Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

Reducir el financiamiento de partidos es un riesgo para la democracia

La propuesta de reducir el financiamiento público de los partidos es demagógica y si se lleva a cabo debilitará la democracia. ¿Es mucho 5 mil 239 millones de pesos contemplados para el 2020? ¿Será mejor lo que recibiremos a cambio?

Los montos del presupuesto para los partidos políticos provienen de una fórmula que se relaciona de modo directo con el tamaño del padrón electoral y está en la Constitución. No es una ocurrencia y mucho menos un capricho. El 30% se reparte de modo igualitario y el 30% restante está relacionado con la fuerza electoral de cada organización a partir de la elección de diputados inmediata anterior.

Esto se hizo así para propiciar la equidad y para permitir la alternancia. De otro modo, habría sido muy difícil derrotar al PRI en el año 2000.

El propio presidente Ernesto Zedillo se refirió a ese problema de origen en las coordenadas electorales mexicanas. Esto es, no quedó completada la transición democrática, hasta que ésta no contó con un planteamiento económico sólido.

Pero es también una definición del modelo de disputa por el poder político y por ello uno de los motivos centrales del financiamiento público es evitar la llegada de dinero proveniente de grupos de interés, que así definan el horizonte del poder.

Sobre todo es una barrera ante el dinero sucio que puede provenir del crimen organizado y de gobiernos corruptos.

La situación por la que atraviesa el país hace temerario no considerar éstas variables.

Pero lo que no hay que perder de vista, es que el presupuesto para los partidos políticos es uno de los reflejos de la pluralidad y de su permanencia en el horizonte.

Suena bien el quitar dinero a los políticos, aunque sepamos que terminará invertido en proyectos nada claros o en gasto corriente como los 120 mil millones del Fondo de Estabilización y los 80 mil millones del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos y ahí irá también lo que se ahorre con el INE.

Nos vamos a arrepentir cuando estemos ante la consolidación de un partido dominante que es lo que subyace en las líneas profundas de la propuesta.

Es una trampa y lo saben todos, e inclusive en las filas de Morena, de donde proviene la iniciativa, hay destacados dirigentes que contribuyeron mucho a la consolidación, con todos sus altibajos, de nuestra democracia.

Justo ahora es cuando deben de demostrar que son demócratas, que los principios que los motivaron están intactos y que no se trataba sólo de acceder al poder federal.

La oposición en su conjunto debe resistir, por intesa que sea la crítica y por rudos que se tornen los ataques, para no caer en el canto de las sirenas, porque de ahí no vuelve nadie.

Una de las claves de los sistemas democráticos es la de pensar en la próxima elección, para mantener y mejorar las condiciones en el relevo del poder y su alternancia, para que el voto ciudadano no pierda sentido.

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