Cinque Terre

Antonio Ortigoza Vázquez

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Scherer: en marcha, la guillotina de la 4T

“No somos iguales”: este es el —pretendido— apotegma que el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, reitera de manera recurrente al abordar temas diversos y como recurso elusivo ante planteamientos incómodos.

Lo mismo dijo en referencia a la investigación que publicó Latinus, del periodista Carlos Loret de Mola y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, en contra de su hijo José Ramón López Beltrán, que cuando defiende la (contra) reforma eléctrica o cuando alude el caso Lozoya; contratos, como el de su compadre Miguel Rincón Arredondo, por más de 140 millones de pesos; las adjudicaciones en la compra de pipas o carros-tanque para Pemex (mismos que no se han visto por ningún lado); los contratos para su parienta Felipa Obrador Olan o cuando aparece su hermano Pío López Obrador en videos recibiendo dinero; o simplemente si alguno de los comunicadores hace una contra réplica a los “otros datos…” sus dichos o señalamientos en contra de la corrupción, el mandatario tiene siempre la misma salida: “No somos iguales”.

Esa es la respuesta recurrente en las “conferencias mañaneras”, el micrófono presidencial.

Cualesquiera de los comunicadores que pretenden hacer una comparación entre su gobierno y los anteriores, la respuesta del Ejecutivo no se hace esperar: “(…) Los corruptos neoliberales, hicieron esto o aquello, siempre robaron a manos llenas; con nosotros, esas prácticas inmorales ya se terminaron, no somos iguales…”. Expresión categórica que se presenta como recurso ad nauseam a manera de conjuro para alejar a los demonios de la corrupción.

Efectivamente, entre los gobiernos anteriores y el actual existen marcadas diferencias.

Priistas y panistas ejercieron el poder a modo y con argumentos diversos y también justificaron sus acciones; sin embargo, en tiempos de la 4T las justificaciones ofenden la inteligencia de los mexicanos; son inverosímiles e intentan aparecer como impolutas. Pero el hedor manifiesto a podredumbre y corrupción irrita el olfato y daña la vista. Cinismo mayúsculo: los párvulos gobernantes morenistas les ciñe la inaudita declaración del otrora alcalde nayarita de San Blas: Hilario Ramírez Villanueva “Layín”: “Sí robé, pero poquito….”.

Funcionarios diferentes

“Repite una mentira con mucha frecuencia y se convierte en verdad”, es una ley de la propaganda política que se atribuye a Joseph Goebbels, jefe de la propaganda política nazi.

Estudiosos de la psicología de nuestros días, ilustran que esta aseveración se conoce en la actualidad como el efecto de la “ilusión de verdad”.

Así, en el marketing social, en México, con ese propósito, hoy pretenden vender los nuevos gobernantes como si fuese una verdad de Perogrullo: una y mil veces repiten hasta el cansancio que los nuevos funcionarios del Gobierno Federal, su desempeño está alejado de prácticas vetustas neoliberales, neoporfiristas y corruptas. Que para entregar resultados positivos al “pueblo sabio”, deben gobernar bajo los auspicios de la “austeridad republicana” y privilegiar el ejemplo de honestidad del Presidente de la República.

Austeridad republicana que funciona como pauperización de la administración pública, nunca entre la “burbuja gubernamental” o la familia presidencial.

El mítico profeta

Para un sector importante de Morena y algunos segmentos sociales, AMLO estaba cerca de convertirse en una figura mesiánica. No solo por ejercer como Presidente de la República, sino también como la máxima autoridad indiscutible del país en su totalidad; un gobernante diferente; un político que aparece envuelto en una aureola anticorrupción casi divina. Un Presidente de la República fuerte, arropado por 30 millones de votos.

Un Ejecutivo Federal que busca consolidar el mito con la revocación de mandato.

Una especie de ayatola que apela a la fe del “pueblo sabio” y que Enrique Krauze definió como  el “mesías tropical” o el Profeta Mexicano, quien tiene como propósito primordial que la historia lo reconozca como el mejor Presidente de todos los tiempos. El líder visionario que salvó a México de las garras de la corrupción.

El estadista mexicano, a quien seguramente llamarán, posterior a su mandato, para ejercer como director o Jefe de un organismo internacional, aunque él dice lo contrario, a su retiro que será definitivo en Palenque, allá en su rancho, pero en 2012 dijo lo mismo: “Si pierdo de nuevo, me voy” a ´La Chingada´ en Chiapas”. (Primera vez que mencionaba a una propiedad rural heredada).

(Pues perdió, y solo se fue a Chiapas a “cantar la palinodia”, pero volvió a hacer campaña).

