Manuel Cifuentes Vargas

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Doctorante en Derecho por la UNAM.

Se equivocó el presidente

Nos guste o no, en los Estados Unidos de América, no es como en algunos otros países. Allá sí se respetan y se hacen respetar los principios y valores supremos del país; sobre todo a quienes más obligados están a respetarlos; y se castiga a quienes atenten contra ellos. Dentro del marco del valor superior de libertad, por supuesto que se vale y es permisible disentir, protestar y mostrar inconformidades, siempre y cuando se haga dentro de la frontera de la ley; pero no transgredir y quebrantar a las instituciones, y peor todavía cuando se hace desde el propio poder. Allá las consecuencias de estas acciones sí se pagan, no sólo con el repudio político y social, sino con la ley en la mano.

Se enaltece públicamente a quienes construyen y ponen por delante a su país y se reprueba a quienes no abonan o destruyen. Así se pasa a la historia, cuando no incluso, a la usanza de la antigua Roma, hasta se podría condenar con borrar y desaparecer de sus registros, para que no quede rastro de la persona o de un suceso sumamente nefasto que denigre al país.

Se equivocó el presidente y las equivocaciones cuestan; tienen sus consecuencias y costos, más todavía porque lo hizo con su propia investidura presidencial. Con las instituciones no se juega. Sería tanto como volver al primitivismo político-social superado hace miles de años, donde imperaba la sinrazón y la anarquía en su más cruda expresión.

Fue un hecho de barbarismo y espantoso el que vivieron los norteamericanos, que los dejó atónitos, porque no están acostumbrados a estas escenas en su país. Escenas así en su país, sólo eran de películas; para Hollywood. Ellos y muchos más seguramente todavía no lo pueden creer, pues me parece que no habían tenido una vivencia de esta naturaleza, porque para ellos sus recintos y lo que éstos representan son sagrados, emblemáticos y objeto de las más sublimes solemnidades. Esto rebasó la capacidad de asombro de los Estados Unidos, porque fue un asalto a la democracia y a sus instituciones. Y lo más sorprendente seguramente para ellos, es que lo hizo el propio presidente con el poder de su investidura. Se le olvidó que es un jefe de Estado, y de uno de los países más poderosos del mundo y, por lo mismo, del papel trascendente y a veces definitivo que juega, en el ajedrez geopolítico, en diversos sentidos en el orden internacional.

SAMUEL CORUM // GETT

Y es que dividir e incitar al odio y a la violencia no está en un presidente. La esencia de su misión al interior es unir, porque es el presidente de todos. Hacia el exterior, todavía en el rejuego geopolítico se vale, aunque no entra en los cánones de la eticidad política, porque así lo impone el pragmatismo político. Pero al interior de su propio país, en un ambiente de civilidad, su obligación primaria es velar por la seguridad, el orden, la concordia, la armonía y el cumplimiento a la ley, para procurar el desarrollo, el bienestar y la felicidad de su país.

Por hechos que se han dado en varias latitudes, percibo que el populismo siempre se quiere perpetuar en el poder. Y con quienes primero se alía, es con algunas de las fuerzas reales de poder, tales como el del poder de las armas. También por lo que vemos, siempre y en cualquier lugar, el populismo tiende a deshonrar, erosionar y destruir a las instituciones establecidas, sin importar si tienen su razón de ser y de estar, porque le estorban para sus propósitos; y en su lugar crea otras a su manera, a su modo y a su gusto, para su beneficio y servicio, con el propósito de quedarse en el poder. Y cuando lo logra, ya no lo quiere soltar; lo quiere mantener a como dé lugar y de forma absoluta, así tenga que utilizar todas las argucias y pasar por encima de lo que sea.

Ahora bien, al ver el presidente que el resultado electoral no le favorecía, inmediatamente argumentó un fraude electoral, y al poco tiempo arremetió contra el sistema electoral vigente, echándole la culpa y tachándolo de obsoleto. El presidente dijo que, palabras más palabras menos, el esquema y método electoral estadounidense no es apropiado ni correcto, y que ya es obsoleto. Pero eso lo dice ahora que perdió las elecciones. Y entonces surge la pregunta, ¿y por qué no dijo lo mismo hace cuatro años cuando él ganó?; o antes, cuando apenas era uno de tantos aspirantes, después como precandidato y finalmente como candidato. En ese tiempo de proselitismo político, hubieran tenido valor, resonancia y quizá reconocimiento estas expresiones, porque lo estaba externado antes de su triunfo electoral. O por lo menos ahora como presidente y nuevamente candidato para su reelección, pudo haber realizado esa crítica a las reglas electorales instituidas, lo cual quizá hubiera sido objeto de meditación y de posibles modificaciones.

