Cinque Terre

Fernando Dworak

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La sabiduría de The Who

Como muchos, empecé escuchando rock por su espectacularidad, como ver a Jimi Hendrix incendiando su guitarra, a Jimmy Page tocando con un arco de violín, baterías enormes como la de Ginger Baker o mares de teclados como Rick Wakeman. Sin embargo, poco a poco me fui decantando por músicos más discretos visualmente, pero con técnica más compleja. Para ejemplos no tengo que irme por algún virtuoso del progresivo: basta y sobra con escuchar, digamos, a Lindsey Buckingham, de Fleetwood Mac.

Aunque hace años que no escucho a Hendrix y regreso de vez en cuando a Led Zeppelin, siempre tengo algo de The Who entre el material que escucho constantemente, aunque empecé escuchándolos por su teatralidad.

Mi gran epifanía con la banda fue la descarga de energía que me impactó al escuchar “Pinball Wizard” por primera vez: no hubo vuelta atrás. Si uno observa fotos de ellos en esos años, verá al guitarrista Pete Townshend mientras brinca por el escenario o toca la guitarra como molino de viento; al dios del rock Roger Daltrey, con su cabello rubio y ensortijado lanzando su micrófono al aire; al bajista John Entwistle inmóvil en su puesto, aunque con algún toque excéntrico en su atuendo, y al baterista Keith Moon mientras actua como si estuviera poseso.

¿Por qué los sigo teniendo entre mis favoritos? Para ser sincero, hoy lo único que puedo decir de Keith Moon (muerto en 1978) es que Jim Henson se inspiró en él para crear el personaje de “Animal” para Los Muppets. Entwistle (muerto en 2002) fue un músico consumado: su bajo no sólo llenaba los vacíos que hay en un power trio (guitarra, bajo, batería), sino que era simultáneamente un músico solista a la par de rítmico. Quien lo dude, ponga material de The Who en concierto durante los años setenta o escuche canciones como “The Real Me” o “Eminence Front”.

Daltrey no sólo sigue siendo espectacular, sino que tiene una voz que, a pesar de los años, es emblemática. Pero por encima de todo, Townshend es uno de mis letristas preferidos: sin aspirar a ser “espiritual”, “filosófico” o “político”, siempre habla desde su propia vivencia, problemas y dilemas, lo cual a mi modo de ver lo convierte en un escritor universal. Por muchos años busqué su libro de cuentos, Horse’s Neck, hasta encontrarlo, y sus canciones me siguen diciendo algo. Y sí, todavía no puedo creer que pude verlos en vivo cuando vinieron en 2016.

Hace unas semanas Daltrey y Townshend presentaron el nuevo álbum de la banda, titulado Who. Aunque supe que se estaba grabando desde enero y veía día a día los podcasts que publicaban en su canal de YouTube, temía que fuera un disco flojo como su entrega anterior: Endless Wire. Como buen fan, cacé las tiendas de discos hasta que lo vi y lo puse al llegar a casa.

¿Qué escuché? Primero, un sonido de banda más sólido, donde participa también Simon Townshend, hermano de Pete, y en la mayoría de las canciones aparece la sección rítmica formada por Zak Starkey (hijo de Ringo Starr) y el bajo de Pino Palladino, quienes repiten muy bien el juego entre Moon y Entwistle. Las canciones son más pegajosas y van desde retomar el viejo sonido R&B de los sesenta, la fuerza que tenían en los setenta y el toque ligeramente pop de los ochenta. No sólo eso: hay toques en los arreglos y secuencias de acordes que dan un guiño a sonidos contemporáneos. Si un indicador de éxito es que te den ganas de tocar guitarra aérea, brincar o siquiera tararear, Who cumplió con mis expectativas. Con creces.

La primera canción, “All This Music Must Fade”, habla de uno de los temas más duraderos en las letras de Townshend: la creación musical y la forma en que géneros van y vienen. En 1971 celebraba el acto creativo, la forma en que las notas se relacionan entre sí y cómo tejíamos nuestra vida a través de ellas en canciones como “Pure and Easy”, “Gettin’ In Tune” y “The Song Is Over”, del álbum Who’s Next. Para 1978, en Who Are You, adopta una postura más cínica: en “New Song” se mofa de las melodías prefabricadas, se despide de una moda más en “Sister Disco” y hasta desconoce a los punks en la rola epónima.

Hoy la visión es otra: no importa quién o qué esté de moda, toda la música desaparecerá al final de cuentas, sin importar a quién le guste o no lo que escribe. Y de paso da acuse a One Direction por tomar elementos de “Baba O’Riley” para “Best Song Ever”: “I don’t mind other guys ripping off my song. I’d be lying if I said I never done no wrong. All this sound that we share has already been played and it hangs in the air”.

Voy a hacer una confesión: me dan una flojera infinita las canciones que hacen “comentario social”, pues por lo general no van más allá del lugar común además de ser pretenciosas. En cambio, me fascinan aquellas que hablan de lo político como vivencia, sin tener que tomar una postura partidista. Hay una línea de eso en las letras de Townshend y voy a dar unos ejemplos: en 1970 The Who lanzó el sencillo “The Seeker”, donde se muestra inconforme y desencantado tras el utopismo ingenuo de los sesenta. Pocas canciones podrían ser más cínicas y escépticas hacia la política que “Won’t Get Fooled Again” de Who’s Next. En 1984 lanzó el álbum solista White City. A Novel, donde trata la vida en un barrio popular londinense. Incluso en Endless Wire habla sobre un hombre que se enamora de una mujer de mirada hipnótica, mientras se da cuenta de que es una terrorista suicida y ambos vuelan por los aires en “Black Widow’s Eyes”.

