Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

Leo García

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Diseño y coaching de estrategias para manejo de redes sociales. Experiencia en análisis de tendencias en línea.

Sin retorno

En recientes días el Departamento de Ciencias Políticas de la Escuela de Comunicación y Cultura de la Universidad de Aarhaus, Dinamarca, presentó el reporte “La polarización partidista es la principal motivación psicológica para compartir noticias falsas en Twitter”.

A bote pronto puede parecer una obviedad, pero ofrecen elementos que sirven para aclarar aún más el fenómeno. Lo más importante que hicieron en su investigación fue conducir encuestas de control sobre los participantes de manera que se formó un perfil independiente a lo que mostraban en su interacción en línea.

Hablar de noticias falsas, de fake news, es uno de los temas más complejos en esta época de hiperconectividad con un ecosistema social digital tan agitado, con usuarios siempre ávidos de participar, bien sea para informarse, que para criticar, o simplemente para desahogarse.

¿Qué lleva a la gente a compartir noticias falsas? ¿Quiénes lo hacen?

Las conclusiones que reportan confirman lo que se han venido explicando desde hace tiempo ya en otros análisis y estudios previos: La mayor motivación para difundir información, sin la previa verificación, validación y certeza, es la mera necesidad de afianzar la creencia personal basándose en la simpatía política hacia unos o la aversión hacia otros.

Este estudio descarta que exista estrictamente algún perfil con mayor o menor susceptibilidad a compartir noticias falsas según su nivel académico o económico.

De hecho, su descubrimiento más revelador es que la propensión a compartir información imprecisa, manipulada, sesgada, o definitivamente falsa, es proporcional a la antipatía o aversión que sientan por alguna postura partidista o política. Tan es así que hay quienes definitivamente declararon sentir odio por quienes consideran sus adversarios políticos y, son ellos los que más fácilmente nublan su juicio para compartir cualquier información siempre que sustente o confirme sus filias y sus fobias aunque sea basados en una total mentira.

Desde una perspectiva neutral también se explica que no hay una postura o ideología política más tendiente que otra para generar, consumir y compartir noticias falsas, sino que se basa totalmente en los sesgos cognitivos propios de la naturaleza humana.

Esto a la vez refuerza la explicación que las dinámicas de polarización no se inician en uno u otro extremo de simpatía o afinidad, sino que se dan por la necesidad de combatir las ideas que resultan contrarias al propio usuario, sea quien sea.

La respuesta a por qué se comparten noticias falsas pasa más por la carencia de elementos previos suficientes para discernir la calidad de la información y se sustenta entonces porque tanto lo presentado confirma elementos para contradecir, atacar, denostar o hasta difamar a aquellos con quien no se simpatiza políticamente. Aunque sean abiertas mentiras.

Pero lo más sorprendente es que como parte de los sesgos cognitivos que mueven a compartir información falsa existe la idea preconcebida que es el otro extremo de simpatía quien comete el error de compartir información falsa y se busca no caer en el mismo error, aunque es lo que termina sucediendo.

El usuario promedio comparte información no porque sea precisa, confiable o verificable, sino porque es de utilidad para su verdadera intención al antagonizar a quien no comparte su simpatía política.

Suena como algo obvio, tal vez, cuando queda constancia que eso no es exclusivo de un país. Tanto, que las narrativas en el ecosistema digital se pueden dividir de manera cada vez más nítida entre “pro-Trump” y “anti-Trump”, “pro-Brexit” y “anti-Brexit”; “pro-AMLO” y “anti-AMLO”. Y así por todo el mundo.

La investigación reporta que no hay diferencia, a nivel cognitivo, para los participantes entre una pieza de contenido presentada como información aunque sea inverosímil y sensacionalista, y una noticia real y comprobable. Y es así también como la comparten entonces con la misma intencionalidad, al confiar más en su intuición y la reacción emotiva que les causa, que en la veracidad o no de la información.

Adicionalmente la investigación confirma algo que es lo realmente más grave del modelo de interacción social digital que se tiene hoy en día. Que las noticias falsas se difunden más por la afinidad que existe dentro del grupo en el que se participa, asumiendo que quien las lleva dentro de las cámaras de resonancia es quien las ha sometido a alguna forma de validación para confirmar o refutar su veracidad y sin detenerse a una posterior valoración a nivel personal.

Es ahí donde, ya sin aplicar filtros personales, el usuario libre y voluntariamente hace correr la (des)información y a partir de ella sustenta sus ideas, opiniones y hasta acciones, y los errores que de ello deriven.

Este estudio puede, insisto, parecer una obviedad. Pero para una época de emergencia económica y sanitaria como la que vive el mundo al día de hoy, es fundamental entender que las fuentes de información pierden su sentido ante el usuario promedio, no por lo la validez de lo que presentan sino más bien por la mera simpatía y afinidad de quienes las comparten y amplifican. El modelo de interacción social digital pudo haber pasado ya el punto sin retorno al ser el espacio donde se hace a sí misma libre y voluntariamente la Sociedad de la Ignorancia, sustentada en la anti-información.

Hagamos red, hoy más que nunca en nuestra historia reciente, separados pero no aislados ni ensimismados.

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