Soñar no es suficiente. La utopía tampoco. La cruda realidad es el problema.

La burbuja ejecutiva

Muy pronto, el gabinete mostró signos discordantes. Un equipo que presumía ser compacto y que avanzó en los primeros meses del inicio del sexenio como el ejecutor de la doctrina del guía moral para combatir la política neoliberal del antiguo régimen, puso en marcha una “reingeniería administrativa” que no fue suficiente en sus pretensiones y quedó en quimera efímera.

Los nuevos políticos nacionalistas utilizaron fórceps para alumbrar la nueva era contra la globalización porque entre ideologías caducas y la posmodernidad existe un océano de contradicciones.

Comenzaron, pues, las rupturas; se hicieron ajustes y surgieron nuevos nombramientos. Sin embargo, algunos actores destacaron en el círculo cercano. El eclipse de la secretaria de Gobernación dio origen a nuevas figuras. En política, los vacíos se llenan. Un nuevo interlocutor destacó y se convirtió en una figura casi similar al tristemente célebre Manuel Godoy del rey Carlos IV, el abogado Julio Scherer Ibarra. Abogado con prestigio, tejió su propia red y desde la Consejería Jurídica de la Presidencia dictó línea y desplazó de sus funciones a doña Olga Sánchez Cordero hasta lograr su desplazamiento, y  finalmente fue al  Senado a ocupar su escaño.

De esa forma, Scherer Ibarra se convirtió de facto en la voz autorizada del Tlatoani y comenzaron los acuerdos con los poderes Judicial y Legislativo. Pero la cereza del pastel fueron los acuerdos con los gobernadores, así como “dictar línea” a Morena, lo que fue su pasatiempo favorito.

La revisión y corrección de iniciativas fue eliminada y se aprobaron leyes a modo. La tan cacaraqueada autonomía de la Fiscalía General de la República se hizo humo y no se diga en la promoción de funcionarios. La UIF fue la daga para sangrar a los adversarios, o también a quienes no se plegaban a sus caprichos … y desde Palacio Nacional, a la clásica “trompa talega” acordó y operó un esquema paralelo para aglutinar a empresarios o desplazarlos definitivamente. Así se decidió el triste final de la Cooperativa Cruz Azul. Pero el fin del poderoso abogado consejero, supuesto alter ego presidencial, quizá no imaginó su propia caída, al estilo de Mazarino, de Manuel Godoy, quien ahora resulta posible candidato al cadalso de un juicio con sentencia anticipada.

Empresarios: amigos o enemigos

Alfonso Romo, el poderoso empresario que aceptó colaborar en la Oficina de la Presidencia de la República, fue enlace entre los hombres del dinero, esos que han sido motejados como “ Mafia del Poder”, aguantó todo lo que pudo los embates del Coordinador Jurídico. Acostumbrado a negociar, tejió fino y sirvió algunas veces como enlace, otras como puente y las más, como interlocutor. Su salida significó un antes y después para la clase empresarial.

Así pues, un ser mitológico de la cosmogonía indígena y la sabiduría popular identificado como “nahual”, rondaba por Palacio y en un acto de posesión casi diabólico, materializó en el poderoso Coordinador Jurídico.

Ese fue el comienzo del calvario para algunos empresarios y para otros, el fin de sus litigios mediante criterios de oportunidad.

Poco a poco los asuntos de Emilio Lozoya con Pemex, la planta de Nitrogenados con Alonso Ancira; Juan Collado y sus vínculos con los hombres del poder; la Cooperativa Cruz Azul y el supuesto fraude de 43 mil millones de pesos de Ángel Junquera Sepúlveda; el caso Álvarez Puga y las empresas factureras; los casos de corrupción con concesiones de OHL y otros asuntos delicados, tomaron rumbos diferentes.

Todo parecía que marchaba sobre ruedas. Pero, si se permite la figura, en una noche oscura y tenebrosa, la cuchilla cayó sobre el cuello del poderoso abogado.

Caído el favorito, siguió el destino de todos aquellos que en la historia han sido. Julio Scherer Ibarra, fue blanco de múltiples ataques, señalamientos y denuncias.

La FGR inicio carpetas de investigación por presuntos delitos en contra de cuatro despachos jurídicos, todos ligados al defenestrado Coordinador Jurídico de la Presidencia de la República.

La primera de esas indagatorias ya fue enviada ante un juez del Reclusorio Norte y, en ella, se acusa a cuatro litigantes del despacho “Araujo, González, Peimbert, Robledo y Carrancá” (AGPRyC) de ser probables responsables de los delitos de extorsión, tráfico de influencias, asociación delictuosa y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Estas acusaciones están relacionadas con la investigación abierta contra Juan Collado. El resto de las carpetas continúan en proceso de integración.

