Cinque Terre

Elizabeth Pérez Ramírez

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Neurocirujana

¿Qué es el coronavirus y cómo actuar si soy un caso positivo?

Lo primero que sentí fue la tremenda responsabilidad. Los médicos estamos obligados por ética, a dar información veraz y objetiva. No inventos, no juicios, no interpretaciones. Hechos objetivos y sustentados en la literatura mundial.

En este caso, la literatura mundial empieza, porque el virus surgió en diciembre. A pesar de ello, ya se ha generado una montaña de información científica. De acuerdo. Lo intentaré.

Quiero dejar claro que escribo desde mi rincón puramente médico, sin sesgos políticos. Sólo voy a dejar patente lo que sabemos hasta ahora del coronavirus, en palabras que espero sean claras, en lenguaje común, y apegándome a la ética y la responsabilidad de mi profesión, basada en los principios que observo desde que hice el juramento hipocrático.

Mis fuentes son las publicaciones médicas, la OMS y las publicaciones de la CDC.

El coronavirus:

Es un virus de una familia que ya se conocía. Su origen es un virus que afecta a animales. Por alguna razón, aquél virus, que sigue existiendo en la naturaleza y sigue afectando sólo a animales, mutó. Nació un virus nuevo que es el que ahora nos afecta a nosotros. Aparentemente, este nuevo virus, el COVID-19, no afecta animales domésticos.

Este virus es un pequeño fragmento de material genético envuelto en una membrana, que se roba de las células que infecta y la modifica para su uso propio. Esta capa es lo que lo hace vulnerable al jabón, al cloro, y a los demás desinfectantes comunes.

Esa misma capa le permite adherirse a las mucosas. No sólo de la nariz, sino también de la boca y los ojos. Por eso insistimos en que no se toquen la cara.

Este virus puede avanzar desde esas mucosas, a través de las vías respiratorias y llegar a los pulmones. No lo hace en todos los casos, más adelante hablaré de eso. En los pulmones, provoca la producción de una capa de moco muy gruesa, que impide que se haga el intercambio entre el bióxido de carbono que debemos eliminar, con el oxígeno que necesitamos (lo que se conoce como intercambio gaseoso). Aquí es cuando el problema se hace serio: es lo que se conoce como neumonía. Repito: no sucede en todos los pacientes infectados.

Este virus ha dado muestras de ser susceptible a tratamientos. Específicamente a cloroquina, hidroxicloroquina, y azitromicina. El problema es que estos medicamentos afectan la conducción de la señal eléctrica del corazón. Es decir: pueden causar paros cardíacos por sí solos. El riesgo de dar estos medicamentos a infectados que no tienen problemas de intercambio gaseoso, es mayor al beneficio que se puede obtener. Este riesgo puede justificarse cuando los medicamentos son lo único que nos queda para intentar salvar la vida de los pacientes; es decir, cuando su condición es tan crítica, que el riesgo se equilibra. Hay que tener presente que en este momento, el paciente puede fallecer de neumonía por COVID-19, por paro cardíaco relacionado a los medicamentos, o en el mejor de los casos, mejorar y recuperarse. La medicina no es mágica, sólo nos proporciona una mejor posibilidad de supervivencia. También influirán las condiciones generales de salud de los pacientes, y por eso es que otras enfermedades previas pueden inclinar la balanza al lado que no queremos.

No se ha demostrado que otros tratamientos de enfermedades crónicas empeoren el cuadro, excepto el ibuprofeno. Por eso no se deben suspender los tratamientos de enfermedades como diabetes, hipertensión, etc. Los pacientes que toman medicamentos que disminuyen sus defensas sí deben cuidarse más. Algunas enfermedades de las conocidas como autoinmunes son las que reciben estos tratamientos. En ese caso, lo mejor es prevenir la infección con las medidas generales. Aún así, no necesariamente esta infección será mortal en esas personas.

La infección:

El virus es muy contagioso. Como tiene una membrana de protección, ésta le permite sobrevivir en el medio ambiente. Se ha demostrado que en superficies inertes puede sobrevivir hasta tres días.(Imagen 1)

No he leído de dónde sacaron lo de que en las aceras y asfalto puede sobrevivir semanas, así que esa es una información no confirmada. Sin embargo, considero una buena práctica la de lavar las aceras con jabón y/o cloro a diluciones normales.

Al sobrevivir mucho tiempo fuera del cuerpo, es fácil adquirirlo al tocar superficies contaminadas. Por eso las medidas de protección incluyen lavarse las manos con mucha frecuencia, desinfectar superficies, y no tocarse la cara. Además, no es lo mismo infectarse por una cantidad pequeña de virus, que el cuerpo sea capaz de manejar, a infectarse con muchos virus que agotarán la respuesta inmune con mayor rapidez.

Ok, me infecté a pesar de todo. ¿Qué me sucederá? ¿Voy a morir?

La respuesta más probable es no. En todos los pacientes, de cualquier edad, sexo, con otras enfermedades previas, o sanos. Esto es importante, y también implica mayor responsabilidad por parte de todos. Vamos a ello:

Una vez que me infecte, no lo sabré. Quizá nunca lo sepa, con más del 50% de probabilidad, como quedó demostrado en un pueblo de Italia, que es donde se pudo monitorear a toda la población, sana y enferma. Esto será replicado en otros lugares por el costo. Es decir, puedo tener el virus y no saberlo, y mientras tanto, contagiar.

Desarrollé síntomas, ¿qué sucede ahora?

