Cinque Terre

Lucía Saad

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Historiadora.

La refundación de las alineaciones ideológicas

El que afirma “soy de izquierda” no responde a la pregunta “¿quién eres?”, “¿cuál es tu identidad política?”, sino a la interrogante “¿en dónde estás respecto a otros, ¿cuál es tu ubicación?”. (Bovero, 2006)

Un régimen de nuevo tipo se está instaurando en el mundo; un modelo de control político que unifica la acción de partidos y movimientos de derecha e izquierda en una misma posición, que niega a ultranza los fundamentos del sistema liberal, republicano y democrático; un gobierno que busca ocupar todo el espacio político y elude el eje horizontal que implica una posición relativa respecto de otro sujeto en el sistema político; una ideología pragmática e irredenta, para la cual, la Constitución no es expresión de la voluntad general, ni las capacidades del ciudadano parte indivisible del cuerpo político, como propuso Rousseau en El contrato social, sino un conjunto de principios y valores que niegan la historia, la cultura y la estructura tradicional de la nación. Este modelo de dominación, si bien comparte rasgos con otros sistemas políticos autoritarios, su formas y fines tienen características específicas que lo definen y distinguen del socialismo, fascismo y populismo.

Gobiernos replicantes

Qué tienen en común los gobiernos actuales de Sri Lanka, Turquía, Hungría, Ecuador, México y Estados Unidos, por mencionar algunos países de diferentes latitudes: Todos son replicantes de un mismo modelo de promoción o propaganda política probada exitosamente en el siglo XXI. Los candidatos presidenciales renuncian a los preceptos clásicos de la ideología de su partido, a la estructura orgánica interna y abandonan la contención política. Son pragmáticos de una forma pura, se colocan en la posición que más les conviene en una situación y cambian, en otra. De tal suerte que no requieren de un discurso oficial, de un proyecto complejo de nación, de asesores políticos, porque ellos siguen, antes, durante y después de la campaña, una narrativa permanente elaborada por agencias de comunicación de la era digital. Veamos algunos casos.

Maithripala Sirisena llega al poder de Sri Lanka (2015), su programa político se basa en un “Gobierno compasivo, un país estable”, tres años después disuelve el parlamento, hace unos días, firma una orden de ejecución de cuatro consumidores de drogas.

Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía (2002), se ufana del abandono de su posición de centro y se recorre a la derecha (2018), declara que “La democracia es como un tranvía. Te lleva a donde tienes que ir, y entonces, te bajas”.

Viktor Orbán logra su primer mandato como primer ministro de Hungría (1998), con un discurso liberal y democrático; en su tercer mandato (2014), con apoyo del nuevo modelo de acción política, abandona la democracia y se declara iliberal, 20 años después, se reelige con un discurso ultranacionalista, anti migrantes y refugiados, cuyo principal objetivo es defender las fronteras a la voz de “Hungría seguirá siendo Hungría”.

Lenin Moreno gana la presidencia de Ecuador (2017) con el apoyo del gobierno saliente, promete continuidad, y, una vez en el gobierno, cambia de alianza y se coloca, de acuerdo con la tradición de su país, en un modelo político a la derecha. Su narrativa es contradictoria, busca dirigirse, de manera segmentada, a diferentes audiencias, afirma: “los modelos socialistas estaban caducados” y, un año después, lo que el país requiere es “un nuevo socialismo moderno e incluyente”.

Andrés Manuel López Obrador consigue, en el tercer intento, ganar la presidencia de México (2018). Declara ser demócrata y participa de una tradición de izquierda. Durante su campaña (2017), sostiene que la aplicación de mano dura no sirve “Se ha utilizado una estrategia equivocada, querer resolver el problema con medidas coercitivas: con policías, con soldados, con marinos, con cárceles”. Una vez electo, se mueve a la derecha: “Vamos a dar un giro gradual, poco a poco, al Ejército. Que no solo siga atendiendo lo relacionado con la defensa nacional. Que nos ayude también en lo legal, a la seguridad interior y seguridad pública. Se necesita a un dirigente, a un líder”.

