Tigres de ArenaOpinión
SIN elecciones
La realidad es que no hay condiciones para efectuar un proceso electoral con legimitidad

Mientras la trama principal de la presión del gobierno estadounidense al mexicano por la entrega de figuras vinculadas al crimen organizado crecía, el fin de semana que recién concluyó dejó una subtrama que plasmó una de las páginas más negras de la política reciente relacionadas a actos de corrupción y abuso de autoridad. La caída y renuncia de Guadalupe Taddei como consejera presidente del Instituto Nacional Electoral imprime el capítulo más ignominioso en este nivel jamás escrito.
De ser la “primera mujer presidente” de esta institución pasó a ser una presunta indiciada a proceso por motivo de los señalamientos y evidencia presentada a los medios por aparentes casos de corrupción durante su administración. La ex servidora pública vinculada a Alfonso Durazo y cuyos familiares han sido detectados en la nómina gubernamental en diversos niveles tiene mucho qué explicar a las instancias fiscalizadoras. Las voces críticas coinciden con lo que hace años clamaba el oficialismo: no basta con renunciar. Ojalá se recupere el dinero que pertenece a la nación.
Más allá del morbo, la condena pública y las sátiras que generó la animadversión a este personaje, la reflexión que sigue demanda concretar el nombramiento de una mujer que logre sacar adelante el proceso electoral más determinante de la historia. Sí, ya es costumbre con la falsa transformación en describir en términos superlativos su actos pero la realidad es que si este proceso electoral claudica México entraría en una crisis de consecuencias peligrosas en términos de estabilidad en todos los rubros. El peor escenario se esboza; un “logro” más de la “transformación”.
Con la ausencia de la consejera presidente y aún con el nombramiento de un presidente provisional en el INE, la realidad es que al momento de publicarse este texto no hay condiciones para efectuar un proceso electoral con legitimidad. Durante las horas previas a la renuncia de la propia Guadalupe Taddei se especuló en demasía con personajes totalmente afines al patriarca de Macuspana y quienes no tendrían la imparcialidad ni cumplirían los requisitos constitucionales para ocupar el espacio hoy vacante.
También, se ha de exigir que se investigue en el INE a personajes vinculados con esta administración para aclarar todo lo que haya quedado pendiente y que no haya impunidad con el equipo saliente.
El patriarca de Macuspana y la presidente Sheinbaum quedaron igualmente exhibidos con las loas y halagos que publicaron en redes sociales al momento de la designación de la señora Taddei y hoy ambos callan y dejan que un alfil más sea “sacrificado” porque sencillamente ya no es útil para el “movimiento”.
Paralelamente, la dirigencia nacional que representa Ariadna Montiel sufre embates por su innegable vínculo con grupos del crimen organizado señalados desde más allá de la frontera, así como por periodistas valientes y documentados que no se han rendido en exhibir la intervención de estos grupos en los pasados procesos electorales. El daño está hecho.
Al final de cuentas, con o sin control de la narrativa, el INE como símbolo de la transición democrática ha desaparecido. El INE que dio estabilidad al país no existe ya pero hay aún oportunidad de presentar un arbitro emergente que evite la ruptura total del debilitado Estado de derecho. La encrucijada mexicana prevalece.
Secretario de Cultura del CEN del PRI /Twitter: @CulturaCENPRI/@bismarck_ir /Facebook: Bismarck Izquierdo



