ésta no es una tarea que pueda ser realizada por cualquiera, por más buenas intenciones que se tengan, desde ningún frente: concepción general de la obra, creación de contenidos (incluida la imagen, porque también es contenido), diseño y edición. Por ejemplo, para generar los contenidos, se requiere de profesionales que conozcan y comprendan el modelo educativo, el plan de estudios, el enfoque de la asignatura (que es el lugar desde el que se abordará) y el programa (los temas disciplinares) y que, además, sepan cómo traducir todos esos elementos en una propuesta didáctica ─entendiendo que la didáctica es la parte de la pedagogía que estudia las técnicas y métodos de enseñanza─ donde textos y actividades de diversos tipos favorezcan, de forma progresiva, el logro de los aprendizajes de los estudiantes.

En sus intervenciones a lo largo de las diversas presentaciones registradas en los videos de Youtube, Marx Arriaga insiste en que su propuesta promueve el “trabajo colegiado” cuando no es así, siendo especialista de la lengua (con doctorado), extraña que desconozca que el trabajo colegiado es un proceso participativo de toma de decisiones y definición de acciones, que sólo es posible lograr en grupos de trabajo que tengan una base común de conocimientos, con propósitos definidos, que lleguen a acuerdos y, a partir de ellos, a la construcción de propuestas. Lo que él propone, es la creación de partes sueltas de los libros que al final se juntarán, ni siquiera como una antología, sino como un pastiche. En este punto existe una falacia más: decir que un material así –una colección de partes sueltas, elaboradas individualmente– puede representar la heterogeneidad de contextos de un país tan diverso como México.

En la capacitación para evaluadores, al hablar sobre la normativa, se incluyó como propio, un texto que surgió en la convocatoria al concurso de los libros de texto gratuitos para secundaria, publicada el 27 de junio de 2006 en el Diario Oficial de la Federación, Acuerdo 385, que se ha conservado y desarrollado en Acuerdos subsecuentes, hasta llegar al texto vigente del Acuerdo 18/12/17, publicado el 18 de diciembre de 2017, cuyo Artículo 3°, lineamiento segundo señala:

III. Abstenerse de incluir imágenes o textos con mensajes ofensivos o que tengan propósitos de publicidad comercial, así como de propaganda religiosa o política.

Se considera:

a) Mensajes ofensivos a aquellos cuyas imágenes o textos agredan o se refieran de manera irrespetuosa a personas físicas o morales, grupos u organizaciones sociales, religiosos o étnicos, así como los que promuevan actitudes contrarias a los derechos humanos, la igualdad de género, la diversidad y los valores éticos que la educación debe fomentar.
[…]

c) Propaganda religiosa, al uso de imágenes y textos que promuevan preceptos o ideas de una religión o culto en contravención a lo dispuesto en el artículo 3o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

d) Propaganda política, al uso de imágenes y textos que fomenten mensajes a favor o en contra de un partido político, de sus representantes o acciones.

También deberán abstenerse de incorporar imágenes o textos que favorezcan o perjudiquen a personas que se encuentren en ejercicio del poder público en el momento en el que los libros de texto sean autorizados, o sobre acciones gubernamentales en curso.

Sobre el fragmento anterior, dos observaciones: la primera vinculada con lo dicho en párrafos anteriores sobre el tratamiento de los contenidos especialmente desde la generación de 1993, estos principios indicados para secundaria han sido aplicados en primaria y, segunda, incluirlo en su capacitación para evaluadores contradice abiertamente la idea de Marx Arriaga de “adoctrinar” a los niños y jóvenes a través de los libros de texto gratuitos.

En la presentación “¿Se pueden diseñar Materiales Didácticos Dialógicos?” (https://youtu.be/mD3jbYn9TFE) Marx Arriaga “analiza” aleatoriamente, para sustentar la premisa que los materiales han sido elaborados por las “élites académicas y culturales”, páginas de materiales de diversas generaciones, lee un texto de la colección de 1960 donde se exalta la “felicidad” de la familia tradicional, y expresa que el libro es excluyente pues desconoce otro tipo de familias que serían, según su interpretación “infelices”, hace esto sin considerar un principio básico para el estudio de la historia: no es posible juzgar algo fuera de su contexto y circunstancias. El México de 1960 es completamente distinto al México del 2021. Marx Arriaga lo hace con una actitud maniquea donde promueve esta dualidad tan propia de esta administración: o se es bueno o se es malo, o dominante o subordinado, o amigo o enemigo.

En esa misma presentación, desde el minuto 33:12 continúa su “análisis” ahora de un fragmento del libro de Formación Cívica y Ética generación 2014, a partir de un postulado de McLaren que habla sobre cómo el currículo prepara a los estudiantes para ser “dominantes” y “subordinados”. En el libro de texto las autoras hablan sobre los problemas sociales en el mundo y en México y entre ellos señalan la pobreza, el desempleo, la migración, la inseguridad, el maltrato y la explotación infantil, entre otros. Al respecto, Marx Arriaga, afirma que al enunciar estos problemas puede ver que los autores no pertenecen a estos grupos, y que al hablar de estos problemas con esa “distancia” se genera que los estudiantes se asuman como dominantes si no los sufren, y subordinados si los padecen, y “[…] (las personas) se convierten en un problema social que impiden, que dificultan el desarrollo de las personas de una comunidad y de una nación. […]”. Es decir, para él enunciar los problemas sociales que vive el país de una manera neutral, significa hacer que las personas que los sufren sean las responsables de ellos. ¿Cómo llega a eso? No lo sé, lo que me queda claro es que es congruente con la línea de esta administración: los problemas sociales, económicos o de cualquier índole no existen y reconocerlos es ser parte de una oposición que busca dañar la imagen del gobierno, por tanto, no deben mencionarse y si se hace, habría que asumir que se está convirtiendo a quienes los enfrentan en “dominados”, y no en lo que son: víctimas o afectados que necesitan opciones para resolver la problemática que enfrentan, de la que el Estado es corresponsable. 2. Los libros de texto necesitan reforzar la idea de que “¡Estamos requetebién!” aunque la realidad sea otra: la línea y el adoctrinamiento.

