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Carlos Urdiales

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“Rosario, no te preocupes” parte II

El 19 de abril de 2013, en Zinacantán, Chiapas, el Presidente Peña Nieto recibía a Luis Ignacio da Silva, entonces prestigiado político brasileño, como invitado estrella a la gira de la Cruzada Nacional contra el Hambre, uno de los programas estelares del naciente y reluciente sexenio. Rosario Robles mandaba en Sedesol.

En la víspera, el PAN había presentado denuncia penal ante la PGR en contra del gobernador de Veracruz, Javier Duarte, Robles Berlanga y 56 funcionarios más. Gustavo Madero exigía juicio político contra ambos por uso indebido de recursos públicos, por los millones desviados de programas sociales a campañas políticas priistas.

En el acto central de la gira, Peña Nieto fue enfático: “Rosario, no te preocupes, hay que aguantar porque han empezado las críticas, las descalificaciones de aquellos a quienes les ocupa y preocupa la política y las elecciones, pero nosotros, este gobierno, tiene un objetivo claro, que es acabar con el hambre… que sigan aquellos criticando las acciones mientras se preocupan por las elecciones”, dijo el Presidente.

El “Rosario, no te preocupes” fue viral. Javier Duarte robó despreocupado, confiado en que merecía abundancia. Lula da Silva dejó las cátedras sobre combate a la pobreza, acusado por corrupción, el líder carioca está tras las rejas. Y México es un país en bancarrota, a decir del próximo Presidente. 

De hecho, ningún secretario de esta administración se preocupó gran cosa, ni por túneles en Almoloya o socavones en Morelos, tampoco por la generación de gobernadores priistas que hundieron al otrora partidazo en la peor crisis de su historia a golpe de estafas maestras y empresas fantasma, ni escándalos inmobiliarios ni hecatombes como Ayotzinapa perturbaron conciencias o modificaron conductas corruptas.

La luz, que en 2013 bañaba el horizonte de este sexenio, se tiñó de guinda; el PAN de Gustavo Madero se diluyó entre moches y se escrituró a favor de Ricardo Anaya. AMLO renació con su bandera de honestidad. El resto es historia fresca. Borrón y cuenta nueva prometió el Presidente electo desde su campaña. El futuro lo alcanza.

La semana pasada, Reforma resucitó acusaciones contra Rosario Robles, desvíos por más de 700 millones de pesos en efectivo desde sus ayeres en la Sedesol. La hoy titular de Sedatu rechaza imputaciones, se dice limpia, confía en la rectitud y transparencia de su desempeño como funcionaria pública.

Desde el Congreso, Morena afila cuchillos, pide que para la glosa del sexto informe de gobierno se incluya a Robles Berlanga en las comparecencias. Huelen sangre. Pronunciamientos de los mariscales legislativos de López Obrador dicen que eso de borrón y cuenta nueva no será parejo. Hay cuentas añejas por saldar entre tanto perredista, unos que van y otros que llegan.

El 15 de septiembre el Presidente electo afirmó: Lo de Rosario Robles es puro circo; ella, un chivo expiatorio. Los jefes de jefes ni su respetabilidad pierden. Al buen entendedor, “Rosario, no te preocupes”.


Este artículo fue publicado en La Razón el 18 de septiembre de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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