Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

El “Pueblo” no existe, existen las sociedades heterogéneas y diversas

La palabra “Pueblo” dejó de ser un concepto para el análisis de la sociedades modernas, al menos desde la configuración de los Estados-Nación, pero sobre todo en la constitución de las sociedades diversas y heterogéneas.

La palabra “Pueblo”, ahora, es una expresión rústica pero eficaz: es cálida, comprende cierto sentido de añoranza o nostalgia incluso, pero sobre todo permite que quien la evoca se sitúe como portavoz o representante del “Pueblo”, un ente monolito que reacciona de acuerdo con su portavoz, por ello también el uso del término da un sentido de pertenencia aunque a veces se convierta en discriminación al revés, quien es del “Pueblo” es gente ordinaria que no tiene que ver con los estratos sociales, intelectuales o artísticos o en otro polo autodiscriminador: quien pertenece al “Pueblo”, por el sólo hecho de pertenecer al “Pueblo”, es virtuoso sobre los demás.

Naturalmente, no me refiero al pueblo como la región que, por antonomasia, se emplea para aludir al sitio entrañable donde uno nació o sus ancestros (por lo que todavía canto aquella canción del trío formidable que fueron “Los Panchos”).

El “Pueblo” es una entelequia (como lo es la palabra “virginidad” asumida como virtud), pero es parte de una identificación individual y social. Entonces, en un sentido específico, el “Pueblo”, como sus redentores, no existe sino como parte de fenómenos sociales y políticos, en donde predomina el lente autoritario pues generalmente no asume que en vez de “Pueblo” hay sociedades complejas. Un ejemplo: Trump acusa a los medios de comunicación de EU como los enemigos del “Pueblo”, otro ejemplo es cuando otro portavoz del “Pueblo”, AMLO, en México elude temas que corresponden derechos humanos y, en cambio, plantea que él mejor consulta al… “Pueblo”. El asunto se complica cuando el portavoz, redentor del “Pueblo”, se asocia con términos o imágenes religiosas porque tales asociaciones podrían redundar en que el redentor es el representante de Dios en el país y sus impugnadores son el anverso de esas fantasías religiosas, la mafia o el diablo; también por eso sus seguidores son creyentes.

La asociación entre religión y “Pueblo” ha sido eficaz políticamente en México, al menos en lo que se refiere a detonar la esperanza de millones de personas. No obstante, las sociedades modernas, que guardan una complejidad formidable y por ello no hacen posible el ascenso a ningún paraíso, paulatinamente nos irán mostrando que no existen los demiurgos capaces de enfrentar esa complejidad. No existe correspondencia entre la proclama y la realidad. No existe el “Pueblo”.

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