Pero no, porque en aquel entonces él fue beneficiario de esa supuesta obsolescencia normativa electoral para llegar a la Oficina Oval.[1] Y ahora que pierde la elección para su reelección presidencial, que cómodo es decir que el sistema electoral no sirve porque no le favorece. Me atrevo a pensar que, si hubiera ganado en este último proceso electoral, con toda seguridad que nunca hubiera hecho una expresión de esta especie. Me parece que todos sus antecesores candidatos, como es usual en la parafernalia política estadounidense, en una práctica de usos y costumbres, para que no haya zozobra en el país, los candidatos perdedores siempre han aceptado en los tiempos políticos-electorales su derrota, y con toda firmeza y dignidad han reconocido y felicitado al candidato ganador. Eso habla bien de una cultura constitucional, política y cívica madura. Eso habla de una decencia política.

Ante estos desaseados y reprobables hechos, la reacción fue inmediata, pues los legisladores le solicitaron al vicepresidente la aplicación de la “Enmienda 25 de la Constitución”, para la destitución del presidente, o de lo contrario iniciarían un nuevo proceso de “Impeachment”; esto es, de un juicio político.

Pero ¿qué es y en qué consiste la “Enmienda 25 a la Constitución Política de los Estados Unidos de América”? Dicen los que mejor conocen el sistema constitucional estadounidense, que trata de la transferencia del poder en los supuestos de que un presidente muera, renuncie, sea destituido o si está impedido para ejercer sus funciones. En este caso, se requiere que el vicepresidente la invoque en situaciones especiales y de emergencia nacional, para destituir a un presidente o suplir su ausencia o vacío en la Presidencia por determinadas circunstancias, y se nombre a un nuevo presidente. En este caso al vicepresidente.

Esta Enmienda a la Constitución fue aprobada por el Congreso en 1965 y ratificada en 1967. Su origen reflexivo data de la década de los años cincuenta del siglo pasado, motivado por la preocupación sobre los problemas de salud que presentaba el entonces presidente Dwight David Eisenhower, cuyo periodo de gobierno, incluida su reelección, fue de 1953 a 1961,[2] y después, por el asesinato en 1963 del presidente John Fitzgerald Kennedy, en Dallas, Texas.

En el apartado 3 de la Enmienda, se contempla la transferencia del Poder Ejecutivo al vicepresidente cuando el titular del mismo declare que está o estará incapacitado para cumplir con sus funciones o con sus obligaciones. El procedimiento es que el presidente informe por escrito a la Cámara de Senadores y a la Cámara de Representantes; esto es, al Congreso, que no puede ejercer y transferir el poder.

Por los lamentables hechos que sucedieron, ahora los legisladores dicen que por incitar el presidente en turno a la violencia, esto puede considerarse como una perturbación o debilidad mental. Los presidentes que han invocado la Enmienda, son Ronald Wilson Reagan y George Walker Bush.

A su vez, el apartado 4 contempla la hipótesis en el sentido de que el vicepresidente y la mayoría del gabinete determinen que el presidente está imposibilitado para gobernar o ejercer su función como tal y lo releven de sus funciones.[3] Cabe mencionar, que en el caso del actual presidente, renunciaron varios altos funcionarios de su círculo cercano y una Secretaria de Despacho del Gabinete.

Este capítulo, se dice, que nunca ha sido invocado. Ahora el vicepresidente estaría en condiciones de hacerlo; pero hasta el momento no lo ha hecho, no obstante, la petición de legisladores y de otros importantes personajes de la vida política y pública de ese país. Considero que, al margen del alto cargo que tiene y de la posibilidad de convertirse en el presidente de la república, está dejando ir el momento de situarse en un personaje de suma importancia para ese país en estos momentos dramáticos y traumáticos por los que pasó; además de constituirse en una figura relevante de futuro dentro del Partido Republicano. Hasta el momento no lo ha hecho. No sabemos qué cálculos políticos estén pasando por su cabeza para no tomar una decisión de este tamaño y trascendencia.

