Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

Salinistas y obradoristas (o el “pezje” por la boca muere)

En su “nuevo” espectáculo mediático, el “politiquero” Andrés Manuel López Obrador pretendió descalificar al columnista Raymundo Riva Palacio al afirmar que fue “asesor de Salinas para noticias”. Lo dijo el presidente, nadie más, pues también es ventrílocuo. Como el mismo Riva Palacio aclaró, fue director de Notimex, y no fue peor que Sanjuana Martínez… Pero me concentro en algo más: si el simple hecho de haber trabajado con o para Carlos Salinas descalifica, sea cual sea el ámbito o el momento, hay que hacerlo con muchos empleados y exempleados del gobierno actual, así como con otros obradoristas. Muchos colaboradores o excolaboradores de AMLO fueron empleados de Salinas cuando fue secretario de Estado y presidente. Pongo seis ejemplos: Manuel Bartlett Díaz, Marcelo Ebrard Casaubon, Manuel Camacho Solís, Ricardo Monreal Ávila, Roberto Salcedo Aquino y Esteban Moctezuma Barragán.

1. Manuel Bartlett: don Manuel fue el primer secretario de Educación Pública del gobierno salinista. La colaboración de Bartlett con Salinas no se limita a esos años de gabinete, ni al proceso electoral previo (la elección fraudulenta de 1988, operada por Bartlett en un sistema antidemocrático como el que prefiere López Obrador). Lo expuse aquí.

2. Marcelo Ebrard: siempre de la mano de Manuel Camacho, el hoy canciller fue secretario de Gobierno del Departamento del Distrito Federal salinista y subsecretario de Relaciones Exteriores cuando el ex regente Camacho fue el titular de esa dependencia al final del salinato. La carrera de Ebrard es más conocida que la de otros, así que vayamos a ellos.

3. Manuel Camacho: falleció en 2015, pero fue obradorista y vivero de ese movimiento, después de ser priista y salinista. Lo fue de “hueso colorado” hasta la sucesión presidencial de 1993-94, proceso en el que Salinas dio a Colosio y no a él la candidatura del PRI. Antes fue subsecretario de Desarrollo Regional en la Secretaría de Programación y Presupuesto encabezada en el sexenio delamadridista por Salinas, y cuando éste fue designado en 1988 candidato priista a la presidencia de México, Camacho se convirtió en secretario general del PRI.

Después de ser su coordinador de campaña, el ya presidente Salinas le entregó la regencia del Distrito Federal (donde Camacho resucitó al represor antiizquierdas Miguel Nazar Haro). Al final de ese sexenio, Camacho fue, como ya se dijo, canciller y también coordinador “para el diálogo y la reconciliación en Chiapas” tras el levantamiento zapatista.

4. Ricardo Monreal: fue diputado federal de 1988 a 1991 y senador de 1991 a 1997 (Salinas fue presidente de 1988 a 1994). Cuando el doctor Monreal fue diputado por primera vez era la mitad inicial del sexenio salinista y una época en la que el candidato presidencial priista “palomeaba” o daba su consentimiento a las candidaturas legislativas federales. Aunque Monreal ha dicho que él se hizo solo como político, es cierto que fue impulsado por otro exgobernador de Zacatecas (1982-1988), Genaro Borrego Estrada, quien fue presidente del PRI (1992-1993) durante el gobierno de Salinas.

5. Roberto Salcedo Aquino: el sucesor de la nefanda Virgilia Eréndira Sandoval fue oficial mayor de dos dependencias salinistas: el Departamento del Distrito Federal y la Secretaría de Relaciones Exteriores, en ambos casos con Manuel Camacho como titular.

6. Esteban Moctezuma Barragán: el embajador de México en Estados Unidos y anterior secretario de Educación Pública obradorista ha tenido tres jefes máximos: Francisco Labastida Ochoa, Ernesto Zedillo y Ricardo Salinas Pliego. Es colaborador del presidente López Obrador y lo fue del presidente Salinas a través de Zedillo. Éste fue dos veces secretario de Estado del salinismo, primero de Programación y Presupuesto —la secretaría que ocuparon Miguel de la Madrid y Salinas antes de ser presidentes, todo sucesivamente— y después de Educación Pública. En ambos cargos Zedillo tuvo como oficial mayor a Moctezuma; es decir, el obradorista fue dos veces cuasi-subsecretario de Estado —eso es la Oficialía Mayor— del presidente Salinas.

¿Esos seis son descalificables por el simple hecho de haber tenido formalmente esos empleos? ¿O son muy criticables unos, no todos, por el tipo de relación política involucrado y por lo que en realidad hicieron o no hicieron mientras trabajaban? Son dos cuestiones diferentes. Ninguno de los seis era antisalinista, pero no todos eran el mismo tipo de salinistas. Lo mismo pasa con los obradoristas —así que no les conviene a todos ellos, a mediano plazo, la forma en que habla su jefe…

López Obrador es un hablador. Digámoslo sin eufemismos porque es estrictamente cierto. Discursea con un purismo partidista absoluto pero actúa muy incongruentemente. De una incongruencia que está más allá de cualquier pragmatismo verdaderamente justificado. En muchos aspectos es un político como cualquiera; supera al promedio en autoestima, propagandismo y “politiquería” pseudohistórica y patriotera. Su fanaticada come lo que él, sobre todo, entrega: alimentos mitológicos. Mito son su transformación y su pureza.

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