Cinque Terre

José Antonio Crespo

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Investigador del CIDE

Sí, pero el PRI robaba más

Suscribo las críticas y condenas que hace Morena a los partidos tradicionales del “Antiguo régimen”, PRI, PAN y PRD. Yo mismo participé en su momento de tales críticas (junto con los hoy morenistas). El problema es que Morena se presenta como algo distinto, excepcional, impoluto frente a los demás partidos. Y no, conforme pasa el tiempo vamos viendo que incurre en lo mismo, que cae en las trapacerías, abusos, arbitrariedades y engaños semejantes a los que acusaba en los demás. Lo cual no debiera sorprender; por un lado la naturaleza de los partidos es semejante; hay diferencias en los detalles, pero difícilmente en su esencia. Pero en particular, menos sorprende que Morena caiga en lo mismo que en los demás pues, ¿de dónde viene la gran mayoría de cuadros y dirigentes de Morena? Del PRI, el PAN (menos) y PRD. El cuento infantil de que porque los políticos se purifican al cambiar de un partido a otro, y de que siglas nuevas implica frescura y limpieza ética, lo pueden creer millones por mucho tiempo, pero eso no lo hace verdadero. Con el paso del tiempo, se va cayendo esa fantasía.

Morena suele evadir las críticas en su contra evadiendo la respuesta (con otros datos) y con argumentos ad hominem para no responder puntualmente; descalificaciones, insultos, burlas y calumnias en lugar de argumentos racionales, lo que sugiere que no tienen muchos a la mano. Si por otro lado surge información difícil de negar sobre algún tipo de corrupción, fortunas inexplicables o favores adjudicados directamente a parientes, compadres o amigos, entonces sobreviene la justificación de que “el PRI (o el PRIAN, si se quiere) robaba más”. Si ya no es posible negar o disimular algún ilícito de morenistas, entonces se alega que, pese a todo, Morena es menos peor que los anteriores, si no en términos cualitativos, sí al menos cuantitativamente. Si los fondos recabados por Pío López Obrador no pueden convincentemente pasar por “aportaciones ciudadanas” – como las que hacía Leona Vicario o Francisco Madero -, entonces se recurre al “argumento” de que el PRI robaba más. Dicha defensa recuerda desde luego aquella excusa del alcalde nayarita, Layín, cuando en un acto de sinceridad reconoció que sí robaba, “pero poquito”. Y la maniobra puede aplicar a otros temas; el PRI engañaba más, acosaba más, prestaba más, mentía más, etc.

Pero sucede que justo al reconocer que Morena actúa como los partidos del “Antiguo régimen”, aunque de manera más atemperada, se acepta implícitamente la invalidez de la pretensión de que “no somos iguales”, que en este gobierno “ya no es como antes”, ni que el partido es un “faro de moralidad”. Lo cuantitativo puede variar de uno a otro gobierno, de un personaje a otro, pero en lo cualitativo todos se asemejan. Paradójicamente, con ese argumento los obradoristas validan la tesis de varios críticos de que en esencia, todos los partidos son semejantes, que no hay mayor diferencia ética o moral entre ellos (aunque la haya programática u organizativamente). Y en lo cuantitativo, pues es cuestión de tiempo para que también se vayan igualando. El partido considerado – con razón – como al más corrupto, el PRI, estuvo en el poder 76 años (aunque discontinuos). Es natural que haya acumulado muchas corruptelas y abusos. El PAN gobernó por doce años; menos que el PRI pero tampoco un tiempo insignificante. Acumuló también corruptelas e ilícitos, pero “menos que el PRI”, no por razones de calidad moral, sino de tiempo en el gobierno. En cambio Morena apenas lleva poco más de dos años, por lo que resulta explicable que, hasta ahora, haya robado “poquito”, y menos que el PRI. Por lo que, habiendo perdido su halo de honestidad cabal, es sólo cuestión de tiempo para que veamos que Morena no es tampoco cuantitativamente distinto a los demás, y que los irá alcanzado a conforme pasen los años. En esa medida, sus devotos se irán desencantando al palpar la triste realidad, si bien eso llevará bastante tiempo más. Entre los adeptos de AMLO, no se quiere abandonar aún la esperanza que tan animosamente albergaron por años.

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