Cinque Terre

Alejandra Gómez Macchia

Que no nos salgan con su “Domingo 7”

Para los estados que no eligen gobernador el próximo domingo, estas han sido unas de las campañas más soporíferas que se han registrado. Dos meses densos y oscuros como el chapopote; lentos, turbios (sobre todo en Guerrero y Michoacán)… aburridas en estados como Puebla, donde la nota no se la llevaron los candidatos a diputados federales, sino el periodista que intentó extorsionar al priista Estefan Chidiac.

En Nuevo León las “de ocho” las dio el “Bronco” por su sorpresiva candidatura ciudadana, de la cual los expertos dicen: “fue un buen experimento, pero de ahí no pasará”.

Por otro lado, el eterno toma y daca de los promotores del voto nulo. ¿Es la opción para castigar a los malos gobernantes? y de ser así, ¿acaso les afecta?

¿Y qué tal las encuestas? ¡Más manoseadas que una puta de La Merced!

¿Y los árbitros del juego? Tan confiables y serios como para hacer mofa de la desgracia ajena, dando una muestra magistral de su conocimiento del infinitivo Siux.

Desde que cumplí la mayoría de edad he ejercido mi derecho al voto. Me he levantado temprano en esos domingos (después de burlar vilmente la Ley Seca) y me he dirigido a las urnas casi siempre con dudas porque desgraciadamente sales votando por el “menos peor”.

En mi caso no tengo preferencias partidistas, aunque es casi imposible que me incline a la derecha a menos que el candidato sea una lumbrera (cosa que por lo general no sucede).

En el 2000 voté por Vicente Fox: era inmadura, irresponsable y sobre todo ilusa. Todavía creía en los cambios y en los beneficios de la alternancia, pero con el tiempo descubrí que, como en el universo Kafkiano, las metamorfosis terminan por convertir al humano en cucaracha (más aun si se trata de los hombres que detentan el poder).

Estamos en un momento delicado en el que la confianza de los ciudadanos es menor que el de una esposa que ha sido engañada consuetudinariamente. Y así, como la señora violentada que somos todos, seguiremos dando oportunidades al victimario porque hay cierto placer en el masoquismo y porque la virgencita, quizás, algún día nos va a hacer el milagrito ¿a poco no?

El rumor de la democracia en México sigue siendo eso: meras murmuraciones que creemos como se cree en los chismes; que no otorgan beneficio alguno, pero alimentan nuestro optimismo.

Votemos o no votemos (o quizás si anulamos) hay que hacer lo posible porque las urnas no sean embarazadas por los mapaches electorales de siempre.

Que la fecha (y la algarabía del Fut) nos remita a las calenturas adolescentes no es pretexto para que los malos candidatos nos salgan con su “domingo 7”.

#Ojoahí

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