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Gerardo Flores Ramírez

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El autor es economista y fiel seguidor de Pumas. Ex senador de la República

Revocación de Mandato: la trampa para la democracia

La jornada de revocación de mandato que se llevará a cabo el domingo próximo es simplemente una tomada de pelo a los mexicanos. Se ha pervertido de manera grosera el proceso que se vive este año en nuestro país: de ser un instrumento para que un número representativo de mexicanos que estuvieran inconformes con la gestión del presidente solicitaran que se sometiera al proceso de revocación de mandato, las huestes del presidente pusieron de cabeza el procedimiento, porque fueron ellos, los que apoyan al presidente, quienes organizaron la recolección de las firmas de los que supuestamente exigían se llevara a cabo el proceso de revocación de mandato, pero bajo una torcida lógica, porque quienes firmaron, en realidad no estaban inconformes con el presidente y mucho menos pretendían exponerlo a que se le removiera del cargo, todo lo contrario, se trató de las firmas de aquellos que simplemente buscaban gritar a los cuatro vientos que quieren que el presidente siga en el cargo.

Una vez que lograron su propósito, simular ante el Instituto Nacional Electoral (INE) que juntaron a varios millones de mexicanos que exigían se llevara a cabo el proceso de revocación de mandato, se han dedicado a hacernos creer que hay una aparente lucha desigual entre los que quieren que se remueva al presidente y quienes lo defienden. Entre otras cuestiones, les falló el cálculo inicial, pues asumían que varios millones de mexicanos se volcarían gustosos a las casillas para votar por la remoción, pero que sería un número sustancialmente menor que el de aquellos que votarían porque permanezca en el cargo. Desde el principio fue notorio que una gran mayoría de mexicanos no mordió el anzuelo, que no son ingenuos, y que no se entusiasmaron con la trampa que les estaba tendiendo la 4T.

Ante ese muy posible escenario de apatía, las diversas comparsas de la 4T se han enfrascado en una intensa estrategia, que evidencia la marcada desesperación de ese grupo político, para pasar encima de las instituciones y de manera señalada por encima del marco constitucional y legal, para promover las supuestas bondades del proceso de revocación de mandato, y desde luego, porque supuestamente conviene que el presidente siga en el cargo. Ahí está la descarada propaganda organizada y financiada de manera simulada por el partido del presidente para promover “que siga” en el cargo. Para evitar sorpresas desagradables, se sabe que han impuesto cuotas a sus gobernadores para que el domingo 10 de abril acudan al menos 30 millones de mexicanos a votar, confiados de que la mayoría lo hará a favor de la permanencia. La cuota que se supone aportará la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México se fijó en alrededor de tres millones doscientos mil ciudadanos votando el 10 de abril. Todo tomando como referencia los resultados obtenidos por el presidente en 2018.

FOTO: VICTORIA VALTIERRA/CUARTOSCURO.COM

De manera anticipada, tratando de curarse en salud, se ha fortalecido la amenaza para descarrilar al INE, al que se culpará de una participación por debajo de la que algún día soñaron. En su estrategia avasalladora, de pasar por encima de todo, ya hasta se frotan las manos y prometen que removerán a los consejeros del INE, al mismo tiempo que pretenden reformar el andamiaje de reglas que regula los procesos electorales en México, porque una vez que les resultó útil para llegar al poder, quieren cerrar la puerta a cualquier opción que pudiera hacerles sombra en el 2024.

Cualquier número que acuda a votar, que resulte menor que los 37 millones 129 mil 287 mexicanos que se requieren para que sea válido el resultado de la jornada, será el pretexto perfecto para que el presidente y sus fanáticos se victimicen y señalen al INE como el responsable de sus desdichas y el supuesto obstáculo para que los mexicanos gocen de un ambiente democrático pleno, y entonces, presumiendo el apoyo de los millones de mexicanos que hayan apoyado “que siga” el presidente -como tramposamente lo han manejado-, se envalentonarán para tratar de doblegar a la oposición para que acceda a desmantelar el INE que hoy conocemos y todo el conjunto de restricciones que se establecieron en el marco legal para que quienes estuvieran en el poder no abusaran de su posición ventajosa.

Pero no olvidemos que todo parte de una falsa premisa, que el proceso de revocación de mandato surgió supuestamente de una exigencia ciudadana para remover al presidente, que bajo ese escenario, gracias a su supuesta “buena gestión” habrán sido más lo que apoyaron que no se vaya. Teniendo eso claro, sabremos que todo lo que venga después es simplemente un engaño para los mexicanos. Todo ha sido armado para darle un espacio al presidente para relanzar su imagen y la de la 4T, al mismo tiempo que se buscó generar el escenario propicio para justificar la destrucción de una de las instituciones que ha contribuido más para que México pudiera dejar atrás la imagen de un país arcaico dominado por un solo partido y convertirse en un país con importantes tintes de modernidad, reconstruido sobre los fundamentos sólidos de un andamiaje democrático que ha permitido la alternancia en el poder. Me refiero desde luego al INE y todo el marco legal con sus diversas disposiciones que limitan, justificadamente, a quienes ostentan el poder.

No, no caigamos en la trampa para la democracia en la que la 4T ha convertido al proceso de revocación de mandato. No es momento para los ilusos, no es verdad que a pesar de todo vale la pena participar en el proceso de revocación de mandato de este año simplemente porque se trata de un nuevo “instrumento democrático” que graciosamente nos concedió la 4T junto con un puñado de ingenuos que se dejaron atrapar con el cuento en el Congreso. Son evidentes las trampas, las mañas y los excesos en los que han incurrido los promotores de la 4T para promover la revocación de mandato y la opción de que el presidente siga en el poder, como si en algún momento hubieran enfrentado el riesgo de perder. Por eso, la decisión racional es no participar en el mayor engaño al que se haya querido someter a los mexicanos en décadas, no participar en la jornada de revocación de mandato.

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