Donald Trump gana la presidencia de Estados Unidos (2017) para sorpresa, incluso, de los republicanos, miembros de su propio partido. Sus declaraciones públicas son maniqueas y contradictorias, un caso emblemático es su crítica al expresidente republicano: “Iba a decir que Bush es un imbécil, pero no lo diré”. Trump se coloca en el marcaje típico de la ultraderecha, pero no respeta las reglas del juego no escritas en la democracia. Grita eufórico, iracundo, “levantemos el muro”, para impedir el paso de los migrantes latinoamericanos, “devolvamos su grandeza a Estados Unidos”. En cualquier momento puede usar, con el mismo propósito, la frase del presidente de Hungría: “Estados Unidos seguirá siendo Estados Unidos”.

Lazaro Gamio/Axios

¿En qué coinciden estos liderazgos?

Buscan convencer a la mayoría a través de consejas y prejuicios asociados a estereotipos de identidad nacional, son aislacionistas, por tanto, conservadores. El nativismo es un recurso que sirve lo mismo a izquierdistas o derechistas, por tanto, los coloca en el mismo espacio de interés. Los medios de comunicación incluyen, día tras día, el sujeto favorito de la nueva narrativa de toda ideología ya sea liberal, socialista, fascista, demócrata, neoliberal o socialdemócrata, es el migrante, enemigo o amigo público número uno de la idea de identidad nacional. Algunos lo dicen antes, otros después, pero rechazan, por igual, el liberalismo y las sociedades abiertas, de ahí que las fronteras y los muros pasen de la imagen alegórica a la realidad. En Europa, la visión conservadora se expresa como escepticismo ante la Unión y alienta el Brexit; en América, como control militar en las fronteras para controlar el flujo de los migrantes. La pretendida izquierda abre paso a los migrantes, para que la ultraderecha se los cierre. Ambas posiciones mantienen la tensión de su narrativa a través de este vehículo y, como consecuencia, el problema se agrava, se conserva y mantiene alerta a los ciudadanos más indignados y activos; los recluta en un movimiento permanente donde los extremos se unen.

De acuerdo con el perfil real del líder, algunos se exponen constantemente a los medios de comunicación, ejemplo, Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador; otros, se niegan a hablar con ellos, es el caso de Viktor Orbán. Son, por intención, políticamente incorrectos. Usan un lenguaje procaz, con doble o triple alineación ideológica en un mismo párrafo. En campaña, a cada auditorio dicen lo que prefiere escuchar, aunque se cuidan de hacer énfasis en las políticas públicas que serán la insignia de su gobierno. Utilizan el discurso de odio porque saben que el odio genera odio. El ataque a la corrupción es el instrumento legal para perseguir a la élite del gobierno anterior, se eliminan fueros, se auspicia el linchamiento digital, social y judicial, con pruebas reales o inventadas; expresidentes pasan directo a la prisión. El hiperlíder reúne el poder para someter viejas y nuevas oposiciones, de izquierda y derecha, internas o externas. Por eso, miente cuando promete que su mandato será corto y rompe reglas institucionales para buscar su permanencia porque sabe que eligió ser odiado por sus rivales. La estructura partidaria es un traje incomodo y queda chico a este modelo de comunicación y participación política. Lo de hoy son los grandes movimientos, las movilizaciones a través de una nueva forma de hacer política con medios que los dictadores del siglo XX envidiarían.

