Cinque Terre

Rafael Hernández Estrada

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Fundador y consejero nacional del PRD, fue su diputados federal y representante electoral. Se desempeña como asesor parlamentario y analista político.

La revocación, otro circo

Mal haría la oposición si, entusiasmada por el fracaso de la Consulta Popular 2021 o alentada por su propio radicalismo, se engancha con la revocación de mandato que el Presidente de la República quiere activar para realizarse el año entrante. Si los opositores pican ese garlito, aún desde posturas aparentemente ultras, estarían haciendo un gran favor a la estrategia transexenal de Andrés Manuel López Obrador, pues ayudarían a éste a sobrellevar la adelantada decadencia de su mandato y a distraer la atención de la ineptitud de su administración.

No hay duda de que la Consulta Popular del 1º de agosto será un rotundo fracaso. Lejos de los 37.5 millones de electores participantes que se requieren para darle obligatoriedad al resultado, desangelada la convocatoria, una pregunta confusa, con un INE organizándola con ahorros porque no le fue otorgado presupuesto alguno, tildada popularmente su realización como un capricho presidencial, la concurrencia al ejercicio quedó sujeta a la capacidad de movilización y al acarreo que pueda hacer Morena, con el ilegal apoyo del gobierno federal, los gobiernos estatales y municipales emanados de dicho partido. No es desencaminado el pronóstico de que acudirán tan pocos electores a las mesas de la consulta, que sepultarán el mito de los 30 millones de votos, cuantía que los intelectuales orgánicos de la 4T elevaron a origen sublime de su equívoca causa.

Foto: Cuartoscuro

La revocación del mandato en la versión 4T ha sido, desde el principio, un elemento de propaganda mediante el cual el huésped de Palacio Nacional pretende sacar ventaja a través de la polarización. Le es útil para capitalizar políticamente el renombre que aún tiene entre grandes segmentos de la población, para lo que le vienen de maravilla dos cosas: 1) adoptar el papel de víctima de los “poderes oscuros del pasado”, y 2) poner directamente su nombre en una boleta electoral, de manera que su popularidad no deba seguir el tortuoso y muchas veces fallido camino de la transferencia a candidaturas impresentables y/o desconocidas.

Es importante tener en cuenta que, legalmente, el Presidente de la República no puede solicitar su propia revocación del mandato, puesto que sería un contrasentido. La fracción IX del artículo 35 de la Constitución establece que la revocación solo podrá ser convocada “a petición de los ciudadanos y ciudadanas, en un número equivalente, al menos, al tres por ciento de los inscritos en la lista nominal de electores”. Esto quiere decir que, para que tenga validez, la solicitud deberá ser respaldada por más de 2 millones 800 mil ciudadanos. Salvo que la confundida oposición le haga el trabajo de recolección de firmas y le ponga la mesa para su lucimiento, el Presidente y su partido deberán recabarlas y aquí nos podemos encontrar otro barroquismo muy a la mexicana: los solicitantes identificados con López Obrador y Morena serán los peticionarios de la revocación.

El que los seguidores de AMLO pidan la revocación será grotesco o bizarro por una sencilla razón: la revocación del mandato es una acción punitiva, sancionadora, en la cual la ciudadanía demanda la separación del cargo del servidor público, en este caso del Presidente de la República, por juzgarlo inepto, corrupto o incapaz de conducir los destinos nacionales. Quienes suscriban la solicitud de revocación de mandato estarán pronunciándose a favor de que termine anticipadamente el periodo de gobierno de la 4T, demandarán el adelantado cese de sus funciones. Dicho de otra manera, no se puede solicitar la revocación del mandato para después votar por el no.

Bien haría la oposición si actúa en forma inteligente y estratégica, si no se deja llevar por la demagogia de la revocación del mandato, y si permite que el inquilino del Palacio Nacional y su séquito se las arreglen con su propio enredo.

Cincelada: Condenó la lectura recreativa cierto funcionario de la SEP. Guiado por un marxismo grouchista, dijo que es consumista. Me declaro culpable.

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