Cinque Terre

Juan Carlos Servín Morales

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Puras verdades inventadas, mis “amlovers”

FOTO: SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM

¡Vaya periodo de “transición”! Ha estado agitadito, movido y “de pronóstico reservado. Noticioso, con carnita” todos los días. En buena medida, por los persistentes yerros de la próxima administración. Los actores que lo propician son, por un lado, Andrés Manuel López Obrador, quien es un líder de alto perfil mediático que sabe “instalarse” en la agenda pública nacional. Por otro, Enrique Peña Nieto, quien ha cedido a su relevo el protagonismo que conlleva la investidura presidencial.

El tema en estos días ha sido –evidentemente– el de la llamada “consulta popular”, el pretendido “golpe de timón” con el que AMLO dice querer mandar el mensaje de que el poder económico ya no traerá de su chalán al poder político. Algunos analistas serios pronosticaron que AMLO así lo haría, que daría su Quinazo, Raulazoo Elbazo”; así lo decían frente al estupor de quienes, también seriamente, consideraban o considerábamos que el tabasqueño no tragaría fuego, sería sensato y decidiría conforme a criterios racionales de conveniencia política-económica-social (y no únicamente de mezquino cálculo cuasi autárquico) el destino del nuevo aeropuerto.

El asunto ha estado muy llevado y muy traído, y no es para menos. Presenciamos una grosera farsa a la que el “líder supremo” y su cohorte de súbditos quieren vestir de ejemplar ejercicio democrático. Más allá de lo pernicioso que es cancelar las obras en Texcoco, preocupa –y muy fundadamente– la previsible regresión al país “de un solo hombre”, la amenazante restauración autoritaria que se asoma, ya sin pudor, con la pretendida legitimación mediante ejercicios como las consultas hechas a modo. Dígame si no, la consultacareció de legalidad, imparcialidad, objetividad, certeza, transparencia e independencia. Un fraude mayúsculo pues.

Ese estilito–diríamos coloquialmente– la forma pues, que es fondo, será el signo del sexenio entrante. Quedó claro, AMLO fue tácito e implícito en ello. “El estilo personal de gobernar” (como lo expone el clásico Daniel Cosío Villegas en su libro del mismo nombre) permeará negativamente en las instituciones, el gobierno y el Estado mexicanos. ¿Pasará nuestra incipiente y vapuleada democracia esta prueba de ácido (biliar y sulfúrico)? Ese es un reto compartido.

Una característica nefasta de ese estilo personalísimo de AMLO es la alta capacidad de –digamos– inventar verdades. Basta con circunscribirnos al tema aquí abordado para demostrar lo dicho: durante la conferencia de prensa en la que anunció la cancelación del NAIM (Nuevo Aeropuerto Internacional de México) en Texcoco, se atrevió a sostener sin mayor empacho, “así sin tantita pena”, verdades a medias como por ejemplo…

  1. Tergiversó el papel que jugaron el gobierno francés y el presidente Emmanuel Macron en la elaboración de un estudio supuestamente inédito sobre la viabilidad de construir el nuevo aeropuerto en los terrenos donde se ubica la base militar de Santa Lucía, lo cual fue aclarado horas más tarde por la embajada de Francia en México mediante un comunicado cuyo texto deslindó a la administración gala de afirmaciones realizadas en el encuentro con los medios.

  2. Declaró, visiblemente emocionado, que los patos se habían salvado. No obstante, la supuesta ventaja en términos ecológicos de su decisión sería puesta en duda por al menos una académica de la UNAM, la bióloga Patricia Ramírez Bastida, para quien el impacto ecológico de edificar en Santa Lucía sería mayor que hacerlo en Texcoco (entre otras cosas porque ahí sí hay un lago natural muy próximo, el de Zumpango). Aunado a ello, el propio equipo de López Obrador admitiría la inexistencia de estudios de impacto ambiental en esa zona.

  3. Se comprometió a tener listas las adecuaciones a los aeropuertos de Toluca, de Ciudad de México y la adaptación al de Santa Lucía en tres años, un lapso del que especialistas dudan pues analizar la viabilidad de este último podría llevar 10 años.

  4. Afirmó tajantemente que José María Rioboó no participaría en la construcción del aeropuerto en Santa Lucía. Unos días después –¡la burla! se anunció que Sergio Samaniego, socio del mentado empresario será el encargado del “amlopuerto” (¿pues no que la “cuarta transformacióndesterraría al “capitalismo de cuates”?). Así, impúdicamente, por asignación directa, según lo anunció el mismísimo Javier Jiménez Espriú, sobre quien a estas alturas ya pesan fundadas preocupaciones por su notoria incompetencia.

  5. Cabe añadir la promesa del “electo” a los inversionistas del NAIM sobre la transferencia de sus contratos a Santa Lucía, algo doblemente cuestionable. En primer lugar, por la ilegalidad de tal pretensión; en segundo, por la incongruencia al “respetar” a empresarios a quienes acusó previamente por actos de corrupción (¿entonces dónde quedó aquello de separar al poder económico del político?).

Y ahí la dejamos.

MISAEL VALTIERRA /CUARTOSCURO.COM

Posteriormente, en distintos espacios informativos, la horda de voceros, correligionarios e intelectuales orgánicos de López Obrador, la mayoría con un pobrísimo discurso falto de argumentos, han hecho sinnúmero de “maromasde altísimo grado de dificultad –como socarronamente se les dice en las redes sociales y en los corrillos políticos a las artes propagandísticas de torcer la realidad–. Maromas, marometas y machincuepas que ya quisiera emular el brasileño Neymar.

El “yo creo” es una frase usada hasta la saciedad por varios de los voceros “amlovers” que este articulista ha tenido “oportunidad” de escuchar (generalmente en el espacio radiofónico de Carlos Loret de Mola y en Foro TV). En ocasiones, casi nos piden actos de fe, confiar ciegamente en la palabra del señor (López) o en la reinterpretación que religiosamente hacen cual apóstoles de la “cuarta”.

Verdades inventadas o verdades a medias que terminan siendo mentiras completas. Presenciamos el uso de la mentira como elemento simplificador para manipular las percepciones de una realidad compleja y con matices. ¿Una narrativa maniquea –hostil a la pluralidad y la crítica– cuya finalidad es dotar de legitimación a la nueva hegemonía lopezobradorista es el nuevo estilo personal de gobernar?

 

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