Al hablar de élites vs marginados, omite que a esos a quienes denomina “élites” son profesionales de la educación que provienen de los más distintos orígenes, con experiencias de vida y profesionales heterogéneas, con las más diversas ideologías políticas (muchos de ellos votaron y defendieron este proyecto de nación) que, sin embargo, han sido lo suficientemente éticos, para no incluir sus opiniones o ideología en los libros de texto gratuitos.

Sobre la evaluación

Hasta antes de esta convocatoria, los únicos libros que se sometían a evaluación externa eran los Libros de texto gratuitos para secundaria, a partir de un concurso abierto a las editoriales privadas desde 2001. Los de preescolar y primaria eran revisados por academias, instituciones, asociaciones y organizaciones civiles y otras dependencias del Estado para cuidar la calidad de éstos. Volviendo a la experiencia de secundaria con la evaluación externa, contar con evaluaciones de calidad, especialmente en los concursos realizados a partir de 2018 fue imposible, pues los dictámenes evidenciaban la falta de conocimiento de los dictaminadores del modelo pedagógico, el plan y programas de estudios y la didáctica de la asignatura, no imagino cómo puede ser en un proceso donde cualquiera puede, sin garantizar que conoce y comprende los elementos anteriores, la calidad de un material educativo de esta trascendencia. Aprenderlo en cuatro sesiones, es imposible, a quienes hacen diseño curricular o materiales educativos les ha llevado años de estudio y trabajo construir estos conocimientos y experiencia.

La normatividad

El Reglamento Interior de la Secretaría de Educación Pública, señala en su Artículo 30 que:

Corresponde a la Dirección General de Materiales e Informática Educativa el ejercicio de las siguientes atribuciones:

I. Elaborar los contenidos, mantener actualizados y editar los libros de texto gratuitos, a partir del plan y programas de estudio de educación básica y tomando en cuenta los contenidos propuestos por la Dirección General de Desarrollo Curricular[…].

II. Proponer normas, criterios y estándares de calidad para la producción, selección y uso pedagógico de los materiales educativos para la educación inicial, básica y especial.
[…]

VI. Elaborar los contenidos, así como diseñar, desarrollar, innovar, producir y actualizar materiales educativos accesibles para la educación inicial, básica y especial a partir de los correspondientes planes y programas de estudio.

Como puede leerse en la fracción I, los materiales deben realizarse con base en el plan y programas de estudio vigentes que según la SEP son para primero y segundo de primaria el Acuerdo 12/10/17 y de tercero a sexto el Acuerdo 592. Sin embargo, se utilizarán para los nuevos libros el Plan y programas de estudio del Acuerdo 12/10/17, de la reforma curricular del sexenio anterior.

Cabe mencionar que todos los preceptos que se manejan en las capacitaciones como el perfil de egreso, los fines de la educación, los enfoques, las metodologías de trabajo, el papel del docente, la idea del alumno al centro, la importancia de la evaluación formativa y demás premisas, no son propuestos por la Nueva Escuela Mexicana, como lo afirman o presentan en diversos momentos; sino que son tomadas literalmente (incluidos los gráficos) del Modelo educativo 2017, y el plan y programas de estudios de esa reforma curricular.

Y las preguntas que quedan: ¿Qué estándares de calidad puede garantizar un proceso como este? ¿Son estos los materiales que se merecen los niños y jóvenes de México? ¿Se debe tolerar el adoctrinamiento desde los libros de texto gratuitos?

A modo de cierre

Los libros de texto, como bien saben quienes se dedican a la educación desde diferentes frentes, son una herramienta y nunca el centro del proceso de aprendizaje; sin embargo, desde su surgimiento, tuvieron un propósito claro: garantizar que los estudiantes de todo el país, sin importar el lugar geográfico donde se encontraran, el tipo de escuela a la que asistían o cualquier otro factor, contaran con núcleos básicos de información que les permitieran tener un piso común.

Estos materiales han sido mediadores entre el currículo y el quehacer cotidiano de los docentes en las aulas de las escuelas mexicanas; su calidad no es sólo un requisito, sino una exigencia por su trascendencia e impacto en la formación. Por tanto, no es posible permitir y apoyar una propuesta que niega el derecho a los niños y jóvenes mexicanos de contar con libros de texto de calidad en tres sentidos: propuesta didáctica, tratamiento de los contenidos (entendiendo a los recursos gráficos como parte de éstos), y diseño editorial pero, principalmente, libres de cualquier intención de adoctrinamiento, sino más bien, materiales que promuevan la independencia en el aprendizaje y, sobre todo, el desarrollo del juicio crítico a partir de presentar, desde una perspectiva neutral, diversas posturas sobre los contenidos del currículo y darles las herramientas para que ellos puedan, libremente, tomar posición ante estas posturas.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password