Cinque Terre

Ricardo Becerra Laguna

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Economista. Fue subsecretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México. Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad luego de los sismos de 2017. Presidente del Instituto para la Transición Democrática.

El salario mínimo explicado a mis hijos (a propósito del verbo “desindexar”)

Rumbo al final de la semana pasada, en una operación sincronizada, un grupo de Diputados y de Senadores (de Morena pero también de otros partidos), subieron a sus respectivas tribunas para formular un alegato que aprobará “de manera urgente, perentoria” la nueva vinculación de los salarios mínimos con otros precios, especialmente pensiones. En sus discursos la cosa sonaba bien y justo ¿verdad? pero es un grave error, suponemos, fruto de la falta de información o de la incomprensión pura y dura.

Como se trata de una condición absolutamente esencial para construir una política de recuperación salarial en México (un tema crucial, donde los haya), creo que debemos hacer un poco de historia. Veamos.

1.- Los salarios mínimos son un precio tan importante como las tasas de interés, el tipo de cambio, el barril del petróleo o el costo del kilo de tortillas. Su monto, nos informa de una situación económica y social y de una política económica en un momento dado. No solo afecta a quienes lo ganan directamente, sino a los que devengan cifras cercanas a él, incluso a los que ganan por ejemplo, dos salarios mínimos: hasta 2018 no salías de pobre extremo trabajando tu jornada completa. Su “efecto gravitatorio” perjudicaba a otros salarios (tres salarios mínimos e incluso un poco más allá). Es decir, el salario mínimo era (sigue siendo) un factor de empobrecimiento de los ingresos para “10.9 millones de trabajadores en cuyo monto salarial influyen directamente los mínimos”, según el INEGI en una extraordinaria investigación de minería de datos (véase https://tinyurl.com/y3vzurw4, 2016).

2.- Una pesadilla vivir con ese minisalario, pero tal cosa no era obra de la casualidad: fue una decisión política deliberada desde el sexenio de Miguel de la Madrid. La era de la turbulenta globalización sería enfrentada a costa de mantener “anclados” los salarios con una doble función: “atraer inversiones privadas” (la mano de obra mexicana ya es más barata que la china, por ejemplo) y con los salarios deprimidos no habría presiones inflacionarias del lado de la demanda (una bonita fórmula que sigue gustando a los chicos del Banco de México). Y no solo eso: como los salarios mínimos bajaron y bajaron hasta entrado el siglo XXI (cuando se estancó) fueron ligados y convertidos en “referencia” de muchos otros precios (miles de precios en toda la República) para que ellos mismos no crecieran (un mecanismo no tan inconsciente, de control inflacionario).

3.- Por eso, si queríamos cambiar una pieza del “modelo neoliberal” que pende de los bajísimos salarios entonces había que comenzar desatando a los salarios mínimos. En efecto, un incremento importante en ellos llevaría en automático, al incremento de miles de otros precios

4.- Desindexar fue la palabra clave, es decir, quitarle al salario mínimo el uso generalizado como unidad de cuenta. Como anotamos arriba, desde los años ochenta, bajo distintas argumentaciones –algunas muy abusivas- el salario mínimo se convirtió en referente de multas, sanciones, trámites, créditos, adeudos, costos administrativos, becas, contratos privados e incluso ¡factor para el financiamiento a partidos políticos o múltiplo de las multas por el consumo de drogas!

Esta situación fue permitida y consentida por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM), organismo que dócilmente dejó de discutir a los salarios mínimos en su sentido constitucional (un sueldo de garantía) y en su lugar se dedicó a decretar aumentos burocráticos y administrativos por memorándum: desde hacía 35 años, solo se incrementaban en función de la inflación pasada (ni siquiera de la del año en curso).

Por eso “desindexar” era la condición ineludible para que el salario mínimo pudiera discutirse en sus propios términos (como un sueldo de garantía a los trabajadores menos calificados). Sin esa desindexación, aprobada por unanimidad en 2015, hubiese sido imposible la decisión del Presidente López Obrador, en diciembre pasado, de llevar el salario mínimo al nivel del costo de la canasta alimentaria para dos personas (102.7 pesos diarios).