AFP

Dicho sea de paso, vale señalar que ha sido un duro golpe para el Partido Republicano el que le propinó el presidente salido de sus filas. Y probablemente será un difícil camino el que tendrá que caminar en adelante, para restañar la herida y recuperar su fuerte presencia en el electorado norteamericano, al margen del voto duro que tiene.

Pero lo que sí hay que reconocer y valorar al vicepresidente es que no se dejó presionar por el presidente, y con esto no permitió que se manchara a las instituciones, para que desconociera los resultados electorales en la instalación del Congreso. Eso es loable y habla del patriotismo, del recio respeto a las instituciones, a la democracia, al país, de la dignidad de su persona y del cargo que ocupa, así como de la fortaleza de su cultura jurídico-política.

La otra opción, si finalmente el vicepresidente no invocara la citada Enmienda Constitucional, es el juicio político en el Congreso, que sería el segundo que enfrentaría este presidente (algo nunca antes visto en la historia de los presidentes estadounidenses, porque ninguno ha tenido dos juicios de este carácter), pero ahora con un escenario congresional distinto, pues en el primero tenía el Partido Republicano, al cual pertenece, la mayoría en la Cámara de Senadores; pero ahora no la tiene, como tampoco en la Cámara de Representantes; en pocas palabras, en el Congreso. Se antoja difícil el panorama para el presidente. Pero el Congreso debe hacerlo y rápido, porque el tiempo es corto y se agota, ya que en días concluye el periodo presidencial. Si lo deja pasar, considero que será un mal precedente y presiento que ese país no estaría exento de que en adelante se volviera a repetir un hecho de esta naturaleza.

Ahora que el presidente se ve acorralado entre la espada y la pared, creo que ha reculado, y me parece que a medias porque sigue insistiendo que ganó la elección y que no asistirá a la toma de posesión del nuevo presidente, pues ha dicho que se perdona a sí mismo, lo cual creo que algo así es nuevo y no propio que lo haga a sí mismo, ya que fácilmente se puede intuir que con esto pretende eludir la justicia. En esta lógica me parece desaseada, porque entonces cualquier persona que cometa un delito, igualmente podría argüir que se perdona a sí misma, a efecto de que no sea enjuiciada y sancionada. De lo contrario, cabría la pregunta, ¿por qué el gobernante sí, y el ciudadano común no?

Entonces sí acepta su violación a la ley. Pero reitero, ¿indultarse a sí mismo? Podría caber que se perdone e indulte políticamente si es que existiera esta figura, para ganar tiempo y procurar congraciarse con la gente, pero no jurídicamente. Luego entonces, no solo acepta su error político, sino también su flagrante violación a la ley y con todas las agravantes, por la dimensión de los hechos y por la calidad que tiene de Jefe de Estado. Por otra parte, ¿indultarse a sí mismo por anticipado? ¿Pero cómo?, si todavía ni había iniciado un procedimiento y ni sanción hay, como para que en todo caso proceda el indulto.

Estados Unidos no se puede equivocar en no sancionar. Sería un muy mal precedente y probablemente el presagio del inicio del resquebrajamiento y falta de credibilidad de su democracia, así como de la erosión de la solidez de sus instituciones, a la vez de un mal mensaje hacia afuera. Las instituciones, el respeto a la ley, la estabilidad, el bienestar de la gente y el progreso del país son primero. Es lo que debe estar por encima de todas las cosas. Por eso es imperdonable lo que hizo el presidente, y por lo que representa la investidura presidencial que tiene.


[1].- Si únicamente se tomara el número de votos emitidos a favor, me parece que la entonces candidata del Partido Demócrata que compitió en la primera elección que el Presidente gano, obtuvo más votos que él; y sin embargo, respetando las reglas electorales establecidas en el diseño democrático, reconoció que perdió la elección.

[2].- Es de mencionarse que fue el primer Presidente al que la Vigésimo segunda Enmienda, le impidió legalmente que se presentara para un tercer mandato presidencial.

[3].- “Qué es y en qué consiste la Enmienda 25 que aquí se aplica a Donald Trump?” Nota publicada en los aparatos telefónicos móviles. En UNO TV.com el jueves 7 de enero de 2021. Sección Internacional.  Redacción. Washington D. C., Estados Unidos.

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