Cinque Terre

Leo García

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Diseño y coaching de estrategias para manejo de redes sociales. Experiencia en análisis de tendencias en línea.

Seguridad y padrón de telefonía

Regresemos sobre el tema del padrón de datos biométricos de usuarios de telefonía móvil: es una medida acerca de la que hay quienes desestiman su gravedad y su peligro implícito. Ya es ley y, aunque aún no esté reglamentado, existen plazos para que entre en efecto. Mientras tanto, los amparos siguen siendo concedidos.

Como siempre ocurre, la máquina de propaganda y algunos opinadores (tal vez, sólo tal vez, con un poco de ingenuidad y algo de ignorancia) consideran que se ha hecho más revuelo y escándalo de lo que la medida merece. Se equivocan.

De inicio, algo que se pierde de vista es la justificación que se ofrece como sustento para una reforma de esta naturaleza y para formar este padrón.  Se trata de una reforma que, con el pretexto de la seguridad como justificación, forma un modelo completamente punitivo que carga de restricciones y sanciones al dueño del servicio de telefonía móvil, legal, legítimamente adquirido y utilizado.

Con este bodrio de reforma, el usuario de telefonía móvil es culpable de todo lo que suceda y se haga con su línea, aunque no sea él o ella quien lo haga, y hasta (o aunque) se demuestre lo contrario.

Esta debería ser una de las mayores preocupaciones, tal vez aun por encima del riesgo de la privacidad, porque permite al Estado tener una justificación barata para evadir lo que de por sí no hace: investigar y encontrar a los verdaderos culpables de un ilícito.

Así, aun con la mera sospecha, los cuerpos de seguridad pueden requerir los datos de una línea y dar por sentada la supuesta validez del autor del ilícito cometido desde ella.

Cuartoscuro

Algunos opinadores ofrecen, como una falsa equivalencia, el caso de las redes sociales y en general los servicios de internet. Que si incluso Facebook, Google, Apple, Microsoft, Amazon, etcétera, tienen esos y muchos más datos, entre ellos los biométricos, ¿cuál puede ser entonces la razón para “ahora” escandalizarse porque los requiera el Estado “por seguridad”?.

Que entes particulares recolecten datos, los procesen, y posteriormente los aprovechen como materia prima altamente monetizable de un modelo económico sumamente lucrativo, no le resta ni una coma de riesgo, peligro y abuso a la reforma en cuestión.

Antes al contrario: no deberían ser temas que se excluyan. Esto refuerza otra de las ideas que en este espacio se ha planteado: las reformas que exige el ecosistema digital y todo el entorno tecnológico moderno piden avanzar en temas de nuevos modelos legales, nuevos derechos y las formas de hacerlos valer de manera real y efectiva.

El debate debería centrarse en nuevos derechos, reforzar y ampliar el alcance de los existentes, en las formas correctas de hacerlos valer, de defenderlos y, también, en las responsabilidades y obligaciones al ejercerlos.

Que Facebook tenga implementados algoritmos de reconocimiento facial como parte de sus mecanismos para mantener y aumentar la atención del usuario para que pase más tiempo conectado en su plataforma, no se equipara de ninguna manera con el riesgo de ir a la cárcel por el deficiente modelo de procuración e impartición de justicia de México, para el cual, con esta reforma, el usuario de un dispositivo móvil es culpable sin mayor contemplación.

Que Facebook, Google, Amazon o cualquiera de esas megacorporaciones de internet tengan, además de los biométricos, sistemas de rastreo georreferenciado, seguimientos de contactos, análisis de hábitos de todo tipo y demás, por más graves que sean sus filtraciones (y no se deben desestimar sus consecuencias), no se equipara con las que se pueden padecer, en un escenario muy real, por el padrón de usuarios de telefonía móvil y las nefastas consecuencias que eso implica para una sociedad cada vez más acorralada y sometida por la indefensión que el mismo Estado ha propiciado.

Ricardo Mejía Berdeja, actual subsecretario de Seguridad federal, ferviente defensor de este adefesio de ley, fue responsable de una de las más sonadas filtraciones del padrón electoral que se usó para alimentar un sitio web.

En otros casos, con una ligereza temeraria, algunos opinadores dicen no ver cuál es el problema con que se forme un padrón con datos biométricos para tener derecho al uso de una línea de telefonía móvil, si otras instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social o el Sistema de Administración Tributaria ya lo tienen.

En el mejor de los casos se puede inferir que opinar de esta manera significa que no se entiende el principio de proporcionalidad en el manejo de datos personales; es decir, que los datos requeridos, en cantidad y tipo, resulten realmente necesarios, justificados y relevantes para el fin que se están requiriendo.

No se puede considerar que sea equivalente el que la institución responsable de administrar la salud y velar por el bienestar de la población, individual y colectivamente aun en su retiro, justificadamente requiere de un considerable nivel de datos para cumplir su objetivo y funciones, a los que se requieren para hacer uso de un servicio como el de telefonía móvil. Ni hablar del SAT, la institución que se encarga de recaudar la contribución tributaria del país y vigilar que se cumplan con las obligaciones fiscales.

Quienes dicen que no ven riesgos en este padrón olvidan que viven en el país donde la identificación de facto, la credencial de elector, tiene la opción de no incluir completa la dirección particular. Tampoco mencionan que una de las recomendaciones de seguridad, precisamente para los dueños de teléfonos móviles, es no usar los nombres ni parentescos reales al momento de registrar sus contactos. Tal vez no ven el país con una tasa de robo de teléfonos móviles tan alta y el riesgo implícito de ser extorsionados e incluso algo peor, con la información contenida, sólo, tan sólo, en un instrumento al que una persona, en un país con un nivel mínimamente aceptable de seguridad, debería tener derecho y libertad de portar cotidianamente. Sin miedo.

Y aun así, dicen, no ven el problema ni el riesgo de dejar en manos incompetentes, arbitrarias, y autoritarias, un padrón con datos que acompañaran a la persona por toda su vida.

Queda mucho por hacer, así que sigamos conectados.

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