5.- ¿Cómo se hizo? Los Diputados de aquella legislatura lo hicieron bien y recibieron la asesoría técnica y jurídica del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIJ-UNAM), y del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). La desindexación siguió esta ruta:

a) La creación de una medida que sustituya a los salarios mínimos en el entramado legal mexicano. Este propósito tenía a su vez, dos prerrequisitos constitucionales.

b) Por una parte, radicar en la Carta Magna dicha necesidad (que la vida económica mexicana opere y recurra a una “Unidad de Medida y Actualización” propia, fijada, diseñada y actualizada en sus propios términos). Y por otra parte, sustituir la indexación del salario mínimo que hoy se encuentra en la Constitución (artículo 41, inciso I, párrafo a) y que lo convierte en factor de determinación de financiamiento de los partidos políticos. Este es el único caso en el que los salarios mínimos estaban indexados a nivel constitucional y por eso, se requirió ese cambio adicional.

c) La reforma constitucional era necesaria como señal nacional del orden federal y local, y como mecanismo nuevo para establecer con certeza el costo del conjunto de trámites, precios, multas, cuotas, becas, créditos, pensiones, etcétera. Esta reforma fue especialmente cuidadosa con las consecuencias no deseadas y previsibles en normas específicas, como las del orden laboral y de pensiones, por citar solo dos ejemplos.

d) Finalmente, Jurídicas y el CIDE dotaron de todos los elementos (los cambios constitucionales y sus artículos transitorios asociados), que deberán ser impactados sus transitorios explican cómo ajustar en el tiempo a la “UMA”. Además, la investigación ubicaba con claridad las leyes federales y locales que deberían reformarse para sustituir “veces salarios mínimos” por “veces UMA´s).

Este fue y sigue siendo un trabajo inacabado para ofrecer plena certeza jurídica a todo el país y para evitarnos confusiones como la de la semana pasada.

6.- La Unidad de Medida y Actualización es pues un sencillo concepto que está llamado a sustituir al salario mínimo en todos los artículos y todas las leyes que lo utilizaban abusivamente como mero referente. La reforma constitucional que creó esa Unidad, le otorgó un valor original; previó una institución y un mecanismo de actualización y enumeró qué artículos y qué leyes deberán de ser modificados en el orden federal, en el orden local y municipal. Aquí puede leerse completa (http://tinyurl.com/y6gv6697).

7.- El panorama latinoamericano -región que ha vivido políticas de recuperación salarial consistentes -abunda en ejemplos de cambios como este, reformas a las leyes, expeditas, que edifican unidades de cuenta mediante textos sencillos y fáciles de aplicar. En el caso de la República Oriental del Uruguay, con la Ley Nº 17.856, que data de 2004, o del Código Tributario de Chile, se estableció desde 1974 la Unidad Tributaria (mensual, trimestral o anual) con la que se tasan las tarifas, multas, derechos arancelarios, así como deudas, misma que se actualiza conforme a la inflación.

8.- Después de tres décadas y media, por fin, el salario mínimo dio un salto significativo y lo hizo porque estaba “desindexado”. Y claro los otros precios que antes estaban atados a él van mas lentos porque se ajustan solo a la inflación. Pero para eso está la UMA. Si usted quiere un aumento más importante en las becas de estudiantes en el extranjero, multiplique su factor por 1.2 UMA´s, por ejemplo. Quiere que las pensiones se incrementen aun ritmo más significativo, táselas a 1.3 UMA´s, que para eso está: para ser utilizada como referente general y nacional y dejar ir a los salarios por su propio carril.

9.- Y fíjense en el efecto contrario: si el afortunado salto de 2019 en el salario mínimo todavía estuviera vinculado a créditos del INFONAVIT, las cuotas hubiesen subido muchísimo, pero para eso está la UMA, precisamente: para que todo precio o tarifa se refiera a ella y para que todo precio se discuta en sus propios méritos y en su contexto.

10.- No es tan complicado. ¿Verdad?

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