Cinque Terre

Gerardo Soria

Rescate de Altán: palos de ciego

En su conferencia mañanera de ayer 21 de junio, el presidente López Obrador defendió el rescate de Altán Redes, la empresa privada que se comprometió con el gobierno a desarrollar la red compartida mayorista. Como en el caso de todos sus proyectos insignia, para el rescate de Altán Redes el presidente mantiene la misma lógica populista: prometer lo que se sabe imposible y tirar el dinero sin siquiera analizar la rentabilidad del proyecto. Como he sostenido desde hace años, el proyecto de la red compartida (y, por lo tanto, el rescate de Altán) es inviable por dos motivos principales: (I) no tiene demanda suficiente, y (II) todos los promotores de este proyecto han pretendido no ver el problema del costo de los equipos terminales y la necesidad de su subsidio para que verdaderamente se pueda conectar a Internet a la población objetivo.

Con su ya característica superficialidad y ausencia de conocimientos sobre el tema, el presidente confunde cobertura geográfica con cobertura poblacional, y parece que lo único que le importa es poder dotar de servicios de Internet a las sucursales del Banco del Bienestar; para él, llevar Internet a todos se reduce a llevar de Internet a los palacios de gobierno de los municipios, algo completamente distinto al proyecto establecido en la asociación público privada entre el gobierno y Altán, y peor aún, algo diferente al proyecto de la red compartida mayorista dictado en la Constitución.

En su mundo de fantasía, el presidente pretende comparar a Altán con Telmex y se siente muy orgulloso por esta estatización de un proyecto privado, sin siquiera ver que con recursos públicos está apuntalando ganancias privadas. Los principales acreedores de Altán son sus proveedores y la banca de desarrollo; ésta última trata de reclasificar contablemente el dinero que le debe Altán y aquellos pretenden retomar el flujo de sus pagos. El dinero comprometido sólo servirá para retrasar algunos años la debacle total de la red compartida y expondrá a la banca de desarrollo a un quebranto mayor, pero habrá terminado el sexenio y vendrán otros inexpertos a querer inventar el hilo negro y el agua tibia, otra vez.

El presidente insiste en subsidiar a Altán y usarla para llevar Internet a las sucursales del Banco del Bienestar, pero esto no resolverá el problema de la falta de demanda que enfrenta la red compartida, por lo que los pagos que pudiera recibir por este concepto serán sólo un respiro para un proyecto inviable y ahogado. Quizá, si el presidente dejara de lado sus prejuicios estatistas, podría darse cuenta de que los únicos proyectos de cobertura rural que han sido capaces de mantenerse con recursos propios son las redes comunitarias e indígenas, que con liderazgo local y conocimiento en campo son mucho más eficientes que los elefantes blancos diseñados desde un escritorio en la Ciudad de México por burócratas incompetentes, desidiosos y corruptos.

Lo que es de todos es de nadie, por eso la 4T tira el dinero con singular desparpajo. Los negocios son para ellos (igual que en todos los gobiernos) y las deudas las pagamos todos. A diferencia de la burocracia centralista, los proyectos comunitarios ven materialmente el resultado de su esfuerzo, por lo que se esmeran en cuidarlo manteniendo un estricto control de los costos. López Obrador pretende representar al pueblo pero con una visión completamente vertical y paternalista en donde él decide por todos. Quizá ya es tiempo de resolver el problema de la conectividad con una visión horizontal en la que las comunidades sean las responsables de su propio destino. Evidentemente, necesitan apoyo y una asignación eficiente del espectro, pero lo principal es cambiar la mentalidad de las oficinas gubernamentales. Mucho ayuda el que no estorba.


Este artículo fue publicado en El Economista el 22 de junio de 2022. Agradecemos a Gerardo Soria su autorización para publicarlo en nuestra página.

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