Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

Que no se pierda la esperanza

El desaliento recorre a muchos mexicanos. A diario vemos cómo retrocedemos como país y lo que antes funcionaba –con errores, pero funcionaba– ha sido desmantelado por algo que ni funciona ni cumple con los objetivos, pero está amparado en una propaganda que insiste en que todo está bien y que las quejas son de quienes perdieron sus privilegios, como si recibir una medicina en un hospital público lo fuera. Ante esto, ¿la esperanza está perdida?

Fotografía: Semanario Zeta

Las dos caras

Es muy fácil apreciar las continuas contradicciones en las que cae el titular del Ejecutivo federal, aunque para muchas personas esto no es así y se trata del mejor mandatario que ha tenido la República.

¿A qué se debe que muchos –sean fanáticos, comprados o simples ingenuos– cierren los ojos ante lo que sucede en el país?

Esta pregunta viene rondando muchos espacios en medios y redes sociales, pues a diario encontramos elementos para dudar no sólo de que exista un proyecto de país, sino de que las intenciones del principal inquilino de Palacio Nacional estén encaminadas al bienestar de todos los mexicanos.

Ese desaliento del que hablamos, ha provocado que muchos prefieran callar y no dar la batalla para que se deje de manipular la realidad y se conozca lo que en verdad está sucediendo en México.

El alegre mundo López

Muchos prefieren aguantar y no intentar contradecir lo que el aparato de propaganda impulsa como su verdad, pero es fácil reconocer que se trata de una monumental colección de mentiras por las seguidas contradicciones en que cae el principal líder del grupo en el poder, como las siguientes:

Al presidente López Obrador no le gustan los privilegios… pero en otras personas. Dejó la residencia oficial de Los Pinos por considerarla un privilegio de los neoliberales –aunque fuera idea de Lázaro Cárdenas, quien no quiso vivir en un castillo–, para irse a vivir a un Palacio virreinal.

Ha fustigado a todo lo que huela a pasado, pero trayendo de ese pasado a buena parte de sus colaboradores y ahora su partido, Morena, se comporta como aquel PRI que era una maquinaria electoral que no perdía una elección gracias a los programas sociales que usaba para comprar el voto de amplios sectores sociales.

Al presidente no le gusta que los medios emprendan campañas negativas en contra de políticos o líderes sociales –como las que él sufrió en su primera aventura electoral en Tabasco–, que mejor busca controlar a todos los medios promoviendo campañas negativas en contra de quien opine distinto a él.

Al presidente no le gustan las injusticias, tan es así que sólo basta que alguien de su entorno cercano le haga notar que se comete una en contra de alguien, para que de inmediato le dé su apoyo y… provoque más injusticias, como lo que sucede en Notimex y la larga huelga que afecta a sus trabajadores, porque se supone que la injusticia es en contra de la directora, quien no cede en su intención de contar con una agencia de noticias en donde sólo su voluntad se cumpla.

Al presidente no le gusta que le recuerden que el Producto Interno Bruto del país, que mide el crecimiento de la riqueza nacional, ha ido a la baja durante su administración, por lo que dijo que era mejor medir la felicidad del pueblo… sólo que la pobreza ha aumentado y la medición de la felicidad que realizó la ONU –sí, la misma organización a la que ha pedido ayuda en otras ocasiones, como en el caso de la vacuna o la venta del avión presidencial–, refleja que México cayó 23 lugares en el índice de 2020.

El presidente ha anunciado en varias ocasiones que la corrupción se ha terminado, incluso sacando un pañuelo blanco –y diciendo que aunque le dé coraje a los conservadores–, pero seguimos viendo irregularidades en su administración y un trato privilegiado para ciertos actores de su gobierno.

Incluso una reciente encuesta refleja que para los mexicanos el fin de la corrupción está lejano.

Dos realidades

Así, vivimos entre dos realidades. Una que se busca construir desde Palacio Nacional en la que el país va muy bien, la pandemia está domada, la inseguridad controlada y sólo se quejan los que han perdido sus privilegios, pero existe otra realidad en la que los mexicanos apreciamos cómo aumentan los precios de productos y servicios básicos, en la que hay riesgo de asaltos, de contagios por un virus que ha provocado más de 200 mil muertes, la pobreza y el desempleo han aumentado, y los cambios que se quieren hacer al orden legal son sólo para complacer al presidente.

De cara a las elecciones, muy a pesar de lo expuesto líneas arriba, las encuestas muestran que Morena está al frente de las preferencias –aunque los indecisos ocupan el primer sitio en varios sondeos– y la oposición luce desorganizada y repitiendo los mismos errores del 2018.

¿Qué se puede hacer? Una vía es dejar de lado la actitud por la que se abstiene de acudir a las urnas, con el pretexto que sea, para votar por una opción diferente a la que actualmente gobierna.

Se dice que los mexicanos aguantamos mucho, llegando al estoicismo, pero ya es tiempo de que abramos los ojos y exijan un gobierno que sea para todos y no únicamente para los aduladores.

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