Cinque Terre

Ricardo Becerra Laguna

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Economista. Fue subsecretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México. Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad luego de los sismos de 2017. Presidente del Instituto para la Transición Democrática.

En respuesta a un tuit

Hoy haré algo que no debiera. En primer lugar porque el gran tema del desabasto y el ­huachicoleo de gasolina debe seguir en el centro (se trata de un auténtico shock y una crisis social). Y en segundo lugar, porque los famosos 140 ­caracteres se prestan a la reducción y la ramplonería. Pero haré una excepción, por estas otras razones.

Porque el autor del tuit es un personaje de la vida pública, incluso llegó a ser candidato a Presidente (Gabriel Quadri). Porque su mensaje contiene uno de los prejuicios económicos más propalados en los últimos años. Y porque ese prejuicio se ha instalado en la cabeza de otros personajes relevantísimos, académicos, ONG e incluso el Presidente de la República.

Fue Mckinzey Global Institute la que popularizó esta historia, allá en el 2014: A Tale of Two Mexicos: Growth and prosperity in a two speed economy (https://tinyurl.com/ybkxoc6o)

Durante el siglo XXI, dicen, dos Méxicos caminan en direcciones opuestas: en el norte, prosperidad exportadora, presencia majestuosa de grandes empresas y productividad al alza. En el sur: pobreza, zona de microempresas incapaces de insertarse en nuestro muy competitivo mundo.

En consonancia con esas tesis, la redacción de Quadri fue ésta: “Si México no tuviera que cargar con Guerrero, Oaxaca y ­Chiapas, sería un país de desarrollo medio, potencia emergente”. No entro a juzgar sus muchos asegunes históricos, republicanos o morales, sino a intentar demostrar que tal visión es, incluso, económicamente falsa.

Ni siquiera las cifras más gruesas del siglo XXI le dan la razón. Desde el año 2003, Campeche con -4.6 por ciento, es la entidad que ha padecido una tasa negativa en todos estos años (2003-2017, datos de INEGI). Pues bien: el mayor desastre económico regional no está en los estados que refiere Quadri, sino en el que un día fue petrolero y próspero gracias a ­Cantarell. En una nuez: Campeche ha visto disminuir su PIB en casi 50 por ciento acumulado en este siglo.

¿Y cuál es la segunda entidad con muy grave retroceso? Tabasco, que en promedio desciende su riqueza producida de tasas con 7 en 2005 a -5.0 por ciento en 2017, para ofrecer un dos por ciento en todo el período. Esta cifra tampoco respalda a nuestro tuitero, pues Oaxaca ronda el 1.3%, pero con sólo tres años de tasas negativas.

Luego, el cuadro negro del decrecimiento mexicano viene de Chiapas, Tlaxcala, Oaxaca, Veracruz y Guerrero. Si ­hacemos las cuentas, son siete entidades las que lastran el promedio del crecimiento nacional, pero con mucho, el salto para atrás económico-regional se halla en dos estados que fueron al mismo tiempo boyantes y víctimas históricas por cargar a sus espaldas con casi un tercio de la recaudación de todo el país y luego, de una pésima reforma energética que, con sus líderes sindicales incluidos, tienen a Pemex en la peor crisis de su historia.

Pero el error de Quadri es más profundo pues el “México uno” ha avanzado en buena medida, por los bajos salarios que le paga a los migrantes que provienen del “México 2”; es éste en ­realidad, el que subsidia a aquél.

Normalmente, la maquiladora absorbe población migrante de reciente arribo. Veracruzanos, jaliscienses, etcétera, al norte; oaxaqueños o chiapanecos —con todos sus problemas de formación— son perfectamente capaces de realizar el trabajo en las grades plantaciones tecnologizadas y productivas de Sinaloa o San Quintín. No encuentran oportunidades en sus estados —cierto— pero el desempeño del México 1 acaba siendo soportado por el México 2: es éste el que proporciona la mano de obra barata, la “competitividad espuria” al norte.

Pero no vayamos más lejos, ¿quiénes son las trabajadoras del hogar en la Ciudad de México? ¿Los albañiles? ¿Los vendedores de comida (informales de alta productividad, mídase como se mida) que se colocan en la banqueta para que los demás trabajadores (que no pueden pagarse ni siquiera una fonda) puedan desayunar y comer cerca de sus centros laborales? Pues sí: son mexiquenses, tlaxcaltecas o guerrerenses. El cuidado de los niños, la comida barata de cientos de miles, la edificación de la Ciudad depende de ésos “que no deberíamos cargar”.

Si lo miramos bien, no son dos países sino una sola economía imbricada hasta lo más íntimo.

En resumen: el verdadero drama económico del siglo XXI lo han protagonizado Campeche, Tabasco y Veracruz (no significa que los otros 28 sean un paraíso). Durante décadas, la carga tributaria recayó en esas economías y su desplome es el mayor lastre regional. El sureste mexicano, estancado y por debajo del promedio nacional, no obstante, envía su mano de obra baratísima y sobre ella se yergue buena parte del éxito exportador. Chiapas, Oaxaca y Guerrero necesitan obras de infraestructura, educación, pero sobre todo, mejores sueldos, hacer mercados y economías locales, cosa imposible con esos salarios deprimidos por decisión centralista de los gobiernos federales.

El espejismo de los dos Méxicos, el prejuicio según el cual tres estados son nuestro lastre, en realidad, es el reflejo de nuestra desigualdad mental, acaso inconsciente, perenne y decidida por nosotros mismos (y por tuits como el del viernes).


Este artículo fue publicado en La Crónica de Hoy el 13 de enero de 2019, agradecemos a Ricardo Becerra su autorización para publicarlo en nuestra página.

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