Cinque Terre

Carlos Matienzo

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Politólogo por la UNAM y Maestro en Administración Pública con especialización en Seguridad por la Universidad de Columbia, Nueva York. Especialista en temas de seguridad y gobernabilidad. Twitter: @CMATIENZO

Revocación de mandato: una luz a la mitad del camino

La siguiente batalla entre el gobierno y la oposición tendrá lugar en el Senado con la discusión de la iniciativa de revocación de mandato. Palabras más, palabras menos, se propone que AMLO participe en las elecciones de 2021 para definir si la mayoría de los mexicanos queremos que continúe en el poder o se retire tres años antes de culminar su sexenio.

La postura de la oposición, principalmente del PAN y del PRI, parece clara: EN CONTRA. Con sus senadores más los de MC o PRD, la reforma no alcanzará las dos terceras partes de los votos necesarios. El cálculo es que ésta será una muestra de fortaleza, una victoria frente al régimen.

Sin embargo, AMLO sabe que es probable que pierda la votación y seguramente tiene lista su artillería discursiva:  la revocación de mandato se rechazó porque los neoliberales le temen a la democracia; les incomoda que el pueblo ponga y el pueblo quite, desprecian la voluntad popular. Es posible que aún sin marco legal, despliegue a su partido para realizar “una consulta” no oficial de revocación de mandato como lo ha hecho con tantos otros temas relevantes.

Más allá de esa trampa a la que la oposición está a punto de exponerse, el mayor error está en dejar pasar la oportunidad de resurgir. Si el objetivo central de los opositores, de todos los colores y sabores, es sacar a los populistas del poder, es un contrasentido no abrir la puerta para que esto suceda en tres y no en seis años.

Es verdad, la revocación de mandato es una anomalía para la democracia republicana. Sí, es un acto demagogo e inestabilizador. Pero en momentos extraordinarios no se pueden descartar medidas extraordinarias. Hay que ser audaces. AMLO está haciendo un all-in; apuesta que sostendrá sus niveles de aprobación hasta 2021, que no habrá desgaste ni crisis y que vencerá con facilidad. ¿La oposición se compra este cuento? ¿En serio, no ven un camino alterno en el que en 2021 el país esté listo para deshacerse del régimen del desorden institucionalizado?

La iniciativa presidencial proviene de la soberbia populista y su rechazo sólo confirmaría el miedo de una oposición desalentada.

 

FOTO: SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM

Los opositores argumentan que se corre el riesgo de tener a un presidente participando de lleno en las elecciones y desbalanceando el terreno en favor de su partido para mantener la mayoría parlamentaria. En primer lugar, esto sucede en democracias tan avanzadas como la estadounidense. En segundo, con o sin revocación, Obrador seguirá participando desde el púlpito de su conferencia mañanera para influir en el electorado.

Está también el tema del porcentaje de participación necesario para que la revocación surja efectos. Hay que dar la lucha para que quede por debajo de los niveles históricos de participación en elecciones intermedias, pero aún en caso contrario vale la pena seguir adelante. Imaginemos que AMLO pierde el referéndum y, sin embargo, no sale del poder porque la elección no tuvo los porcentajes de participación requeridos. ¿Saben lo que esto significa? Golpear el eje articulador del nuevo régimen: su legitimidad democrática; sería un populista en el poder ya sin la mayoría del pueblo. Abriría las puertas de la movilización popular a la oposición y dejaría al régimen resguardado en legalismos imposibles de explicar.

La revocación de mandato es una oportunidad con más riesgos para el gobierno que para la oposición. Ofrece además un simulacro necesario para los distintos partidos fuera del régimen, el de construir una coalición antiobradorista. La pregunta de la elección en 2021 sería ¿AMLO Sí o AMLO No? Se resolvería así el dilema de juntar agua con aceite (PRI con PAN con MC). A todos los uniría el NO, como sucedió en la gran coalición que aglutinó lo mismo a cristianos que a comunistas para sacar del poder a Pinochet en el Chile de 1988.

El peor escenario de que Obrador participe abiertamente en la elección es que gane nuevamente de manera abrumadora. Si así sucede, pues que así sea; será porque la gente sigue creyendo sus mentiras y porque la oposición no ha logrado plantear alguna alternativa a ellas. ¿No se trata de eso la democracia, de que los ciudadanos elijan? Tres años después la oposición tendría una nueva oportunidad y, si no, en otros tres.

La victoria obradorista sobre sus adversarios no solo ha sido electoral, sino sobre todo anímica. Los tiene frustrados, los tiene temerosos. Hoy que ofrece en plato de oro la revancha, no la quieren tomar.  Pues qué, ¿ya olvidaron cómo ganar una elección?

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