Cinque Terre

Javier Solórzano

Se traen ganas

Las diferencias entre López Obrador y Felipe Calderón son ideológicas y políticas y rayan en lo personal.

Lo que parece ser uno de los detonadores de este agarrón fueron las elecciones del 2006. El proceso, recordemos, fue marcadamente irregular a grado tal que los tribunales asumieron que no tenían elementos para instrumentar alguna sanción derivada de las tropelías, en las cuales Vicente Fox tuvo participación.

A pesar de las críticas que recibió López Obrador por tomar las calles en aquellos días, su controvertida decisión fue clave para evitar levantamientos, los enconos nos polarizaron riesgosamente.

Felipe Calderón tuvo la opción de tomar el reto del voto por voto casilla por casilla. La propuesta era ruda, pero le iba a permitir una legitimidad la cual estuvo buscando durante su mandato. Si bien se revisaron muchas casillas la clave estaba en atender una propuesta que tenía su razón de ser.

Las diferencias entre el Presidente y el ex no se van a subsanar, más bien se van a ensanchar. Estamos en los terrenos en que uno no olvida, él mismo reconoce “que no es rencoroso, pero no olvida”, en tanto que el otro está expuesto y en la mira ante lo que pudiera pasar con García Luna, el cual el Presidente recuerda un día sí y otro también.

En varias ocasiones López Obrador se ha referido a lo que llamó “borrón y cuenta nueva”. La expresión quizá tenía más que ver con tonos conciliatorios de campaña que con lo que pensaba y piensa.

El Presidente está entre que le sirve señalar el pasado, lo cual le quita cierto peso de lo que no se está haciendo en el presente, y entre que no hay manera de que evite el batidillo de los últimos años porque además si eventualmente lo hiciera asume de alguna manera una corresponsabilidad.

El tema García Luna apunta para ser el escenario de las diferencias. Las consecuencias de la guerra de Calderón, aunque al final haya dicho que no lo era, le han traído al país problemas dolorosos y graves. A pesar de las críticas, por ello algunos sectores lo apoyaron entre los que estuvieron agencias estadounidenses. La estrategia a lo único que nos llevó fue a mayores confrontaciones, desapariciones, muertes y a exponer como nunca antes a las Fuerzas Armadas, las cuales siguen en primera línea.

En el caso García Luna falta mucho por ver y, por lo tanto, el Presidente debiera tener cautela al hablar de temas como narco-Estado. El exencargado de seguridad está apenas en el inicio de un proceso en el cual todo lo que se diga tendrá que ser comprobado. No se sabe qué puede terminar pasando, no hay manera de adelantar acusaciones hasta que no sean fundamentadas y se escuche la versión de los imputados.

El Presidente se está adelantando, pero por más que se perfilen escenarios no se sabe qué pueda pasar. Hablar de narco-Estado es hacer un juicio con base en la detención de una persona y no en el desarrollo de un proceso legal, el cual está empezando.

Lo que es claro es que todas las miradas ya están en las elecciones del 2021, por ello se manifiestan aún más las diferencias, a la par del toma y daca que ya aparece al interior de los partidos, incluyendo la desarticulada oposición.

El lance López Obrador y Calderón tiene sus vericuetos y como se dice en el barrio “se traen ganas”. Las cosas no van a cambiar, pero habrá elementos externos que irán definiendo el rumbo de la confrontación. De entrada, entre otros elementos, el Presidente tiene a García Luna.

Lo que pase en Nueva York será definitivo no sólo entre ellos sino para el país, por lo pronto, lo cierto es que el proceso está en desarrollo y más que hablar de narco-Estado lo prudente es esperar el desarrollo del juicio.

No se trata de que se vayan al callejón a darse un tirito.

RESQUICIOS.

Se echó a andar el ventilador. Emilio Lozoya empezó a soltar información que se veía venir y que investigaciones periodísticas habían reportado y denunciado. Vienen días de escándalo, se abre una gran oportunidad en la azarosa vida del país.


Este artículo fue publicado en La Razón el 12 de agosto de 2020, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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