Los hiperliderazgos que personifican los gobernantes de este nuevo régimen no requieren ocupar una u otra posición política de manera permanente para que su narrativa sea efectiva y genere adeptos, tampoco una ideología fundamentada, basta con apropiarse del debate público de manera permanente y marcar su propia agenda, sin importar el juego democrático, el sistema político ni las instituciones. Las diferencias de opinión son lo que importa, no los acuerdos, y su expresión trasciende las dinámicas y procesos habituales dentro del espacio de autoridad y poder. Un individuo puede colocarse, de manera simultánea, en diferentes espacios y asociarse con diferentes grupos de interés, la dimensión derecha-izquierda se diluye por la movilidad continua de la posición política. Esto ocurre porque existen espacios de interacción múltiples que no exigen, que ironía, mostrar una identidad consistente y doctrinaria. El mundo material y la web interactúan a través del espejo negro (black mirror), una pantalla que permite que el ciudadano se conecte con comunidades fuera y dentro del ámbito político y decida su aprobación o rechazo a un representante político sin que, incluso, sea su interés principal. El nuevo modelo de participación no requiere, tampoco, una militancia grande y activa, basta generar un apego o rechazo emocional a ciertos símbolos o imágenes que pueden aparecer abiertamente o simulados en forma de un documental sobre comunidades autóctonas, una ceremonia de sacrificio al pie de un volcán en la nota roja de un periódico, un meme, una serie de narcotráfico, epidemia de incendios, etcétera, para que un ciudadano decida, en función de sus propias nociones, juicios y prejuicios, quién sustenta la verdad que se le presenta cotidianamente y le dé su apoyo.

La novedad es que estos líderes contemporáneos fundan su narrativa, que no discurso, en una cleptocracia ridícula, indignante, contradictoria, para mantener en su entorno mediático a los individuos de toda la gama de ideologías. Abanderan símbolos sagrados, como los fascistas, traducen los conceptos en imágenes, niegan verdades empíricas, lo real no es trascendental sino el deber ser, la nación como un ente único e indivisible.

¿Cuál es el límite de este modelo de acción política?

No los modelos tradicionales de los partidos políticos, tampoco la supremacía de uno u otro medio de comunicación. Si se acepta que el hiperliderazgo ocupe todo el espacio político, el concepto de mayoría pierde su carácter superlativo y se convierte en una trampa en la que el ciudadano común declina su derecho a formar parte de un ambiente de polarización y se abstiene de participar en el proceso electoral o rechaza a los indignados, a los que ofenden, y observa positivamente a los que ríen, aman, juegan, reparten besos, son graciosos y se toman muchas selfies. Participar en este nuevo modelo implica, para quien así lo decide, combatir desinformación con desinformación, pagar meme con meme, teatro, con teatro, farsa con farsa. El espacio es múltiple, es complejo, tiene ventajas tecnológicas al alcance de todos los actores políticos, sin embargo, el que concentra más poder político y económico, como siempre, tiene mayor margen de maniobra. Los ciudadanos se conciben, particularmente, como sujetos emocionales. Este modelo de acción política de gobiernos replicantes es ultra pragmático porque usa el error, la mentira, el miedo y el odio como instrumento de control del espacio público. Ante este panorama, es fundamental evitar que el ciudadano se encuentre atrapado en una falsa disyuntiva, como bien advierte Michelangelo Bovero, fiat democratia, pereat democratia.


AFP (2016), “Análisis del discurso: así persuade y manipula Donald Trump”, en El Espectador, https://www.elespectador.com/noticias/elmundo/analisis-del-discurso-asi-persuade-y-manipula-donald-tr-articulo-649961
Bovero, Michelangelo (1/XII/2006), “La izquierda, la derecha, la democracia”, en Nexos, https://nexos.com.mx/?p=12101
Ferri, Pablo (2018), “Luis Sandoval, el ‘líder’ del ejército para el México de López obrador”, en El País, https://elpais.com/internacional/2018/11/15/mexico/1542246662_586429.html
Meseguer, Marina (2018), “La metamorfosis de Erdogan: De preso de conciencia a carcelero”, en La vanguardia. https://www.lavanguardia.com/internacional/20180314/441506349215/erdogan-15-anos-poder.html
Ortega Gustavo (2018), “Lenín Moreno: un año ‘ordenando la casa’ en Ecuador”, en France 24, https://www.france24.com/es/20180525-ecuador-lenin-moreno-primer-balance
Pérez, Angélica (2018), “Hungría: Viktor Orban tras el poder absoluto”, en RFI en español, http://es.rfi.fr/general/20180409-hungria-viktor-orban-tras-el-poder-absoluto

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