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Julián Andrade

Escritor y periodista.

Sí, el presidente no es como Carlos Salinas

El presidente Andrés Manuel López Obrador dice que “no es Carlos Salinas”. El deslinde surgió a raíz de los cuestionamientos que se le hicieron por la aprobación, en el Senado, de la Ley de Austeridad, que permite que el presidente decida el uso de los recursos que se ahorren, por medio de decretos.

Algunos analistas han señalado que se trata de una especie de “partida secreta”, que fue la bolsa de dinero que los presidentes mexicanos utilizaron para los más diversos propósitos, buenos y malos.

Esta disposición se canceló desde el gobierno de Vicente Fox y aquello fue visto como un logro de la sociedad civil y un avance en transparencia.

El presidente López Obrador ha construido toda una narrativa de contraste con Salinas de Gortari. Desde hace años, y sobre todo a partir de los vídeo escándalos, colocó al expresidente como el jefe de “la mafia en el poder”.

Pero las diferencias son de modelo y visión de país. Por ejemplo, durante el gobierno salinista se creó la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Se enfrentaba, por aquellos días, un problema severo con la actuación de los policías. La tortura era un instrumento recurrente y suplía, muchas veces, el difícil pero legal camino de las investigaciones.
Los desaparecidos eran un tema que lastimaba sectores de la sociedad, porque la situación provenía de la guerra sucia iniciada en los años setenta.

Con Salinas de Gortari se ciudadanizó el entonces Instituto Federal Electoral. El secretario de Gobernación, Jorge Carpizo, contribuyó al cambio en el Consejo General y por eso se incorporaron personalidades como José Woldenberg, Miguel Ángel Granados Chapa, Santiago Creel y Francisco Otriz Pinchetti, entre otros, como consejeros.

En 1994, no hubo tiempo de modificar la ley electoral, pero por medio de acuerdos políticos se pudo avanzar para que la elección presidencial se realizara con tranquilidad en un contexto difícil, por el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y por el asesinato del candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio.

También en el sexenio de Salinas de Gortari, se firmó el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá y el que ahora es defendido por todos, inclusive por el actual mandatario y su partido.

Se normalizó la relación con las iglesias, lo que sin duda terminó con una simulación que provenía de tiempos de la guerra cristera y que ya no funcionaba en el contexto de un estado laico.

Si tan solo observamos los temas de la CNDH y el ahora INE, tenemos que concluir que, en efecto, López Obrador no es como Salinas de Gortari, ya que está empeñado en destruir esas dos instituciones que son pieza clave del estado democrático mexicano.

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