Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

Regreso a la privatización de TV Azteca

De la Antigüedad a la actualidad, de América Latina a Europa y Estados Unidos, y más; de Calígula a los Borgias (el papa Alejandro VI y su hijo César que, como dijo Maquiavelo, obtuvo todo y perdió todo por la fortuna del padre), de los Duvalier en Haití a los Trujillo en Dominicana, de “La Quina” a Romero Deschamps, de Gonzalo Santos a Maximino Ávila Camacho, y de  empresarios como William Oscar Jenkins a Ricardo Salinas Pliego, pasando por los esclavistas de siempre, como los del sureste gringo que provocaron una guerra civil. No todos los ricos merecen todo lo que tienen.

Es un simplismo creer que nadie merece la riqueza que ya tiene pero es una “inocentada” o algo propio del infantilismo creer que todos o casi todos los ricos merecen serlo, que no hay tal cosa como riqueza excesiva o que el trabajo duro es suficiente para salir tanto de la pobreza como de la clase media. Ni el mero esfuerzo ni el ser buena persona son suficientes y no en todos los casos fueron necesarios, lo mismo que el talento; en otros, tener y disfrutar la riqueza no necesitó de ningún trabajo ni de ninguna virtud. ¿Qué son los juniors? No son simplemente los hijos de los ricos o poderosos, son esos hijos mediocres como individuos que no quieren hacer esfuerzo alguno y que son prepotentes y abusivos; ni capaces, ni esforzados ni buenas personas, pero sí ricos. Ricos sin méritos.

Cuando veo al dueño de TV Azteca veo un resumen de lo que es la riqueza cuando está mal. Salinas Pliego es el rico que siente ser superior a todos, merecer todo su dinero y poder dar lecciones de ética laboral y responsabilidad en libertad. La realidad es diferente: no sólo nació en una familia muy rica, de lo que no es culpable, sino que usó como plataforma los negocios y dineros del papá –quien a su vez confesó en un libro que no tenía suficiente respeto por el Derecho laboral-, por lo que no es un self-made man, y ya como empresario ha recibido muchos favores, mucha ayuda del poder, incluidas desde luego las bajas tasas fiscales y la impunidad ante el impago fiscal. Lo que me lleva al origen de TV Azteca, empresa que es el origen de la actual masa de riqueza de Salinas Pliego.

Regreso a la privatización de Imevisión (TV Azteca no se privatizó, fue creada por la privatización de Imevisión; en el título del texto la referencia es a esa privatización relacionada con TV Azteca) y regreso por medio de un libro de Carlos Salinas de Gortari publicado en el 2000, México: un paso difícil a la modernidad. Libro en el que, dicho sea de una vez, el ex presidente que no será enjuiciado por AMLO dice, como AMLO, ser enemigo del neoliberalismo, niega haber cometido verdaderos errores mayores, culpa por todo a otros gobiernos –en este caso no los anteriores sino el posterior de Ernesto Zedillo- y no hace una sola crítica a un señor de apellido Bartlett. Si en la privatización que cuestiono se hubiera “obrado el bien” (Aristóteles), indudablemente, el privatizador estaría muy orgulloso y el soberbio y proactivo autor del libro hubiera probado el bien total de la obra. Habría hecho una defensa clara, transparente, documentada, frontal, arrogante, pero Salinas ignora el caso, casi como si no se hubiera privatizado la televisora, y ni siquiera menciona el nombre Ricardo Salinas Pliego.

Reuters

En el gobierno salinista se vendieron 261 empresas estatales, concedo que no le era posible escribir sobre todas, pero Imevisión no estaba entre las más pequeñas e irrelevantes. Y la importancia del caso creció y crece con las consecuencias de la compraventa que hemos visto, es decir, entre ellas, la riqueza exorbitante del comprador. No tratarlo en un libro como ése resulta extraño, por decir lo menos. Sobre otros temas el ex presidente escribe como si pudiera defender probatoriamente todo lo que hizo (el libro está bien dotado de omisiones, “medias verdades”, mentiras y estiramientos), pero sobre TV Azteca nada intentó; lo que le pareció mejor fue callarse, fue lo que encontró más conveniente, ¿por qué?