Coordinador jurídico ¿eficiente o agazapado?

“Las grandes transas siempre tienen el visto bueno del Presidente… (dicen) que él no se entera, (pero) el Presidente se entera de todo, tiene toda la información. Si arriba no hay corrupción, abajo tiene que haber honestidad, ese es el ejemplo que vamos a dejar establecido”, dijo AMLO en Miahuatlán, Oaxaca, 18-08-20.

El otrora poderoso Coordinador Jurídico informaba y por eso lo utilizaban como escudero presidencial o ¿fue un funcionario que trazó su propio camino?

Un hombre que detentó la confianza del Presidente de la República, un subalterno que diseño y ejecutó un plan para vender y cobrar favores. Queda pendiente la investigación y eventual acusación formal. De no suceder así, pues veremos el resurgimiento del clásico borrón y cuenta nueva.

Si las indagatorias de la FGR resultan sólidas, entonces desde un costado de la Oficina Presidencial sabremos si se incurrió en acciones indebidas, se cometieron actos contrarios al discurso anticorrupción, que es parte medular de la filosofía política de la 4T. Entonces para evitar un nuevo escándalo por venir, se realizará un control de daños con celeridad, amagar con la investigación será suficiente. El despido ya fue el castigo.

Se dará carpetazo al asunto y se archivara (destruirá) en el basurero de la comunicación social. Callar antes que a dar vida a un nuevo escarnio público.

No exponer más la figura presidencial. Cómo explicar que, en el círculo cercano, en el corazón de la burbuja presidencial se cometían las mismas prácticas de antaño que se decían combatir con honestidad y autoridad ¿moral?

La cooperativa azul

Dice el refrán popular, que “dónde hay dinero hay intereses…”.

Y Cooperativa La Cruz Azul no es la excepción sino la regla.

Con ventas anuales que suman más de 20 mil millones de pesos y una plantilla laboral de casi una docena de miles de empleos directos, distintos negocios y 4 plantas de producción en Puebla, Oaxaca, Aguascalientes e Hidalgo, este Empresa 100% mexicana, reza su eslogan, “es modelo de producción de cemento en México”.

Además, esta empresa es dueña del equipo de fútbol profesional Cruz Azul.

Las disputas internas por el control de la administración llevó a la confrontación y pronto surgieron dos grupos: los disidentes, encabezados por Víctor Manuel Velázquez Rangel y los seguidores de Guillermo Álvarez Cuevas, un personaje que alguna vez fue diputado federal priísta por su natal Tula de Allende y que ejerció el control en la Cooperativa y la llevó a ser una empresa competitiva y de alcance internacional.

Durante 32 años el “Orgullo Azul” creció 600% en producción y se colocó como el mejor ejemplo de cooperativa en Latinoamérica.

Una mina que despertó interés de los nuevos ricos en México y algunos funcionarios de la era morenista. Así comenzó una oscura relación entre el poderoso Coordinador Jurídico de la Presidencia de la República, vía despachos jurídicos, y el grupo disidente de la Cruz Azul. Los primeros embates los recibió el asesor jurídico de la cooperativa, Ángel Junquera Sepúlveda, hombre muy cercano a Guillermo Álvarez Cuevas.

Extrañamente se desató el vendaval jurídico para Guillermo Álvarez y su equipo. La Unidad de Inteligencia Financiera intervino con celeridad y congeló las cuentas de la cooperativa. De manera simultánea un par de jueces otorgaron amparos y resoluciones para que el grupo disidente se hiciera con todo el Grupo Azul.

Las disputas ya escalaron la confrontación y la pérdida de vidas humanas. Hoy se sabe que con documentos apócrifos de la DEA, la UIF congeló dichas cuentas. Las demandas en EE. UU, de parte de la Cooperativa, así lo demuestran. Y en México, la FGR de Gertz Manero, comienza a investigar. Todos los acusados están ligados al otrora poderoso Coordinador Jurídico de la Presidencia de la República, Julio Scherer Ibarra.

El otoño de la disputa vislumbra su fin en la cooperativa. Resoluciones, amparos, demandas y una resistencia poco común de los socios en la Planta de Hidalgo, lograron que la verdad salga a la luz: Una estrategia mediante contubernio entre ex funcionarios federales y disidentes, que tenía como propósito fundamental acabar con la empresa cooperativa y posteriormente, rematarla al mejor postor. Ese sería un daño colateral del “no somos iguales”.

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