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Tere Vale

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Ramón López Velarde. ¡La cosa está que arde!

Hay palabras que he llegado a detestar en estos casi tres años. Una de ellas desde luego es “conservadores”. Creo que pasarán los años y seguirá teniendo para mi está inocente palabrita un significado que me lleva a asociarla con la agresión, la ignorancia y el desprecio. De verdad casi se me revuelve el estómago cuando el presidente la dice, por cierto, casi a diario, como una manera de denostar a los que no pensamos como él. Es un término que se me ha vuelto odioso y discriminatorio y más en boca de un señor que es profundamente conservador y que se las quiere dar de izquierdista.

Todas las causas vanguardistas que muchos hemos defendido durante toda una vida son abominadas, dicho sea con todo respeto, por el individuo que habita en Palacio. Ni apoya los matrimonios igualitarios, ni el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, ni la despenalización del uso de drogas, ni el feminismo, ni nada que tenga que ver con una agenda progresista. Él es el gran conservador de este sexenio y la historia lo juzgará en su momento, cuando esta hora negra pase.

La otra palabra que ha logrado AMLO que me repugne es “pueblo”, que él emplea para referirse a quién sabe qué o quiénes, pero que siempre está relacionado con un conjunto humano al que él pretende manipular y al que trata, según sus propias palabras, como sus mascotas, buenas, mansas y sabias.

Por cierto, para este señor el pueblo, lo que se dice el pueblo, debe de ser pobre, humilde (quién sabe que quiere decir con esto) y de preferencia falto de educación y ambiciones para no convertirse en un espantoso aspiracionista. Increíble.

Para el presidente morir pobre es un orgullo como acaba de decir en el homenaje a Ramón López Velarde de hace unos días: “Hay que decir que, en su breve paso por el servicio público, López Velarde no alteró su estricta austeridad. Murió pobre. Vivió con humildad”. ¡Órale!

Acto seguido habló de la importancia de la transparencia y la congruencia. Y ahí sí que me dejó muda.

¿De qué habla el presidente? ¿De transparencia, cuando las adjudicaciones directas (más del 80% de las compras de Gobierno) son el método favorito de la actual administración y las licitaciones y Compranet están prácticamente en desuso? ¿Habla de transparencia cuando a toda costa está decidido a destruir al INAI? ¿Cuándo ni siquiera imaginamos los miles de millones de pesos que se le han adjudicado a los militares? ¿Eso es lo que él entiende por transparencia y congruencia?

Pasando a otra parte del inolvidable discurso de Zacatecas, para no perder la costumbre, se dedicó a violentar nuevamente a los “intelectuales”. Ahí les va lo que dijo:

“Quienes así piensan (los intelectuales) casi siempre pertenecen al agrupamiento conservador, se refugian de esa manera en una pretendida objetividad…cuando en realidad dicha postura es una forma de tomar partido”.

Resumiendo, en este sexenio si usted quiere vivir en paz debe de cumplir con estas características: no se atreva a pensar distinto del presidente, sea pobre y humilde, no estudie, no se le vaya a ocurrir tener una licenciatura y menos un posgrado, no desee superarse para vivir mejor, confórmese con los apoyos asistenciales que le da solo el primer mandatario (no el gobierno gracias a nuestros impuestos) no se le vaya a ocurrir querer ser ni micro o pequeño empresario, ni generar empleos, viva usted en una completa austeridad, aléjese como de Satanás de las clases medias y no ose pertenecer a ellas.

Eso sí, acostúmbrese y no se enoje porque las más altas autoridades del país tengan ranchos en el sureste de varias hectáreas, fábricas de chocolates, 5, 6 o 23 o más casas, departamentos en Park Avenue o en Miami. En fin, en ellos sí se vale, usted reconózcase como pueblo y cargue abnegadamente con su cruz. No se rebele.

¡Ay, Ramón López Velarde!, la cosa está que arde.

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