A la privatización de Telmex, que califica como “ejemplar”, le dedica 6 páginas, de la 420 a la 425, y a la privatización de la banca, o reversión de la estatización lopezportillista, le entrega todo el capítulo 15, de la página 431 a la 458. El capítulo anterior, el 14 de las páginas 405 a 430, es el capítulo general sobre las privatizaciones y no hay una sola mención de TV Azteca. El apellido Salinas Pliego no aparece en el “Índice onomástico” que ocupa las páginas 1381 a 1393: 12 páginas de nombres y ningún Salinas Pliego. Inmecafé sí pero Imevisión no está en el “Índice de siglas” que va de la página 1375 a la 1379. Sólo en la 1339, en el capítulo sobre “La situación patrimonial de Raúl” Salinas de Gortari, pero en una nota al pie e indirectamente, don Carlos hace alguna referencia a Salinas Pliego: ahí reconoce que “Raúl prestó a un empresario de televisión”. Eso es todo en todos los sentidos: es lo único que se le escapa a Salinas pero es lo más significativo y relevante: por ese hecho la compraventa de Imevisión está marcada por el conflicto de interés y la sospecha razonable. Raúl Salinas prestó a Ricardo Salinas 29.8 millones de dólares. El empresario tuvo que admitirlo en 1996: ”Sí utilicé 29 millones de dólares de Raúl Salinas para el pago del paquete de medios, pero me los prestó… en 1993 todos admirábamos al presidente Carlos Salinas de Gortari y era una distinción social ser amigo de su hermano”.

El origen de TV Azteca no está en la meritocracia. No está en el triunfo en una competencia pareja y absolutamente limpia con base en el esfuerzo y los recursos individuales propios. No está mal que te presten dinero para satisfacer necesidades ni para conseguir X metas, está muy mal que para comprar una empresa en proceso de privatización te preste millones de dólares el hermano del gobernante que ordenó la privatización. Más cuando el mismo Carlos Salinas tuvo que admitir que “en cuanto a los recursos que acumuló Raúl, sin duda estaban por encima del ingreso que percibió durante el año que laboró en mi administración” (p. 1332). Raúl Salinas trabajó en el gobierno de su hermano un año, el primero, la privatización de Imevisión fue en 1993, ¿de dónde salieron los millones de Raúl Salinas antes y después de ese empleo en el salinato? Sólo los peores necios, así como el comprador, pueden insistir en que en ese caso no hay intereses privados en conflicto con el interés público ni razones para sospechar.

No hay que “nacionalizar” –estatizar- TV Azteca. Con un presidente presidencialista autoritario como López Obrador eso sería peor. Pero tampoco olvidemos que Salinas Pliego y López Obrador tienen muy buena relación: el dedo flamígero que dirige el teatro savonaroliano nunca ha rozado al billonario, y éste responde bastante bien en sus noticiarios (TV Azteca no puede tratarlo por completo de la forma que quisiera el presidente porque entonces no podría negociar mejor…). Y hay que dejar ya de repetir que todas las privatizaciones fueron necesarias y bien hechas y que todos los ricos lo son por esfuerzo y méritos. No es cierto. No todos. No pocos… Defender los verdaderos méritos como hechos, no como supuestos o abstracciones fantásticas, también es contribuir a la construcción de una economía más justa, menos desigual, con más oportunidades para hacer y ganar por mérito. Salinas Pliego tiene una riqueza extrema e inmerecida, no es un genio, no es el hombre más trabajador de México, no es un rico que se hizo solo ni desde abajo, es un fiasco “echeleganista”.

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