Cinque Terre

Rafael Hernández Estrada

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Fundador y consejero nacional del PRD, fue su diputados federal y representante electoral. Se desempeña como asesor parlamentario y analista político.

Regreso a San Garabato de las Tunas

Gran desilusión para quienes, con sinceridad, creyeron que la regeneración nacional que AMLO proclamaba era una transformación progresista y democrática, pues la verdadera intención del grupo en el poder es eternizar su dominio e implantar un monopolio político. A esa pretensión responde el contenido de la contrarreforma electoral presentada el 28 de abril por el inquilino del Palacio Nacional. López Obrador quiere la regeneración, sí, pero la del sistema de partido de Estado que por décadas estancó la democracia en México y entronizó la violación del Estado de Derecho, la arbitrariedad y la corrupción.

Algunas personas con sentido común ven similitudes entre el nuevo proyecto legislativo de la cuarta transformación y la película “La Ley de Herodes” (1999), dirigida por Luis Estrada. Particularmente, señalan las escenas en las que Varguitas, el alcalde de San Pedro de los Saguaros (Damián Alcázar), concentra los tres poderes del Estado en su persona y el Licenciado López (Pedro Armendáriz Jr.) lo felicita por “reformar” la Constitución a conveniencia. Pero se puede encontrar una similitud más exacta al remontarse a la historieta Los Supermachos de Rius (1965-1967).
En San Garabato de las Tunas, Cuc., Don Perpetuo del Rosal es el eterno cacique y presidente municipal arbitrario, atrabiliario y abusivo. Él mismo organiza las elecciones y declara el reiterado triunfo del partidazo (el R.I.P.); manda su propia Guardia Nacional (El Lechuzo y Arsenio, los policías municipales), cuenta con el apoyo de los acaparadores y hacendados favorecidos Ticiano Truyé y Don Plutarco (una especie de Consejo Asesor Empresarial), y, claro, tiene el respaldo incondicional de “las fuerzas vivas” (el pueblo bueno). Como conciencia crítica de la situación, aparecen los protagonistas de la historieta, el boticario Lucas Estornino y Juan Calzonzin, el personaje central (hoy serían tildados como “oposición moralmente derrotada”). El genial Eduardo del Río, Rius, caricaturizó y denunció así al régimen de partido casi único que gobernó México durante décadas de monopolio de poder, capitalismo de cuates, crisis económicas, altas dosis de demagogia para los incautos, represión contra los disidentes, y mucha, mucha corrupción.

La contrarreforma electoral de AMLO quiere restaurar aquel régimen, exhumarlo de su tumba y revivirlo en pleno Siglo XXI. Que el gobernante se reelija o, al menos, que pueda seguir gobernando tras bambalinas, moviendo las corcholatas desde su rancho; que las votaciones sean electrónicas (para que se abaraten); que el gobierno organice los comicios (y que también los califique, para que no haya fallas); que las cámaras tengan super mayorías artificiales que aprueben todas las ocurrencias presidenciales (sin moverles ni una coma); que se reduzca la representación de los partidos de oposición en las cámaras (y en los congresos locales y municipios, faltaba más), que se reduzca su financiamiento y deban contratar su publicidad en radio y televisión (cosa que podrán hacer a precios de libre mercado y solo si la llevan bien con los concesionarios privados). La contrarreforma de AMLO pretende instaurar una caricatura de democracia, es un proyecto para que el sistema político electoral de México sea como el de San Garabato de las Tunas. Tal es la regeneración que busca esa iniciativa.

Para impulsar su sueño, el presidente cuenta solo con los legisladores de Morena (debidamente instruidos en Palacio Nacional), pues al menos en algunos de los puntos particulares encontrará resistencias hasta de sus partidos rémoras. Es claro que la oposición rechazará su pretensión por lo que, al no alcanzar la mayoría calificada que se requiere para modificar la Constitución, será desechada cuando se vote en San Lázaro. Es por esto último que cabe preguntarse ¿porqué el Presidente la presenta en momentos en que, lejos de buscar acuerdos con la oposición, quiere meter a la cárcel a los diputados que votaron contra su Ley Bartlett? Será porque da por descontado el desechamiento legislativo y calcula que, haciéndose la víctima, pueda nutrir un discurso envuelto en demagogia patriotera y antipolítica contra la disidencia, y que tal narrativa le alcance para seguir acumulando posiciones, al tiempo que espera que, antes de las elecciones presidenciales de 2024, algún acontecimiento sorpresivo le ayude a imponer su proyecto transexenal.


Cincelada: En México quedan impunes el 97% de los feminicidios, pero algunas h. diputadas insisten en reformas penales para incrementar las penas (punitivismo populista, le dicen).

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