Hay tres canciones que tocan esa perspectiva en Who. La primera, “Ball and Chain”, es sobre los presos de Guantánamo y lo que viven en su encierro. En “Street Song” trata el incendio del edificio Grenfell, en Londres, donde 72 personas murieron por la inexistencia de medidas de seguridad en 2017, y en “Rockin’ in Rage” habla sobre el ambiente en el Reino Unido a raíz del brexit. En todos aborda la vivencia de estar preso, de protestar o de hundirse en la incertidumbre sin ser militante.

El primer éxito de The Who fue en 1965, con “My Generation”, particularmente por una línea: “I hope I die before I get old”. Más adelante jugó con la idea del engaño como base del espectáculo con “Eminence Front”, de 1982, y “We Got A Hit”, de 2007. En “I Don’t Wanna Get Wise” cierra el ciclo, mientras la banda descubre que, a final de cuentas, sobrevivieron para alcanzar algo que no deseaban cuando se entregaban a una vida de excesos: la sabiduría que trae la edad avanzada.

Hay otro diálogo en la canción “Detour”, esta vez entre la banda joven y los hombres que son hoy. Las estrofas, interpretadas en el más puro R&B de los primeros años de The Who, hablan de la necesidad de cambiar la ruta que se está siguiendo, aunque no queda claro si es o no una advertencia. Por otra parte, en los versos el estilo es más sobrio y actual, donde se describe la dificultad de adaptarse a los nuevos tiempos, las crisis en las relaciones durante la edad madura y la necesidad de ser solidarios con los demás (como dato curioso: entre los nombres de bandas que usaron antes de quedarse con el actual estaba The Detours).

La religiosidad siempre ha estado presente en las letras de Pete Townshend. En la ópera rock Tommy hablaba de un joven autista que se vuelve en una figura mesiánica. Sabemos que fue seguidor ferviente de un gurú de nombre Meher Baba, e incluso le dedicó su primer disco solista, Who Came First. También algunas de sus canciones como solista, como “Let My Love Open The Door”, se pueden entender de una forma romántica o religiosa. Sin embargo, nunca hizo proselitismo e incluso se ha opuesto a toda autoridad que busca imponer su visión, como en “A Man In A Purple Dress” de Endless Wire.

“Beads On A String” está en esa línea: habla del sinsentido de matarse unos a otros a nombre de dioses que, a final de cuentas, son el mismo, cuando todos estamos vinculados como cuentas en un hilo. La voz de Daltrey parece navegar entre los coros que hace Townshend, mientras una lluvia de sintetizadores marca la melodía. No está mal, aunque la búsqueda interior del guitarrista nos ha dado mejores canciones.

Una de mis canciones favoritas del disco es “Hero Ground Zero”, en buena parte por la tensión creativa que siempre ha marcado a la banda. Aunque es conocida la tensa relación entre Townshend y Daltrey desde siempre, el primero ha sabido escribir para la voz del segundo. En este caso se describe, con cierta idealización, cómo ha sido la carrera del cantante, que ha pasado entre la música y la actuación por momentos.

Townshend toma la voz principal en la balada “I’ll Be Back”, donde plantea que, si de verdad existiera la reencarnación, le gustaría volver a estar con su pareja en la siguiente vida. El arreglo es sencillo y cercano al viejo soft rock de los setenta, donde domina el piano. Sólo faltaba el saxofón para sentirme atrapado en una canción de Billy Joel.

Simon Townshend compuso “Break The News”, haciéndola la primera colaboración suya en The Who. El arreglo puede caber casi a la perfección en el brit pop contemporáneo, y casi hasta la puedo imaginar en la voz de, digamos, Damon Albarn. El tema: una pareja en edad madura, todavía enamorada como si tuvieran 24 años, después de todo lo que han vivido. Bonita y tarareable pieza.

En 1967 Townshend escribió uno de los grandes himnos al autodescubrimiento: “Pictures of Lilly”, donde encuentra la forma de conciliar el sueño mientras ve fotos viejas de una mujer. En la canción que cierra el disco, “She Rocked My World”, vuelven a aparecer fotos viejas en una pared, pero esta vez son de una vieja amante en la juventud y cómo ella agitó su mundo por unos días. Contrasta lo que dicen unos biógrafos imaginarios con la intensidad de esos momentos, antes del final. La melodía es acústica, las cadencias casi árabes y un cierre intenso para un disco de edad madura bastante bueno.

Hace poco Townshend anunció que sacará un nuevo disco solista en 2020, y acaba de publicar una novela llamada The Age Of Anxiety. No puedo esperar…


Este artículo fue publicado originalmente en https://fernandodworak.com/la-sabiduria-de-the-who/ . Agradecemos a Fernando Dworak su autorización para publicarlo en nuestro portal.

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