Pues que en los siguientes 2 a 14 días, tendré seguramente fiebre, tos seca (sin flemas) y dolor de cabeza. Puede ser que además, presente moqueo (rinorrea para los puristas de la medicina), dolor para tragar o ardor en la garganta, sensación de garganta seca, dolor muscular y/o de huesos, conjuntivitis y malestar general. El 80% de las personas con síntomas no pasará de ahí. Poco a poco irá mejorando el cuadro, como en cualquier otra infección respiratoria viral.

Mientras, seré contagioso hasta alrededor de un mes (24 días según lo que leí ayer) después del inicio de los síntomas y aunque ya no los tenga. Estaré lanzando virus al ambiente y mis manos, mi ropa y mi cuerpo cada vez que tosa o estornude. Por eso hay que estornudar y toser en la parte interna del codo, para tener las manos lo menos contaminadas posibles. De nuevo: no es lo mismo que exponga a los demás a pocos virus, que la carga completa que salga en un estornudo. En esta fase también es importante usar cobrebocas, para contener el aerosol que se forma en la tos y el estornudo, y que está constituído por saliva, mucosidad, y virus. Hay que cambiarlo cuando se encuentre mojado, o cada cuatro a seis horas dependiendo del tipo de cubrebocas. Las mascarillas específicas para virus deben ser para el personal de salud, dado que son especiales, más caras, incómodas y los protegen de la exposición repetida al virus a la que están expuestos. De nuevo, no es igual una carga viral pequeña, en una sola ocasión, que estar en contacto con el virus todo el día, todos los días.

Es por esto que, si desarrollo los síntomas, es mejor quedarme en casa, tomar muchos líquidos, cuidarme en aislamiento y tomar paracetamol, que es el medicamento ideal para los síntomas de acuerdo a todos los reportes actuales. No mezclarlo con alcohol por riesgo de daño al hígado.

Lo ideal es notificar que tengo los síntomas al 800 0044 800. Puede ser que acudan o no, o que apliquen un cuestionario telefónico y den las indicaciones de esa forma. En realidad, lo importante aquí es que se genera información importante para los epidemiólogos. En la página de la Secretaría de Salud https://www.gob.mx/salud existe un apartado exclusivo de información acerca de coronavirus, con información general: https://coronavirus.gob.mx/ . Sin embargo, si no contestan o no tengo forma de comunicarme, lo primero es cuidar de uno mismo.

¿Cuándo debo acudir al hospital?

Esta es la parte medular del asunto y por la que se ha armado tanto lío.

Si desarrollé los síntomas, debo estar atento para ver si se agrega sensación de falta de aire, es decir, dificultad respiratoria. Esto no se presenta solo, tienen que haberse presentado antes los síntomas de la enfermedad general. Sólo el 5% desarrolla esta etapa, y es la que puede ser mortal. No todos los que la desarrollen morirán, pero requerirán tratamiento en hospitalización.

Algunos tendrán mayor falla respiratoria, y necesitarán ventilación mecánica. Esto es lo que se conoce como síndrome respiratorio agudo severo, o SARS por sus siglas en inglés. Los síndromes se caracterizan por tener muchas causas. El COVID-19 es una de ellas. Cuando se demuestra que el SARS es originado por el COVID-19, se le llama SARS-COV-2.

Aunque todos podemos llegar a esta etapa y a la mayor parte no le sucederá, aquí es cuando la edad, la obesidad y las otras enfermedades que ya padecíamos antes hacen más probable que lo hagamos. Probable, no inminente ni seguro.

Aunque 5% suena poco, el problema es que somos muchos, y el virus se contagia rápido. Supongamos que vivo en una ciudad de 100mil habitantes. Eso significa que, si se contagian más o menos al mismo tiempo, 5 mil requerirán hospitalización simultánea. No hay suficiente infraestructura de salud en ningún país que pueda con ese porcentaje de hospitalizaciones al mismo tiempo. Al no haberla, si se saturan los servicios, no es posible atender a todos los graves y la mortalidad será mayor.

Esta parte es la que explica la cuarentena. Si la seguimos, aunque nos infectáramos todos, pero en un largo tiempo, el personal de salud y la infraestructura que tenemos nos permitiría atender a más gente. A mayor tiempo, mejor atención. Ésa es la causa de la cuarentena, y de la insistencia para ayudarnos a contener el brote.

Nos dicen: la influenza mata más gente en porcentaje. Sí, pero podemos atenderlos mejor porque no todos desarrollan neumonía por influenza al mismo tiempo. Se ha distribuido en el tiempo, de forma que alcanzamos a tratar los casos que se presentan.

Comentario final:

Hay que tener en cuenta que el resto de las enfermedades y accidentes siguen su curso. Nos seguimos además, infartando, teniendo hemorragias asociadas a hipertensión, cayendo, siendo atropellados… y se sigue generando la necesidad de los servicios de salud por otras causas, incluidos los manejos con ventilación mecánica y en terapia intensiva.

Si bien lo más probable es que, si nos infectamos no nos pase nada, todos tenemos una responsabilidad compartida con la sociedad, con aquellos a los que sí les pasará. Si bien, uno puede decir “si me infecto, pues ya ni modo”, y ser irresponsable con la propia salud, hay que tener en cuenta que también estaré siendo irresponsable con la salud de los demás.

Mi esperanza es que seamos responsables. Y que cuando el brote pase, mantengamos la educación en salud preventiva que se nos ha hecho adquirir a la fuerza.

Si los servicios de salud con mucha frecuencia ya eran insuficientes (no sólo aquí, en el mundo), procuremos no poner a prueba hasta dónde podemos estirar la liga.

Dra. Elizabeth Pérez Ramírez
Ced. Prof. Tec. Lab. Clín. 2192584
Ced. Prof. Médico 2115782
Ced. Prof. Especialidad 3175390

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